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Katy Mikhailova

Desigual, la razón de la crisis de Custo

Abandonar España para encontrar salida fuera es una solución, siempre cuando se haga de verdad, y no quede en puro eslogan.

Katy Mikhailova
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Abandonar España para encontrar salida fuera es una solución, siempre cuando se haga de verdad, y no quede en puro eslogan.
Un desfile de Desigual | Efe

Que si la emisión de bonos en Adolfo Domínguez, que si Blanco ya no es española sino propiedad de un conglomerado de Arabia Saudí, que una tal Hakei de origen vasca ha pasado por un concurso de acreedores y que Victorio&Lucchino van de mal en peor.

Ahora dicen los sevillanos que abandonan Cibeles en septiembre para "centrarse más en el mercado internacional". Clásica excusa. Abandonar España para encontrar salida fuera es una solución, siempre cuando se haga de verdad, y no quede en puro eslogan, como hacen muchos. Si queda en palabras, es una bonita excusa. Lo mismo dijo David Delfín hace un año, al asegurar que no desfilaría en la Fashion Week Madrid porque consideraba que debía centrarse en el extranjero. ¿Qué ocurrió? Que ni extranjero ni leches; a los 6 meses regresó a la Cibeles con el rabo entre las piernas. Y sigue sin vender un triste jersey, tan simple y claro porque ya ni tiene tienda dónde vender.

Y mientras, el pastel de la moda se lo reparten cuatro titanes, algunos más grandes que otros: Inditex, Mango, Desigual y Grupo Cortefiel. Y es precisamente la catalana Desigual, famosa por crear polémica con sus inmorales anuncios –les invito a que lean Me acuesto con él y De tonta, a tonta embarazada, la que desembarca en nuestra Cibeles este mes de septiembre para presentar su colorida ropa "inspirada", cómo no, en Custo Barcelona. Y que conste que me parece bien su presencia en la pasarela internacional de la moda española.

Sin embargo, mientras Custo se pudre en la miseria –me han contado que ya hace ropa para los supermercados Lidl– a pesar de haber hecho un desfile hace unas semanas que a decir verdad no transmitió ningún tipo de emoción, identidad o esencia, Desigual se enriquece; aunque no sé con certeza a costa de quién, porque no conozco en mi entorno a hombres y mujeres, y viceversa, que vistan con prendas de la firma catalana. Pero haberlos, como dicen, haylos, porque si no, ¿cómo explicamos que en su último ejercicio fiscal de 2013 la empresa facturara 828 millones de euros más que en 2012, lo que supondría un aumento del 18%? Pues parece ser que los ingresos vienen de fuera y de gentes con escaso gusto. América Latina parece ser el continente que mejor acepta la marca; de hecho, recientemente Desigual se ha ubicado en Brasil, en donde tiene previsto abrir más de 50 puntos de venta en los próximos dos años. Y fíjense lo que les digo: a Brasil les pega Desigual, sobre todo cuando se ponen a quemar las camisetas de su selección.

¿Genera trabajo? Genera. ¿Les perdonamos, entonces, por sus horripilantes campañas? Perdonémosles, a pesar de que traten de corromper, voluntaria o inconscientemente, a esta sociedad ya de por sí bastante corrompida. Y lo cierto es que a día de hoy cuenta la compañía con una red de distribución compuesta por 406 establecimientos, 2.500 corners y está presente en 11.000 tiendas multimarca en 109 países. ¡Casi nada! Es lo que tienen las cuestiones de belleza cuando se convierten en mercancías, pues con una buena gestión hasta la más fea tiene su público.

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