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La pesca del merluzo en Andalucía

Albert Rivera se ha disculpado por decir en Málaga que en Andalucía no iban a repartir pescado, que iban a enseñar a pescar y a dar cañas.

Rosa Belmonte
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Albert Rivera | Archivo/Cordon Press

El general Norman Schwarzkopf cazaba y pescaba. Lo criticaban, pero no se disculpaba por ello. Albert Rivera sí se ha disculpado por decir en Málaga que en Andalucía no iban a repartir pescado, que iban a enseñar a pescar y a dar cañas. La caña se la han dado a él. Sólo ha faltado Fernando Fernán Gómez soltando aquello de "¡Señoriiiiito!" en El viaje a ninguna parte. Rivera, capitán Pescanova con rizos de angelote ascendiendo en el Misterio de Elche, ha metido la pata. Pero eso se hace desde el momento en que tiras de un apestoso lugar común, aunque tal falta no se suela reprochar. Si el día de la marmota, que aquí descubrimos con Atrapado en el tiempo, es una idea que jamás debes repetir porque está más caducada que un Danone de cristal de esos cuyo envase había que devolver, lo de enseñar a pescar es ya de viejuno paternalismo africano.

En el fondo, lo del pescado ha sido un divertimento de Twitter. Pero Twitter no es una ciudad de Nevada. Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas. Lo que pasa en Twitter se saca de madre. La vida y las palabras de los políticos, incluso de los que se presentan como el menos malo, tienen tal nivel de exposición que da igual lo que digan, siempre habrá alguien molesto. Es como en aquella parodia de La escobilla nacional cuando Yolanda Ramos hacía de Belén Esteban y Latre, de Jaime Peñafiel. El original se había producido en un Deluxe en el que a Peñafiel se le ocurrió enfrentarse a Belén y salió escaldado porque casi no lo dejó hablar. Saltaba a cada momento, dijera lo que dijera. En la parodia, Peñafiel pronunciaba cosas como "lípidos activos" y Belén/Yolanda saltaba como una loba. Hay mucha gente que lee en Twitter todo el rato "lípidos activos". Y salta a la yugular.

Con esa sensibilidad a los lípidos, tengo que reconocer que una acaba callándose muchas cosas que se le ocurren. Gilipolleces, por supuesto. Me he callado que la barriga de Cindy Crawford me parecía una porquería (respetando muchísimo, si fuera suya, que la enseñara, pero me parece tan horrible como el lunar). O que del reportaje del sábado pasado en SModa sobre políticas españolas lo que más me ha sorprendido son las enormes tetas de Micaela Navarro, la presidente del PSOE. O que Sergio y Estíbaliz me dan muy mal rollo. Pero por cosas locas de la memoria. Oigo "Eres tú" o cualquier canción de la época de Mocedades y no siento nada. Oigo "Piel" o "Volverás", me acuerdo de ese festival de Eurovisión en el que ellos, antes de cantar, se tenían que pintar a sí mismos, y me siento como Sigourney Weaver en La muerte y la doncella volviendo a oír la música de Schubert. Yo no recuerdo torturas, pero sí el colegio. El internado. A las monjas. Bueno, pamplinas.

Si los políticos, incluso los mejores, hablan en bullshit, ¿qué no vamos a hacer la chusma de a pie? La pesca del merluzo en Andalucía ha acabado como La pesca del merluzo en alta mar. Y todos somos peces. Schwarzkopf se habría hinchado.

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