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Azúcar Moreno: hambre, muertes... y ahora una inesperada adopción

La vida de las hermanas Salazar está llena de avatares. El último, el de una inesperada adopción. 

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El drama familiar de las Salazar | Lecturas

Dura ha sido la vida para las hermanas Encarna y Toñi Salazar, de cincuenta y seis y cincuenta y cuatro años, respectivamente, conocidas en el mundo artístico como las populares Azúcar Moreno. Un dúo de rumbas y baladas de flamenco-pop que han cumplido treinta y siete años de actividad musical. Con una existencia entre el drama y la alegría, el hambre, las penas por muertes desgraciadas en su familia, con amores y traiciones, desamores que afectaron incluso a la disolución de la pareja de cantantes, la amenaza del cáncer a una de ellas y ahora la inesperada llegada de un nuevo miembro al clan, que ha resultado ser un sobrino de treinta y tres años, errante por el mundo, y con una profunda discapacidad intelectual, asunto del que se apuntó una buena exclusiva la revista Lecturas.

La numerosa familia gitana de los Salazar, familia de un "cantaor" de leyenda conocido como Porrinas de Badajoz (al que el Marqués de Villaverde, en una noche de juerga lo bautizó como "el marqués de Porrinas" y él lo utilizó para su propaganda) alcanzó un día a dejar su tierra pacense y afincarse malamente en el pueblo de Vallecas, al sur de Madrid. Once se contaban, hacinados en una chabola que construyeron ellos mismos, los mayores, que sólo tenía una sola habitación donde convivían, comían y dormían todos juntos, varones y hembras, separados si acaso por algunas sábanas. Eso sí: procuraban adornarla con flores. No faltaba el canturreo y el sonido de alguna guitarra apenas afinada. Los chicos, dieron en formar un trío, al que iban a llamar Los Peligrosos, pero el padre les quitó la idea: "¡Quiá! Vosotros seréis Los Chunguitos, porque sois unos chungos". Y así se quedarían para la historia de la rumba extremeña-madrileña.

Popularizaron "Me sabe a humo", donde les hacían coro unas chiquillas, sus hermanas Encarna y Toñi, que por su cuenta también iban por las calles de Preciados y alrededores de la plaza del Callao pasando el platillo tras sus improvisados cantes. Otras veces se ganaban el sustento vendiendo lotería en la cercana Puerta del Sol. "Había que buscarse la vida y salir a la calle, si queríamos comer". Cierto día un ejecutivo de cierta importante firma discográfica se detuvo para escucharlas. Y de aquel fortuito encuentro surgió un contrato. Ramón Arcusa se encargó de pulirlas musicalmente. Y con el tiempo llegaron a representar a Radio-Televisión Española con su canción "Bandido", año 1990, en lo que dejó de ser ya Yugoslavia. Llegaron casi con lo puesto en su equipaje, porque no disponían de vestuario apropiado y gracias a que unas buenas amigas les prestaron unas chaquetas de cuero. Lo malo es que a mitad de su interpretación, ante doscientos millones de telespectadores, se cortó la música, en directo y tuvieron que empezar de nuevo. Aun así, quedaron en quinto lugar. "Pero pese a ese incidente –recuerdan- Eurovisión nos cambió la vida, fundamentalmente en lo económico". Sí, porque a partir de entonces les llovieron las galas y el hambre que habían pasado tiempo atrás quedó ya desterrada. Lo que no les abandonaron fueron otros momentos tristes.

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Sus padres no llegaron a verlas triunfar, pues murieron pronto, la madre con cincuenta y tres años, el padre con sesenta y dos. Y sucesivamente, tres hermanos también se fueron para el otro mundo, uno de ellos por culpa de la mala vida, las drogas. Seguramente recordarán muchos a uno de los Chunguitos, Enrique, la voz cantante del trío.

Con el apelativo de Azúcar Moreno, Encarna y Toñi Salazar se abrieron un hueco importante en el pop nacional. Las tomaron al principio por payas y ellas dicen que no han relegado de sus raíces calés, pero que sienten que no han de existir diferencias de ninguna clase entre los seres humanos. No nos cabe duda que la belleza y la atractiva figura de ambas fueron baza importante para su triunfo. "La verdad es que sí, reconocemos que estábamos muy buenas, con nuestras minifaldas y nuestros "shorts". Las primeras gitanas modernas en salir con unos espectaculares escotazos. Lo que pensamos también es que nos hubiera venido bien ir a un colegio, y no la niñez que tuvimos, en la miseria de la chabola". Lo cierto es que dejaron atrás sus años de miseria para gozar de una vida distinta, con unas comodidades que jamás habían soñado. Gracias a sus éxitos musicales, como "Hoy tengo ganas de ti" (versión femenina de la creación del infortunado Miguel Gallardo, quien fue su productor discográfico unos años), "Moliendo café", "Divina de la muerte", "Devórame otra vez"… Su éxito traspasó las fronteras llegando a Hispanoamérica. En Argentina armaron un buen lío. Hace pocos días han estado en Uruguay. O sea que su triunfo no ha sido efímero, pues continúa. Pero ¿y sus amores? Complicados, desde luego.

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Cuentan que "hemos tenido nuestros buenos rollitos y no podemos quejarnos de lo que hemos ligado". Ahora bien: ¿acertaron en sus bodas y en sus otros episodios de pareja? Parece que hubo más fracasos que estabilidad emocional. Toñi, por ejemplo, tuvo un hijo de soltera, Borja Rilo. Un chico que conforme se hizo mayor le fue causando problemas, y hasta que estuvo en la cárcel una buena temporada. En febrero de 2011, Toni parecía muy feliz cuando se casó en Segovia con Roberto Liaño Esteban, un guaperas que ejercía de modelo, y que le duró apenas once meses, tiempo tras el cuál se separaron, y él se fue tras las faldas de la cantante Rebeca. Entretanto su hermana Encarna, que también tuvo otros amores, conoció en Argentina a Mauricio Trillo, con quien tuvo en 1992 a una hija, Cristina. Pero aunque estuvieron unos años bien avenidos, terminaron por romper su unión. Menos mal que la chica, guapa y espabilada le ha dado a Encarna muchas alegrías, como la de licenciarse en la carrera de Derecho. Antes, estuvo a punto de ser seleccionada en 2015 como aspirante a Miss Universo. Como modelo debutó en una anterior edición de la Fashion Week Madrid.

Hace diez años sucedieron dos asuntos que llenaron de dolor a las dos hermanas. Lo más grave fue que a Encarna le detectaron un cáncer de mama, y hubo de someterse a largas y duras sesiones de quimioterapia, precisamente cuando tenían a punto una interesante gira musical por México. "Yo creí morirme –rememora Encarna- y sufrí cuando tuve que despedirme de mi maravilloso pelo. Lloraba conforme me iban rapando la cabeza. El día que me dijeron que estaba curada puede suponerse mi alegría y mi hermana, entonces, se emborrachó de lo contenta que se sentía". Desde entonces, Encarna, que es la más alegre, como si hubiera vuelto a nacer, dice que canta incluso mejor que antes de la enfermedad.

Otro capítulo infeliz en la biografía de Azúcar Moreno fue cuando se anunció la separación de Encarna y Toñi. No dijeron en su día el por qué. Todo se debió a las discusiones acaloradas de sus respectivas parejas, Mauricio y un tal Pedro, que por entonces era el amante de Toñi. Trifulcas que desembocaron en la disolución de Azúcar Moreno. Anunciarían que iban a actuar en solitario en adelante. "Luego esos dos hombres desaparecieron de nuestras vidas y nosotras nos reconciliamos". Fue en 2011 cuando firmaron la pipa de la paz."Ahora nos queremos con locura y nos respetamos".

Un inesperado visitante llegó hace nueve años hasta Encarna y en seguida a Toñi. Se trata de Boby, como lo llaman familiarmente. Un sobrino de treinta y tres años. Hijo de la hermana mayor de las Salazar, Aurelia. Ésta, con una desordenada vida, dio a luz a un bebé y al no poder contar con lo imprescindible para tenerlo consigo, lo dio en adopción. Andando el tiempo, quien había sido inscrito como Pedro Manuel Espinosa Carrera (aunque nacido como Enrique Lucendo Salazar) acabó enfrentado a su familia adoptiva de la que terminaría separándose. Su existencia fue después un infierno, tirado por las calles por culpa del alcohol y las drogas. Y encima siendo víctima de una importante discapacidad intelectual. Cuando encontró por fin a su tía Encarna, todo cambió para él, quien se siente asimismo muy querido por la otra tía, Toñi. Ambas hermanas, las Azúcar Moreno que siguen cantando sus alegres rumbas y baladas, nunca quisieron contar esa historia hasta hace muy pocos días.

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