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Han metido mano a Rosa Parks

María Gómez contaba cosas desde Rusia totalmente irrelevantes. Hasta que, cómo no, encontró un filón en el machismo.

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María Gómez | Mediaset

He estado viendo casi todos los días a María Gómez en Ya es mediodía cuando Sonsoles Ónega le daba paso después de pronunciar esto tan horrible de "la Roja". Las cosas que contaba desde Rusia como parte del equipo de Telecinco eran irrelevantes (las que dicen los hombres, también). Enseñaba comida extraña y cosas así. Hablaba con la gente. Hablar con la gente en la calle es el infierno, la nada. Pero encontró un filón. Y cómo no, en el machismo. Un día, un tipo se acercó mientras estaba en directo, la besó en la cara y salió corriendo. Un indeseable (aunque esas imágenes las vimos después de que pasaran como añadido de otras ofensas). Pero el que te acosen no es un problema nuevo de estar expuesta en la calle a la vista de la gente (ya lo decía Hannibal Lecter, se codicia lo que se ve). Y no sólo a la vista de los que quieren salir en la tele. Besarnos no, pero podría contar todos los disparates que nos decían los tíos cuando las niñas íbamos por la calle con el recatadísimo uniforme de béisbol (de softball). Años 80, no la posguerra. El siguiente agravio fue que le preguntó a un señor y el señor le dijo: "¿Cómo te llamas, guapa?". "María, pero lo de guapa no hace falta". Sobra, pero no voy a meterme en eso. Pues como si hubiera sido Rosa Parks sentándose en el autobús. Con todo un coro de biempensantes que sí, muy bien María, que hay cosas que no se pueden tolerar. Y lo peor de todo, la reproducción constante de la palabra zasca, otro espanto.

Y parece que salió Mónica Marchante (cualquiera que viera los partidos en Canal + y ahora en Movistar + la conocerá porque hace las entrevistas en el palco). "Pues a mí no me parece machista que me llamen guapa. Igual es porque no me llevaron nunca a un Mundial sin tener ni idea de fútbol, ni me pusieron de florero en la foto de equipo rodeada de machitos. Y mucho menos llevando 5 minutos de periodista deportiva...No soporto la hipocresía. Y menos con este tema. ¿Te ponen de adorno y enarbolas la bandera del feminismo después de pasarte el Mundial entrevistando gente en la calle porque no vales para otra cosa? ¡Venga coño! Clara Rodríguez lleva 3 mundiales y 2 Eurocopas (que yo sepa) haciendo vídeos futboleros cojonudos, directos y lo que le echen. Nunca estuvo en la foto de equipo porque no es joven ni guapa, es una chica normal, que trabaja muy bien. Nunca se ha quejado de machismo. No ha necesitado viralizarse ni llamar la atención. Ah, por cierto, si es machista que te llamen guapa... ¿qué es ponerle la mano en el hombro al entrevistado? Igual el tío se sintió acosado... Más Claras Rodríguez, Verónicas Brunatis y menos farsantes", ha escrito Marchante. Ríete de la tensión entre Ana Blanco y Letizia Ortiz en maquillaje que contaba Urdaci. Mónica Marchante ha desmentido haber escrito semejante cosa. En todo caso la cuestión principal no es la de saber de fútbol o no, la de ser florero, sino de qué estamos hablando cuando hablamos de acoso. El beso, vale, lo de guapa, venga ya.

No voy a defender a los babosos que se acercan a las mujeres que están plantadas en la calle con un micrófono. A ningún baboso. Es que no sé ni por qué digo esto. Las arenas movedizas de la estupidez nos están tragando. Lo de María Gómez es una bobada molesta, pero leyendo la columna del martes de Julio Valdeón en La Razón me pasmo con el asunto del profesor Ayala en la Universidad de California Irvine (UCI) tras cuatro denuncias de acoso sexual. Miren los cargos probados que ha enumerado en el Diario de Mallorca Camilo José Cela Conde, colaborador y amigo del biólogo: "1) Tocar en el codo a una profesora en el transcurso de una reunión del departamento para conducirla hacia un corro en el que estaban tratando un asunto de su posible interés, 2) Dar un beso en cada mejilla a una colaboradora suya para saludarla al ir a cenar a la casa de ella, delante de su marido y de la mujer de Ayala, y 3) Decir en algunas ocasiones a una mujer algo así como ‘te veo muy guapa y elegante’, en particular a una que estaba embarazada". Estamos en la UCI. Pero en una de dementes.

Magda Donato, que era hermana de Margarita Nelken, fue una de las primeras que hizo periodismo gonzo, aunque no se llamara así. Para ‘Un mes entre las locas’, texto de 1932 que está en ‘Reportajes’ (Renacimiento), se ingresó en un manicomio. Contaba que, una vez dentro, cuanto más cuerda se mostraba, por más loca la tomaban. A mí me pasa con todas escandaleras que no son nada. Donde yo no veo nada. Me pasa con María, con Ayala, con las supuestas normas de Netflix que impiden mirar a alguien más de cinco segundos (entre otras boludeces). Con este Gilead del tontoculismo. Con este Gilead de gilipollas.

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