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Los 50 años de Maribel Verdú, la actriz que cautivó con su sensualidad a millones de españoles

"Verdú me confeso que en sus sueños quería ser una especie de Jaclyn Smith".

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"Verdú me confeso que en sus sueños quería ser una especie de Jaclyn Smith".
Maribel Verdú: el mito erótico del cine español, en imágenes

Alcanza Maribel Verdú el medio siglo de existencia, con un importantísimo bagaje profesional en el cine, la televisión y algo menos en el teatro. Ha vivido tempestuosos amores, logrando desde hace veinte años una completa estabilidad emocional junto a Pedro Larrañaga, su marido, con quien convino desde su boda en 1999 no ser padres.

Tuvo claro desde adolescente María Isabel Verdú, madrileña fetén que cultiva coloquialmente el acento castizo entremezclado con tacos, que el sueño sobre su futuro era ser actriz. Su madre era modelo, lo que le facilitó sus comienzos en el mundillo artístico. A él llegó para anunciar una marca de profilácticos: era la farmacéutica jovencísima que atendía a un lanzado Pedro Ruíz que demandaba unos condones. Hoy esa petición es de lo más normal del mundo, pero todavía en los primeros años 80 (y no digamos antes) a cualquier varón español le daba una tremenda vergüenza ejercitar esa compra.

Maribel Verdú me confesaría en la primera de otras entrevistas que tuve el placer de hacerle en sus primeros rodajes, que en sus sueños quería ser una especie de Jaclyn Smith, una de las protagonistas de aquella popular serie televisiva llamada Los ángeles de Charlie. Sus primeros papeles en la pequeña pantalla fueron en algunos capítulos de La huella del crimen. Que es donde su director, Vicente Aranda, captó el potencial de belleza, fotogenia y capacidad interpretativa de la joven actriz. A la que eligió después como coprotagonista de Amantes, película que marcó el principio de una larga filmografía, que a estas alturas supera los sesenta títulos.

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Maribel Verdú y Pedro Larrañaga

A partir de la segunda mitad de los 80 y los años posteriores hasta finalizar el siglo XX Maribel Verdú fue una de las estrellas más importantes de nuestro cine. Buena parte de los trabajos que le encomendaban la mostrarían como un icono pleno de sensualidad. Tuvo que desnudarse en varias películas mostrando su bello cuerpo en toda su plenitud. Los posters de algunos anuncios publicitarios a gran tamaño colocados en las marquesinas callejeras eran arrancados por viandantes subyugados por su físico. Las revistas eróticas la tenían en sus portadas y páginas centrales habitualmente. Todo ello contribuyó a su popularidad, al margen de su indiscutible talento dramático. Pero es que ya estaba habituada a que la fotografiaran con poca ropa o casi ninguna cuando antes de su lanzamiento cinematográfico sirviera para modelo de una marca de ropa íntima.

Su primer desnudo en la gran pantalla sucedió en El sueño de Tánger, una película maldita, de corto recorrido y estreno tardío, en la que Maribel pasó malos momentos durante el rodaje pues el protagonista masculino, el italiano Fabio Testi, estaba enloquecido con ella, la seguía a todas horas fuera del set, proponiéndole llevarla a la cama, a lo que la Verdú siempre se negó, ante la desesperación del galán, que estaba casado con una belleza almeriense, con hijos, de la que terminaría separándose. Por culpa de sus infidelidades, dicho sea en honor de nuestra compatriota andaluza.

Maribel Verdú vivió a tope su adolescencia y primera juventud. Contó con la aprobación de sus padres cuando les habló acerca de sus primeros deseos sexuales, y ellos la llevaron a un consultorio ginecológico para que se atuviera a las posibles consecuencias. Hace pocos años, recordando esa época, afirmaba haber tenido, efectivamente, sexo siendo jovencísima amén de probar algunas drogas. Aquellos primeros escarceos sentimentales la llevarían tempranamente a otros de mayor calado. Por ejemplo, el romance que sostuvo con el tenista Emilio Sánchez Vicario, que duró alrededor de un año, sin que la prensa del corazón lo supiera. Superada esa relación es cuando pudo conocerse. Menos duradera es la que protagonizó la actriz con el infatigable seductor Cayetano Martínez de Irujo. El hijo de la Duquesa de Alba podrá quejarse ahora de que sus hermanos no quieren saber nada de él, pero él podría decirles que ninguno de ellos, a los varones nos referimos, le ha superado en conquistas femeninas, haciéndolo muy feliz. Debiera publicar otro libro de memorias para contarlas con todos los detalles.

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No se veía Maribel muy desahogada por los pasillos del palacio de Liria, así es que prefirió encontrar en su ambiente habitual del cine alguien con quien congeniar. Lo encontró por un tiempo en la persona del operador cinematográfico Pablo Hernández, con quien intimó durante el rodaje de su película Tres palabras. Precisamente su director, Antonio Giménez-Rico sería el que sustituiría a Hernández en el corazón de Maribel cuando decidieron cortar su rollo. En aquella cinta éste poco menos la obligó a cantar boleros, como el que daba título al filme. Y Maribel, consciente de sus escasas facultades para cantar se negaba, hasta que tuvo que ceder. Y eso le costó.

Giménez-Rico, un notable realizador y guionista, que dobla en edad a Maribel Verdú, fue por entonces el amor más sólido para la madrileña. No digo que pudiera ser su padre, pero sí alguien que por su experiencia aportó para la joven actriz un importante respaldo emocional, alguien que podía orientarla en la vida aparte de la atracción que entre ambos hubo. Luego, también esa historia e interrumpió, y Antonio encontró un día, rodando un interesante docudrama sobre las chicas de alterne, a una estupenda modelo, luego actriz, de la que se enamoró a poco de conocerse. Y entre tanto, Maribel Verdú halló en 1999 al hombre que sigue siendo su más sólido apoyo y a la inversa: Pedro Larrañaga, nieto, hijo de actores, productor teatral, el único nacido de la unión de Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo que no interpreta, sino que monta obras escénicas.

A poco de iniciarse su noviazgo se plantearon la boda, ese mismo año ya citado, 1999. Y entre los acuerdos de la pareja hubo uno que continúan manteniendo: no ser padres. Es frecuente que reporteros que no la conocen se interesen cerca de Maribel si será madre algún día. Y ella contesta invariablemente que nunca, o les cuenta una anécdota que le ocurrió rodando una película con Luís Tosar, en la que éste era su marido de ficción.

No todo ha sido un camino de rosas en la carrera cinematográfica de Maribel Verdú quien, cono contábamos, no dejaba de trabajar en la década de mitad de los 80 y 90. Pero, a poco de estrenarse el nuevo siglo, pareciera que los productores y directores la hubieran olvidado, marginado, borrada del mapa. Pasó dos años silenciada, nadie la llamaba. Entró en crisis. No sabía qué hacer. Su marido la consolaba, inútilmente. Hasta que le llegó el guion de El laberinto del fauno. A partir de ahí su nombre volvió a aparecer en los repartos, desde luego sin la constancia del ayer. Fue cuando Pedro Larrañaga buscó alguna comedia que pudiera ser representada por ella y otras actrices de su generación. Y así han ido pasando los años con una Maribel Verdú recuperada. En los pasados meses, venciendo los problemas de la pandemia, se incorporó a la grabación de la serie producida por RTVE Ana Tramel. El juego. Seis episodios donde interpreta el personaje de una abogada enfrentada a un poderoso grupo dedicado al juego. Una bella mujer, una excelente actriz, a la que felicitamos por su aniversario.

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