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Babas de caracol, esperma de salmón y Pez Martín

Para todos aquellos que han vivido practicando el ayuno intermitente, les traigo -presuntamente- malas noticias.

Para todos aquellos que han vivido practicando el ayuno intermitente, les traigo -presuntamente- malas noticias.
Babas de caracol, esperma de salmón y Pez Martín | Pixabay/CC/janeb13

Lo de empezar un gimnasio en enero, dejar de fumar (y otros vicios, para quien los goce) o empezar alguna dieta es muy propio de estas fechas. Después de un exceso viene la recesión. Y lo de llevar una "vida detox" (o, al menos, unos días), es más que una moda: una tradición.

Para todos aquellos que han vivido practicando el ayuno intermitente, les traigo -presuntamente- malas noticias. Aunque se las podría traer dentro de un mes, o haberlas escrito hace un año.

Corría el año 2019 cuando un grupo de expertos, prescriptores, nutricionistas, médicos, influencers y otros híbridos de todos estos decidieron comunicar que pasar hambre adelgaza. ¡Menudo descubrimiento! Pasar hambre durante horas, sometiendo al cuerpo a un ayuno de 8, 10, 12, 14 ó incluso 16 horas. El ayuno intermitente se convertía en la dieta más popular, aunque lleve haciéndose de "manera orgánica" y sin etiquetas desde que el hombre en occidente no come por necesidad sino por aburrimiento.

Si googlean ‘polémica ayuno intermitente’ verán que cada 2-3 meses algún diario apunta a que es peligrosa. Hace dos días copaba un titular en esta línea. Como si hubiera que, cada cierto tiempo, renovar los votos y las dietas. De la Keto a la DASH (acrónimo que responde 'Dietary Approaches to Stop Hypertension' para los hipertensos), con parada imprescindible en la dieta flexitariana, que es practicar una dieta vegetariana pero de manera puntual: es algo así como dejar de ser un borracho durante 3 días. ¡Sean veganos por horas! Yo lo practico a diario.

Leo también que existe una dieta ‘power’, y no es para empoderarse mientras pierde peso, sino que este original nombre se debe a prevenir la obesidad sin comer como un conejo ("Preventing Obesity Without Eating Like a Rabbit"). Sin comer como conejo, que no comerte a uno. Y no olvidemos la tan sonada dieta Dukan, que viene a ser algo así como adelgazar en desescalada (4 fases). Y, bueno, hay tantas dietas como estados emocionales. ¿La más clásica? La del cucurucho. Pero sólo funciona si abandonamos la pasividad y enterramos a la estrella de mar que vive en nosotras. Ya saben que en ruso ‘gracias’ se pronuncia ‘es-pasiva’.

Ahora resulta que el cortisol es el "nuevo tiroides": el culpable de que estemos gordos. La hormona del estrés, ¡qué mala es! Engordamos porque nos agobia el jefe, el novio, la vecina o abrir Whatsapps por las noches. Pero tampoco cerramos la boca, porque por esta muere el pez.

Con las dietas ocurre como con las sustancias milagrosas para el rejuvenecimiento. Cuando yo era adolescente estaba de moda la baba de caracol. Ahora los médicos estéticos, para embellecer nuestro cutis, utilizan esperma de salmón (el pionero es el Doctor Dray). Por favor, ¡quién quiere espera de salmón pudiendo escoger el del Pez Martín! Conocido también como Zeus Faber, Pez San Pedro o San Martín en Santander. No tiene escamas, es semigraso y aporta la vitamina B6 imprescindible para el sistema nervioso. No compren más cremas, coman pescado. Porque hay más peces en el río, aunque beban y beban y vuelvan a beber, o dejen el tabaco el uno de enero.

Las amebas también son las otras grandes olvidadas de la historia para el rejuvenecimiento. Cuando amigas mías (de edades comprendidas entre los 35 y 45) presumen de encuentros sexuales esporádicos (flexitarianos, como la dieta) con chicos más jóvenes que ellas, y me sueltan lo de que "es colágeno para el cuerpo", una ameba se suicida. Está bien esto del autoconsuelo de "me acuesto con él y punto" (como aquel lema de Desigual), pero el colágeno no se genera por vampirizar la juventud de la presa en cuestión a base de fornicios voluntarios (y consentidos por ambas partes). El colágeno podría ser como una religión: todos creen en ella pero nadie tiene pruebas de su existencia.

Juan Luis Guerra escribió lo de ‘quisiera ser un pez para tocar tu nariz en mi pecera’, porque decirlo de otra manera y con otras palabras más precisas podía quedar soez la estrofa (aunque en el regueton, todo vale). Y luego hay quien se come su placenta para la eterna juventud.

Y como canta el brindis legionario, que tanto le gusta a mi amigo Manuel Quintanar, ¿Bebió Adán? Bebió. ¿Bebió Eva? Cual borracha era. Quien bebe, duerme. Quien duerme, sueña. Quien sueña, no peca. Y, puesto que al cielo vamos, bebamos. Como los peces en el río.

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