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El misterioso mensaje de Paz Vega: "Me subí a un tren equivocado"

La intérprete sevillana preocupa con sus textos crípticos mientras Hacienda le reclama 2,3 millones de euros tras su etapa en Hollywood y España.

La intérprete sevillana preocupa con sus textos crípticos mientras Hacienda le reclama 2,3 millones de euros tras su etapa en Hollywood y España.
Paz Vega, en esRadio. | D.A.

Quienes rastrean los contenidos en Instagram de sus personajes favoritos se han encontrado en fechas recientes un mensaje algo críptico de la actriz Paz Vega, que siempre ha sido muy prudente en sus declaraciones, procurando que su vida íntima quedara para sí.

Esa confesión de la guapa sevillana puede que la haya realizado en un momento depresivo, tal vez sólo de tristeza. O bien ha querido revelar cuanto le ha pasado negativamente para quitarse un peso de su conciencia, sólo que lo ha hecho sin concretar ni dar detalles comprensibles. Juzguen nuestros lectores.

"Es duro mirar cara a cara a ese futuro que ya es presente con los ojos vacíos de ilusión por un nuevo amanecer". Y también esto, mínimamente más claro: "Me subí a un tren equivocado y cuando quise bajarme ya era tarde, estaba lejos, muy lejos".

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Todos hemos experimentado, en mayor o menor medida, lo de sacar billete en un trayecto de ferrocarril cuyo destino nos iba a pasar una factura que no esperábamos. El ser humano no puede predecir su futuro inmediato, al menos. Con miedo, o sin él, decidimos un viaje que, a lo peor, nos traerá más problemas que ventajas. Y si eso, que le ocurre a una gran mayoría, le pasa a Paz Vega, nos tememos que únicamente pueda encontrar solución o tranquilidad con la ayuda de un profesional, especialista en la mente humana.

Analicemos, siquiera superficialmente, aspectos de su vida. Partiendo de que se la conoce por su nombre artístico, no el real, que es el de María de la Paz Campos Trigo. Hija de padre banderillero, Manuel Campos, alias Campitos, quien cuando fue a ver algunas películas de ella lo pasó mal, arrumbado en su butaca del cine, al contemplar a Paz semidesnuda en escenas de alto contenido sexual.

El apellido Vega lo tomó Paz de su abuela materna. Cumplió cincuenta años de su nacimiento en Sevilla el pasado mes de enero. En su juventud estaba entusiasmada con la idea vocacional de ser periodista, matriculándose en la carrera de Ciencias de la Información, que terminaría cambiándola por su deseo de ser actriz, inscribiéndose en una escuela de interpretación.

Lucía y el sexo: ahí empezó todo

Para ser actriz, debía abandonar su familia y Sevilla. No se lo pensó dos veces. En Madrid se orientó como pudo hasta conocer a un representante. Primer jarro de agua fría: "Con tu acento andaluz no llegarás a nada en el cine". Se mordió los labios de impotencia. Buscó y rebuscó la manera de encontrar alguna productora de televisión y someterse a los imprescindibles y temidos castings. Y, por fin, le encomendaron sus primeros papeles en la pequeña pantalla: las series Más que amigos, Compañeros y la que iba a proporcionarle una gran popularidad, vivero entonces de emergentes actrices: 7 vidas. Ya la reconocían por la calle, señal de que sus esfuerzos habían merecido la pena.

La televisión no hay duda de que para una actriz es el trampolín ideal para darse a conocer. Pero en el cine, donde la popularidad no es tan inmediata, pues entre lo que se filma y cuando llega a las salas supone un largo espacio de tiempo para cualquier impaciente intérprete, resulta más incierto probar suerte. Paz Vega la tuvo cuando en 2002 fue elegida como protagonista de Lucía y el sexo, el comienzo de su despegue en la gran pantalla. Era la camarera que en busca de su desaparecido novio se embarca en una aventura rumbo a Formentera, donde va descubriendo posibles pistas para encontrarlo. Y en ese trayecto por la isla, su personaje mantenía relaciones sexuales de alto voltaje.

Aquel trabajo le permitió ganar un Goya a la actriz revelación del año y ser objeto de la mirada de más de un productor y director deseosos de tenerla en sus películas, como le sucedió a Paz con Vicente Aranda, a quien por lo general le apetecía rodar con sus actrices fetiche, como lo fue Victoria Abril y después esta atractiva malagueña.

El salto a Hollywood

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Con el citado realizador catalán protagonizó Carmen, una versión más sobre uno de los personajes femeninos más tratados en el cine, partiendo de la novelita de Próspero Mérimée y la ópera de Bizet. Exhibía Paz en una de las secuencias sus hermosos pechos y, en términos generales, su poderosa sensualidad, sentimiento que aportó en algunas otras películas.

A Pedro Almodóvar no se le había borrado de su memoria la presencia en el cine de esta mujer que escondía en su mirada una atracción fatal. La tuvo a sus órdenes en Hable con ella y también diez años después en Los amantes pasajeros. Cuando el manchego repite con alguien de relieve en su cine, es por algo.

No es corriente que una estrella de cine, y Paz Vega ya lo era en 2006, aceptara aparecer en el vídeo de un cantante, pero Alejandro Sanz consiguió de ella que figurara en el de la canción A la primera persona.

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Era 2007 cuando Paz Vega voló a Los Ángeles. Todavía, por entonces, Hollywood estaba cerrado a la posibilidad de que una española pudiera competir frente a las actrices norteamericanas de primer rango, incluso a algunas otras nacionalidades: francesas, inglesas, alemanas… Sin recurrir a aquellas compatriotas nuestras que ocuparon un hueco en los años 30 en repartos de películas rodadas en inglés y otras en español (Conchita Montenegro, por ejemplo), en sucesivas décadas tuvimos que esperar a la llegada de Penélope Cruz, de lenta carrera pero al final descollante diva. Sólo Assumpta Serna lo intentó después, con discretos resultados. Paz Vega tuvo más fortuna.

Ya las citadas no tuvieron que soportar ser elegidas casi siempre para papeles de sirvientas. De aquel primer año de Paz Vega residente en Estados Unidos, en la Meca del cine, se cuenta The Spirit, con Samuel L. Jackson y Scarlett Johansson. Y en 2009, Triage, junto a Colin Farrell y el veterano Christopher Lee. Fue María Callas, sin tener que cantar ópera, desde luego, en Grace de Mónaco, biopic rodado en 2014 con Nicole Kidman de protagonista.

Diez años permaneció Paz Vega en Norteamérica. Tuvo un papel preponderante al lado de Sylvester Stallone en Rambo V: Last Blood. Ya hacía tiempo que dominaba el inglés, pues cuando pisó por primera vez los estudios de Hollywood sólo sabía pronunciar "Good morning" y "Thank you", balbuceando. Pero esa experiencia, sentirse compañera y amiga de actores como Jack Nicholson y Morgan Freeman, fue a base de esfuerzos, de ganarse la simpatía y confianza en el star system hollywoodiense, tan distinto a la vida que llevaba en España.

Paz Vega vivió esos años entre muchos días solitarios y otros familiarizándose con las costumbres de esa macrociudad. Y aunque no lo confesó claramente, hubo de soportar situaciones incómodas para una mujer actriz si quería trabajar —y tampoco accediendo a ellas—, que ella misma define en el sentido de que ahora serían reprobables e incluso objeto de denuncias.

Entre los pasajes negativos de aquellos años hay uno del que fue protagonista sin quererlo, cuando en 2005 se dio la noticia de que había muerto. En España, puede imaginarse la reacción de cuantos familiares y amigos quedaron sobrecogidos. Menos mal que aquella fake news podía tranquilizarlos, pues se citaba la edad de la víctima: septuagenaria. Luego no podía ser Paz la fallecida. Aquella agencia informativa se había equivocado, pues quien dejó de existir, a consecuencia de un cáncer de útero, había sido la gran actriz de El graduado, Anne Bancroft. ¿Cuál fue la razón de tan lamentable equívoco? Que la actriz española había rodado por entonces junto a Anne la película Spanglish. Y las confundieron.

Hollywood quedó atrás para nuestra bella e inteligente compatriota como una experiencia maravillosa.

Un galán como marido y madre de tres hijos

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Paz Vega parecía vivir unos años dedicada en cuerpo y alma al cine, sin que se supiera con quién entraba y salía, ignorándose la identidad de sus posibles parejas. Fue a comienzos del nuevo siglo cuando se le conoció un novio, el galán venezolano Orson Salazar, con quien contrajo matrimonio en 2002. Boda íntima, de carácter privado, asistencia de los justos testigos, para tres años más tarde celebrar una ceremonia religiosa. Nunca se publicaron imágenes. Han tenido tres hijos. Él trabaja como representante artístico de Paz, tiene una empresa, Bululú Life, relacionada también con ese mismo medio. Son veintitrés años, en total, los que llevan conviviendo.

También directora de cine

Con la suficiente experiencia en el cine, ya dado su carácter activo, vitalista, Paz Vega aspiraba a estar algún día detrás de una cámara. Lo que consiguió en 2023 en su triple condición de guionista, actriz y realizadora. La película, Rita, estrenada un año después en el Festival de Locarno, también obtuvo una nominación a los Goya. Retrató allí la violencia machista a través de una niña, la protagonista, siendo Paz la madre suya de ficción.

Por lo contado, es una actriz de notoria importancia de la que nos duele haya confesado en ese mensaje de Instagram al que nos referíamos al comienzo esta otra frase demoledora: "Sólo hay ruido en mi vida y me ahogo en él".

Para el final hemos dejado un oscuro asunto que la persigue desde hace años: la demanda del Ministerio de Hacienda que le reclama dos millones y trescientos mil euros. A día de hoy no tenemos noticias fidedignas de que haya satisfecho la deuda. La habrá recurrido. Lo que nos preguntamos es: siendo tan elevada, procede de mucho más dinero que ha ganado con su trabajo. ¿Cómo es que ha ido dejando sin pagar lo que el fisco calcula que es su obligación ciudadana? Un caso algo parecido al de Isabel Pantoja. Esos millones en liza ¿tienen algo que ver con las oscuras e inquietantes reflexiones de Paz Vega? Alguien como ella, con su prestigio, debiera poner en claro todo aquello que, según sus pensamientos, la perturba.

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