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Miguel Rellán lleva 25 años unido a Rosa María Mateo

La vida privada del conocido artista y la periodista que dirigió el ente público destaca por una estabilidad ajena al foco mediático.

La vida privada del conocido artista y la periodista que dirigió el ente público destaca por una estabilidad ajena al foco mediático.
Gtres

Miguel Rellán, aunque para la historia del cine y el teatro pueda ser calificado como actor característico, o genérico, traspasa tales calificativos. Cierto que no ha tenido la oportunidad de ser protagonista, salvo en contadas ocasiones. Visión injusta de quienes en la industria cinematográfica española y en las producciones teatrales o televisivas no hayan pensado en él para papeles de primera fila. Sin encabezar repartos ha brillado siquiera como antagonista. O prestando su gran capacidad interpretativa a personajes en principio no muy destacados. Hoy, echando una ojeada a su filmografía y a sus estrenos escénicos, es justo que se le considere uno de los grandes. Tiene algo especial en su voz, en sus gestos, en su forma de mirar ante la cámara o moverse en un escenario.

Culto, compone música para películas, da clases a alumnos que quieren ser actores; debiera ser más conocido, y reconocido. Lo han premiado este verano en el Festival de Cine de Alfaz del Pi (Alicante). Es discreto en su vida privada. Separado de su primera esposa, convive desde hace un cuarto de siglo con quien fuera comunicadora y presidenta de Televisión Española, Rosa María Mateo.

Iba para médico, como lo fue su padre

Por la calle, hace tiempo que chicos jóvenes lo reconocían como "el profesor Bacterio", personaje central de una serie televisiva, aunque no supieran realmente el nombre del actor. Esa es la realidad de aquellos que se creen famosos: no es su caso.

Miguel Rellán nació hace ochenta y dos años en Tetuán, entonces Protectorado español de Marruecos. Su padre era médico y él estudió también Medicina. Lo acompañaba en algunas de sus visitas, o en el hospital, hasta el punto de conocer muy de cerca aspectos concretos, reales de la vida de un doctor cerca de sus pacientes.

Se fue a Sevilla y allí se matriculó en la Universidad; a punto de concluir su carrera, dejó la Medicina para convertirse en actor aficionado. Con doce compañeros fundó el grupo teatral Esperpento: uno de sus miembros era Alfonso Guerra, que llegaría a la vicepresidencia del Gobierno de Felipe González.

Su condición de profesional de la escena y el cine tardaría en producirse, para lo cual dio el salto a Madrid. "Pasé más hambre…", reconocía Miguel Ángel, callándose su continuación, tan vulgar, aquella que añadía lo de "… que un maestro de escuela". Recorriendo centros de reuniones de actores y ambiente artístico fue conociendo a gentes que le proporcionaron sus primeros contratos, "para ir tirando".

Fue, sin conocerlo, a pedirle trabajo a Garci

Aquellos tiempos de búsqueda para conseguir lo mínimo que le permitiera comer caliente y dormir en una cama mullida, lo llevaron a escribir sobre cine y teatro en las revistas Doblón y Playboy en español. Por casualidad, tropezó un día por la calle con Fernando Méndez-Leite, quien le puso en camino de la oficina de José Luis Garci, un viernes, en vísperas de que nuestro admirado director se pusiera tras la cámara del rodaje de Solos en la madrugada. Se encaminó hacia el madrileño barrio de la Estrella, donde estaban las oficinas de la productora. No conocía a Garci, le dijo que era actor, que había trabajado en algunos dramáticos de Televisión Española y que… "¿Sabes conducir?", le preguntó José Luis. Necesitaban a alguien que condujera un coche. Dos sesiones. Llevando en su interior a José Sacristán y a Emma Cohen y a su derecha, delante, a María Casanova.

Cuando Garci preparaba El crack, se acordó de aquel larguirucho conductor, al que le proporcionó un agradecido papel: el de "El moro", mote que le puso a Miguel Ángel en razón de su nacencia en Marruecos. Fue su arranque en el cine, para después aparecer en el mismo personaje en El crack 2, como ayudante de Germán Areta, el detective privado que bordó el siempre recordado Alfredo Landa.

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Su ideal compañera

A partir de entonces, Miguel Ángel Rellán ya no pasó más hambre, pagó las deudas contraídas, y gracias a su talento fue convirtiéndose en un actor dúctil, capaz de incorporar tipos de la calle con absoluta solvencia interpretativa. Eso, en el cine, y también en menos medida en el teatro, donde cuajó papeles destacados en obras clásicas. Y en la "tele", que es donde se inició en sus comienzos, cuando no lo conocía nadie de la profesión.

Apareció en la segunda película de Isabel Pantoja, Yo soy esa, en la serie televisiva de "El Fary", del que contaba lo gracioso que era, lo mucho que le pagaron a éste, que no se aprendía los guiones e improvisaba continuamente. La pequeña pantalla le proporcionó más popularidad, logrando más adelante formar una pareja festiva en Sentimos las molestias. Y en el cine halló su recompensa al otorgarle el Goya al mejor actor de reparto por Tata mía, aquella película de la mítica Imperio Argentina. Respecto al teatro, posiblemente una de sus mejores funciones fue al emparejarse con Julia Gutiérrez Caba en una obra de dos personajes, en monólogo de cada uno, con una comedia, Cartas de amor, a través de las lecturas de ambos, a cada lado del escenario, frente a un atril, cruzándose las misivas. Rellán estaba sensacional, no digamos Julia. Con una dicción adecuada: ya se había acostumbrado también a "decir" convenientemente el verso en obras de Calderón, Lope y otros clásicos.

¿Qué ha sido de la vida íntima de Miguel Ángel Rellán, un hombre que no comulga con las revistas rosas, ni los desfiles por las alfombras rojas, ni ha sido objeto de seguimiento de los reporteros? Se casó con la actriz Olvido Lorente en 1976, de la que se separó el año 2000, cuando conoció a quien es su compañera ideal, que comparte parecidos problemas, unidos por una profesión que compete a ambos y planteamientos sociopolíticos similares. Se trata de Rosa María Mateo, quien mediados los años 60 en adelante era un rostro muy familiar en Televisión Española, que cursó la carrera de Derecho, aunque ambicionaba ser actriz cinematográfica. Hizo papeles cortos en algunas películas, caso de Lulú de noche y Cartas de amor de un asesino. Finalmente, al comprobar que no conseguía mejores oportunidades y tras ingresar en Televisión Española, fue destacando en los telediarios e Informe Semanal, convirtiéndose en la mejor comunicadora de entonces. De ahí y por algunas de sus implicaciones ideológicas fue llamada "musa de la Transición" encargada, por acuerdo de todos los grupos políticos, de leer el manifiesto que condenó el intento de golpe de Estado del 23-F.

"Me fueron apartando de la profesión", declaró, añadiendo: "Poco antes de que me echaran de Televisión Española ya me estaban preguntando cuándo pensaba jubilarme". El caso es que eso sucedió y en 1983 pasó a trabajar en Antena 3, donde permaneció veinte años. Entre los años 2018 y 2021 fue nombrada por el Gobierno administradora provisional única de Radio Televisión Española para luego ostentar la presidencia del ente.

Estuvo casada con Germán Ponte, técnico de sistemas de computadores electrónicos. Tuvieron un hijo, llamado como el padre, nacido el mismo día que su madre, hace cincuenta y ocho años. Aquel matrimonio quedó roto y Rosa María se unió a Manuel Leguineche, aquel magnífico periodista, reportero legendario, a partir de 1970. No podían aún casarse por lo civil y convivieron hasta 1980. Transcurrieron dos décadas hasta que Rosa María Mateo se emparejó con Miguel Ángel Rellán. Pareja perfecta.

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