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Travolta, a 40 años de Tony Manero (y de su gran tragedia)

Se repone además otro de los éxitos de John Travolta, Pulp fiction.

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Se repone además otro de los éxitos de John Travolta, Pulp fiction.
Travolta y Diana Hyland | Cordon Press

Está de actualidad John Travolta por dos celebraciones: el cuadragésimo aniversario de la película que lo catapultó a la popularidad en todo el mundo, Fiebre del sábado noche, al tiempo que se repone otro de sus éxitos, Pulp fiction, donde Quentin Tarantino le encomendó el personaje del matón Vincent Vega. Travolta se convirtió en un ídolo mundial de la juventud cuando protagonizó la primera de las mencionadas películas, donde puso de moda una nueva manera de bailar en los tiempos en que arrasaba la música discotequera. Cuando vino a Madrid a promover Fiebre del sábado noche tuve el placer de conversar a solas con él por espacio de más de una hora. Entrevista de la que entresaco a continuación algunos fragmentos.

"Mi personaje de Tony Manero me exigió ensayar catorce horas diarias durante veintiuna semanas, sometido también a un régimen especial de proteínas en mi alimentación. Hubiera podido atreverme a actuar en un musical de Broadway. El lenguaje del baile es universal. Yo me considero actor por encima de todo aunque mi personaje de Tony Manero simbolice esa pasión de bailarín. Su éxito está relacionado con la cantidad de chicos como él que hay en todas partes. Muchachos de barrio a los que con mis películas les he dado esperanzas y les inspiro".

John Travolta, tras el éxito de Fiebre del sábado noche rodó una segunda parte, que fue Staying alive, aunque no tuvo la misma acogida, pero sí la que protagonizó entre medias, Grease. Las canciones de los Bee Gees fueron muy importantes para acompañar los bailes de aquel hortera Tony Manero. Hace unas semanas se celebró en Los Ángeles una gala en homenaje a este legendario grupo musical y John Travolta no tuvo inconveniente en volver a transformarse en aquel bailarín con pinta de chulo macarra y evolucionar en una pista con casi la misma agilidad que entonces.

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Travolta, en el reciente tributo a los Bee Gees | Cordon Press

Hijo de un emigrante italiano y una madre irlandesa, actriz de profesión, John Travolta nació hace sesenta y tres años en un pueblo del estado de Nueva Jersey. Además de buen bailarín, tras practicar con relevantes profesores y coreógrafos, hizo sus pinitos de cantante en el cine, pero en esa faceta fue menos brillante. Para rodar Staying alive contó con Sylvester Stallone, a quien admiraba en sus películas de la serie Rocky, aunque éste adaptó el guión a su gusto. Formaron una buena pareja taquillera a pesar de que el filme fue maltratado por la crítica.

La biografía cinematográfica de John Travolta consta de títulos afortunados, sobre todo muy comerciales, pero también sonados fracasos. Algo así como su propia vida, en la que ha padecido penosos episodios que lo llevaron al borde de la depresión más de una vez. En marzo de 1977, víctima de penosa enfermedad, falleció quien era su gran amor, dieciocho años mayor que él, la actriz Diana Hyland, con quien había protagonizado la emotiva película El chico de la burbuja de plástico. Travolta la recordaba como la mujer que lo cuidaba, lo aconsejaba en su futuro profesional, lo amaba apasionadamente. Y en diciembre del año siguiente el actor perdió a su madre, lo que supuso para él otra aguda crisis.

Cuando conocí a John Travolta convivía con la actriz Marilú Henner, con la que vivió una curiosa experiencia. Resulta que fueron novios una temporada, luego se separaron, ella se casó con otro, acabó divorciándose, para regresar a los brazos de John, al que continuaba queriendo. Pero la vida da muchas vueltas y también acabaron bruscamente. En la actualidad está casado con Kelly Preston, con quien ha tenido tres hijos. Otra vez la tragedia rondó su hogar cuando el primogénito falleció a los dieciséis años de una rara enfermedad. El matrimonio se refugió entonces en la Iglesia de la Cienciología.

Ya me habló John Travolta de la mayor afición que tenía: pilotar aviones. Se había hecho con el preceptivo título y se consideraba muy feliz volando a bordo de su "jet" privado. Me decía: "Vivo en un rancho de Santa Bárbara y no voy a las fiestas de Hollywood, donde te encuentras siempre a la misma gente de tu propia profesión. Volar, volar es lo que me gusta".

Desde entonces no ha perdido esa vocación. Me entero que posee cinco aviones, que pertenece a una asociación aérea y que, fuera de rodar películas, de producirlas incluso o de intervenir en algunas series de televisión, nada hay más que le apasione que surcar los aires con alguno de sus aparatos.

Por otra parte su cotización como actor se mantiene, percibiendo veinte millones de dólares por película. La última de ellas es un "thriller","I Am Wrath, aún no estrenado en España.

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