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Como gomas de borrar

Los hombres son como George Lucas. Y como el Maestro Joao.

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En Supervivientes, el maestro Joao leyó los pezones a Romina Malaspina y a María Jesús Ruiz. Estaban en la orilla de la playa. Ellas, de espaldas a la cámara, se quitaron la parte de arriba del biquini para el vidente. Él dijo que era mejor que estuvieran duros, porque así se podían leer mejor. Y a mí me parecía una nueva versión de Alfredo Landa en No desearás al vecino del 5º. Este, peluquero y presunto gay; el otro, presunto adivinador. Ayer leímos la noticia de que Lizzy Martínez, una alumna de 17 años de un instituto de Florida (EE UU) había sido expulsada de clase porque sus pezones distraían a sus compañeros. Según The New York Post, la alumna decidió ir a clase sin sujetador. Un profesor se quejó por la distracción para el resto de alumnos y la mandó a dirección, donde le explicaron que sus compañeros la estaban mirando (como si ella no se hubiera dado cuenta). Y ella en Twitter tradujo que su instituto básicamente le dijo que la educación de esos chicos era más importante que la suya y que debería avergonzarse de su cuerpo. Como si en el despacho se hubiera encontrado con Piper Laurie, la madre de Carrie.

Violeta Velázquez, la mandamás del centro, pidió a la chica que se pusiera una camiseta apretada debajo de la que llevaba. También le pidió que se moviera para hacer una comprobación. Se seguían marcando, así que la envió a la enfermería para que se pusiera tiritas. La muchacha con los pezones de punta se echó a llorar ante tanta humillación. Cuando el hecho se conoció, el centro lamentó cómo se había gestionado la situación. Lo mismo que ha pasado con el máster de Cifuentes. Pero en el instituto hay un Código de Conducta Estudiantil que dice que los alumnos deben vestir apropiadamente (se habla de limpieza, aseo y pulcritud). La alumna Martínez, que se cree la Rosa Parks de los pezones, ha decidido dejar de usar sujetador en clase como protesta. Yo no sé si presentarse en una clase llena de chicos con hormonas en ebullición y los pezones como gomas de borrar es de ser muy lista. O prudente. Y ya sé que sueno a Ben-Hur, a Sheik Ilderim, el dueño del carro y los caballos con los que Judah compite en la carrera: "Un sólo Dios se entiende, ¿pero una sola mujer? Eso no es sabio. Ni generoso".

Me imagino el pecho de Lizzy como el culo de Marilyn Monroe, contraria a usar faja (aunque admitía que la ropa sentaba mejor cuando la llevabas). Un testigo del acto en el que llevó el famoso y escotadísimo vestido dorado de Travilla, dijo que lo mejor estaba por detrás. Contó que cuando caminaba parecía que tuviera dos cachorros peleándose bajo unas sábanas de seda. Olivia de Havilland tiene la clave sobre el cerebro de la alumna estadounidense. En su libro ‘Todos los franceses tienen uno’ (Confluencias) hay un capítulo dedicado a los sujetadores. A cómo las americanas y las francesas trataban su pecho. Las primeras resaltándolo; las segundas, ocultándolo.

Pero hay una autora más reciente con algo que decir sobre el asunto. En Cómo ser una chica (Anagrama), Caitlin Moran habla de su propia adolescencia. De una chica de 14 años cachonda e inquieta culturalmente que, sin haber cumplido la mayoría de edad, empieza a dedicarse a la crítica musical. Y se da cuenta de lo importante: "El rock exige unos buenos sujetadores, pienso; me agarro las tetas y sigo botando a pesar de todo. Es un detalle que la prensa musical nunca ha mencionado. No se preocupan en nada de orientar a las chicas".

Y acabo con otra autora. Muerta. En Wishful Drinking, Carrie Fishser habla de George Lucas en ‘La guerra de las galaxias’. No podía soportar el peinado de ensaimadas, pero decidió callarse por si la despedían. El primer día de rodaje, Lucas le dijo que no podía llevar sujetador bajo el vestido blanco. "¿Por qué?". "Porque en el espacio no hay ropa interior". La alumna Martínez debe ignorar que todos los adolescentes, es decir, los hombres, son como George Lucas. Y como el Maestro Joao.

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