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Tamara Falcó opina sobre lo que es el campo, subir el meñique y la fobia de Vargas Llosa

Los tres últimos capítulos de Tamara Falcó: La marquesa son toda una exhibición de carácter de la protagonista.

Los tres últimos capítulos de Tamara Falcó: La marquesa son toda una exhibición de carácter de la protagonista.
Tamara Falcó | Netflix

Los capítulos 4, 5 y 6 de Tamara Falcó: La Marquesa, el flamante reality de la marquesa de Griñón en Netflix, continúan contando la vida la chef y aristócrata mientras prepara las obras de El Rincón, el palacio legado por su padre, y su reconversión en un restaurante de lujo ante la incrédula y desconfiada mirada de su madre, Isabel Preysler.

En el capítulo cuarto, titulado "El camino de la fe", Tamara relata con sinceridad cómo encontró consuelo y su identidad propia en la religión. Comienza contando su viaje a Roma y el Vaticano para conocer al Papa, al que entregó una "medallita de la Virgen de mi colección con Tous"... y cómo Francisco se enfadó con ella por razones que al principio le resultaron incomprensibles. Resultó que al Pontífice le molestó el gesto de arrodillarse con la Virgen y por eso le instó a levantarse enseguida.

Más tarde, en la Sierra de Sevilla, Tamara lleva a sus amigas a cabalgar con George Scott, un amigo de la infancia y "espíritu libre" con quien comparte confesiones rurales. Y es que a Tamara le encanta el campo, que define como ese lugar donde solo se escucha "el ruido de la lumbre y de la naturaleza" y donde, enlazando con lo anterior, ella ha encontrado a Dios. El camino de la fe, para la hija de Carlos Falcó, es la única manera de vivir: prefiere -así lo cuenta ella misma- quedarse en casa a "rezar un Rosario que tomarme siete copas".

En el reality hay diversas manifestaciones de carácter de Tamara, que se revela una mujer perfectamente capaz de comandar un equipo de cocina, comunicar sus gustos a la hora de remozar El Rincón ("mi tiempo es limitado", dice con decisión) y, también, decidir qué imagen quiere dar de ella misma en los photoshoots. Ojo al momento en el que se niega a levantar el meñique en una sesión de fotos porque luego "la gente se cree que soy marquesa porque subo el meñique".

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Con Vargas Llosa | Netflix

En el quinto capítulo, Cuenta atrás y un Palacio sin hacer, Tamara Falcó viaja a Nueva York para encontrarse con Mario Vargas Llosa en una gran librería donde se plantean si comprar un original de Flaubert, el escritor favorito del peruano, y otros volúmenes originales de gran valor. Dice Tamara que el Premio Nobel le recuerda a su pareja, Íñigo, porque ambos son muy "inquietos" y nunca sienten "pereza" ante nada. Vargas Llosa, además, le confesará su tremenda fobia a las pepitas ("nunca me comería un kiwi") y las aceitunas.

Tamara también aprovecha su viaje a EEUU para hablar con el chef Dan Barber, un dos estrellas Michelín al que enseña el menú de boda de su tía abuela Paloma que pretende convertir en el eje de su nuevo restaurante. Más tarde, Tamara se planteará qué gallina es mejor, las de Barber o las que ella tiene en el Rincón, que ella define como unas "gallinas pistonudas".

Mientras todo esto ocurre, siguen las obras en El Rincón, una idea que ella define como "un acto de amor" hacia su padre, Carlos Falcó, que siempre quiso conservar y aprovechar ese castillo en las afueras de Madrid. En Madrid, la marquesa visita las instalaciones de Porcelanosa para ver la cocina que le van a instalar, y allí se siente perseguida por uno de los transportes automatizados del almacén: "¡Me persigue un robot!", grita entre risas.

En el sexto capítulo, El Rincón, cena de gala y una noticia inesperada, se centra en la apertura para amigos y familiares del Palacio y el restaurante. Una tensa Tamara hace frente a la preparación de su menú y da los últimos toques a la restauración del edificio, molesta especialmente con el diseño de las luces que hacen asemejarse a su propiedad palaciega a "Eurodisney".

Llega la hora de cocinar para Isabel Preysler, Mario Vargas Llosa, su hermana Ana Boyer y su marido Fernando Verdasco, para Alejandra Onieva y otros amigos, y aquí Tamara lo da todo. Mientras, la familia conversa en la mesa, desvelándose que el Premio Nobel "no ha estado en una discoteca en su vida" y cómo Íñigo Onieva ha logrado que Tamara le acompañe de discotecas...pero solo de vez en cuando: yendo a misa con ella. Al final, su amado novio le regala a Tamara una manta para la moto, pero no un anillo de compromiso. ¿Continuará en la segunda temporada?

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