
El actor Ricardo Arroyo, conocido por su inolvidable papel de Vicente Maroto en la exitosa comedia La que se avecina, ha roto un silencio de años para compartir el durísimo calvario personal y de salud que atraviesa desde que se alejara de los focos. En una reciente y desgarradora intervención televisiva en Telecinco, el intérprete ha revelado que lleva casi dos años ingresado en un centro especializado tras sufrir un colapso derivado del estrés acumulado durante décadas de trabajo frenético en la industria del entretenimiento.
Arroyo ha explicado que el ritmo de rodajes de más de doce horas diarias, sumado a la presión de memorizar guiones y la falta de descanso, terminaron por quebrar su salud mental y física. Durante su relato, el actor detalló que el coste de su recuperación asciende a unos 3.000 euros mensuales, una inversión necesaria para tratar las graves secuelas que aún padece. Entre los problemas más persistentes se encuentran las lagunas de memoria y una preocupante inestabilidad física que le ha provocado cerca de una veintena de caídas en plena calle, lo que le obliga a mantener una vigilancia constante sobre sus movimientos.
Sin embargo, más allá de sus dolencias físicas, lo que más ha dolido al veterano actor es la sensación de abandono por parte de quienes fueron sus compañeros de profesión durante años. Arroyo confesó con amargura que, desde que ingresó en la clínica, el interés de sus colegas de reparto de La que se avecina ha sido prácticamente nulo. Según sus palabras, en este sector uno solo existe mientras está en la cresta de la ola; una vez que la salud obliga a retirarse, el teléfono deja de sonar. El actor lamentó que ninguno de sus antiguos compañeros se haya puesto en contacto con él para interesarse por su estado, una realidad que le hace sentirse profundamente olvidado por el mundo de la televisión.
A pesar de la soledad que siente respecto a sus colegas, Arroyo destacó el apoyo incondicional de su familia y el cariño que todavía recibe de algunos seguidores que lo reconocen y le animan a seguir adelante. Aunque su prioridad absoluta es recuperar la autonomía y poder recibir el alta definitiva para "volver a ser un tío normal", el intérprete no oculta que le gustaría regresar a la interpretación en el futuro, siempre y cuando sea bajo unas condiciones que no vuelvan a poner en peligro su vida. Por ahora, su día a día transcurre entre terapias y el deseo de cerrar un capítulo de aislamiento que ya dura demasiado tiempo.

