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El peppermill o el exceso, siempre bien entendido

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En cada uno de nuestros viajes a Las Vegas, desde que nos casamos hace quince años, hemos visitado el Peppermill con fidelidad devocional. No deja de ser un restaurante más de los Estados Unidos, de esos en los que es imposible pedir un desayuno que no tenga tres huevos, una columna de tortitas, una fuente de patatas… el paraíso. Estando en Las Vegas, el servicio es 24 horas y además tiene un bar-lounge con chimeneas individuales por si prefieres atizarte un cocktail que un almuerzo pantagruélico. Y por supuesto tiene maquinitas tragaperras en el hall.

Pero lo que nos cautiva del Peppermill es su decoración. Tanto es así que ha sido la inspiración para el nuevo salón. Terciopelo rosa, neones azules, paredes lilas, espejos. Por fin está terminado y comenzamos a disfrutar de él.

Comprendo que haya quien no pueda vivir en el exceso decorativo. Conozco perfectamente las leyes del Feng-Shui y sé que las incumplimos todas. Pero para nosotros es importantísimo que nuestra casa o nuestros lugares de trabajo sean un reflejo de lo que somos, de cada una de nuestras filias. Orteguiana a muerte, yo y mis circunstancias. Son pequeñas declaraciones de principios.

Sólo queda colocar algunos cuadros, enchufar la jukebox de singles de vinilo de 45rpm, comprar un pinball (y yo sigo empeñada en que quepa una tragaperras)… y misión cumplida. Un último empujón para el que tenemos que sacar tiempo en este año que se presentaba tranquilo pero que a estas alturas ya sabemos que va a ser un no parar.

Vamos a usar este espacio para comunicarnos, dejarnos recados, enseñarnos las fotos y noticias que descubrimos... para contarnos todas esas cosas que no nos da tiempo a comentar en el día a día. Esto es, en definitiva, un blog cerrado al que sólo tenemos acceso nosotros dos, una extensión de nuestra vida

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