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1930: Fallece el pintor de la mujer, Julio Romero de Torres

El 10 de mayo de 1930 fallecía el pintor Julio Romero de Torres. Tenía una grave enfermedad hepática que le llevaba a escupir sangre y andaba escaso de fuerzas, pero quiso a los cincuenta y cinco años terminar la que sería para muchos su mejor pintura, La chiquita piconera. Julio Romero pintaba al fin sin ataduras, ajeno a la pugna que siempre le había acompañado, el favor del público y el odio de la crítica. Ya no pintaba para subsistir, ni necesitaba añadir encantos postizos a sus obras para colocarlas mejor. La chiquita piconera quiso recoger la esencia de la mujer española y ser la representación de todas las mujeres, de su fortaleza, juventud y misterio. La chiquita piconera mira con mirada triste y descarada. Es casi niña pero ya es mujer y en sus ojos se esconde el futuro de una gran dama o el de una trabajadora humilde.

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1916: Nace Camilo José Cela, el último nobel español

El 11 de mayo de 1916 nacía en Iria Flavia, cerca de Padrón, Camilo José Cela Trulock, en una familia «de cierto lustre y cierta antigüedad». Camilo José se asentó en Madrid con sólo nueve años, pero el medio rural de su niñez estará siempre presente en su caudal literario. Se matricula en Medicina, carrera que abandona, y por indicación de su padre prepara su ingreso en el cuerpo de Aduanas. Camilo es un joven inquieto al que le gusta tomar de aquí y de allí y ni los estudios universitarios ni las oposiciones parecen colmar su interés. Una afección pulmonar, la Guerra Civil y una nueva recaída, marcan su primera juventud. Pasa meses encamado y descubre en la lectura no ya un entretenimiento, sino una pulsión a la que se abandona con disciplina marcial. Devora en su convalecencia los 71 tomos de la Biblioteca de Autores Españoles editada por Rivadeneira, además de las obras completas de Ortega y Gasset. Semejante inyección literaria a una edad tan temprana no pudo más que forjar una sólida vocación.

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1106: Fallece santo Domingo de la Calzada

El 12 de mayo de 1106 fallecía Santo Domingo de la Calzada, patrono de los ingenieros de caminos y santo protector de los peregrinos del Camino de Santiago. Domingo nació en un pueblecito burgalés y de niño fue pastor. En cuanto tuvo edad quiso entrar de fraile pero fue rechazado por los monasterios de Valvanera y San Millán de la Cogolla, al parecer por ciertas taras físicas. Resignado, se asienta en el valle del Oja dispuesto a vivir como ermitaño y servir a Dios, y allí encuentra por fin el sentido de su misión. La zona, impracticable, presa del bandidaje y falta de asistencia es un duro trance para el esforzado peregrino. Trance que el santo se encargará de aliviar.

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1741: Heroica gesta de blas de Lezo en Cartagena de Indias

Lo que ha convertido a Blas de Lezo y Olabarrieta (1689-1741) —el «medio hombre», como se le llamaba por haber perdido en sucesivos combates una pierna, un brazo y un ojo— en el más grande héroe de la Armada española y el mayor de sus estrategas, es su organización de la defensa del puerto de Cartagena de Indias ante los ingleses, en 1741. George Washington tomaría Nueva York en 1776, tras un enfrentamiento prolongado entre sus 10.000 hombres y los 20.000, entre británicos y mercenarios alemanes, con que contaba el enemigo inglés. En 1807, Santiago de Liniers defendería Buenos Aires de los ingleses, que contaban con 23 naves de guerra con 650 cañones y 12.000 hombres, con la mitad de efectivos y un armamento incomparablemente inferior. Pero a Cartagena de Indias fueron enviados en 1741, después de dos intentos fallidos de tomar la ciudad, nada menos que 186 barcos y 24.000 hombres. Blas de Lezo sólo tenía seis naves y 3.000 hombres. Las diferencias en armamento y número de soldados eran abrumadoras, pero Lezo no sólo repelió al atacante, sino que le infligió incontables bajas. Nadie, nunca, ni antes ni después, logró emular semejante hazaña. La elección de Blas de Lezo para comandante del apostadero de Cartagena de Indias, hecha por Felipe V, revela hasta qué punto el Rey era buen juez de hombres, aunque es cierto que su trayectoria le avalaba. Había perdido la pierna izquierda en Málaga, durante la Guerra de Sucesión Española, en un enfrentamiento del conde de Toulouse, a cuyas órdenes se encontraba Lezo, con la escuadra anglo-holandesa del almirante Rourke. En la defensa de Tolón, sitiada por los ingleses en 1707, perdió el ojo izquierdo. A los veintitrés años, en 1710, alcanzó el grado de capitán de fragata. Ya era capitán de navío en 1713, cuando se inició uno de los últimos y más reñidos episodios de la Guerra de Sucesión: el sitio de Barcelona, que duraría hasta el 11 de septiembre de 1714. Allí, Lezo perdió el brazo derecho en su heroica acción, que le llevó a sacrificar parte de su escuadra: incendió varios barcos para poder pasar entre ellos en medio de la humareda. Ni su coraje ni su fidelidad a la corona conocían límites, y jamás discutió una orden: se arreglaba con lo que tenía. Murió cuatro años más tarde en la misma Cartagena.

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1761: Carlos III, el mejor alcalde de Madrid

El 14 de mayo de 1761 Carlos III aprobaba las ordenanzas para el empedrado y la limpieza de las calles de Madrid, una de las iniciativas que harían del Rey el gran embellecedor de la capital del reino. Carlos III fue considerado el mejor alcalde de Madrid, y eso que tuvo que salir despavorido después del Motín de Esquilache y nunca volvería a fiarse de los madrileños. Fue por ello un rey contradictorio. Tocado con la varita del progresismo, pese a ser su reinado la plenitud del Despotismo Ilustrado, enfrentado a la Iglesia siendo un hombre devoto y de misa diaria, identificado con Madrid e inquilino de todos los palacios de fuera de la capital.

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1130: San Isidro Labrador

Poco sabemos de la vida del santo patrono de la ciudad de Madrid y de los agricultores, san Isidro Labrador, llamado Isidro de Merlo y Quintana. Sin embargo, algunos datos se han podido recoger. Su lugar de nacimiento puede situarse en lo que hoy es la calle de las Aguas, en el barrio de La Latina de la capital española, que por entonces era rural, alrededor de 1080. En 1110, la ciudad fue tomada por los musulmanes e Isidro, como muchos otros, emigró a Torrelaguna, donde conoció a la que sería su esposa, María, mujer tan piadosa como él —que ascendería a los altares como Santa María de la Cabeza— y que aportó como dote unas tierras en Uceda, a donde se trasladaron. Marido y mujer decidieron, sin embargo, años después y teniendo ya a su único hijo, el futuro San Illán, separarse para llevar una vida en castidad. Isidro regresó a Madrid en 1119 y vivió junto a la iglesia de San Andrés, donde acudía a la primera misa cada día, antes de cruzar el Manzanares para labrar las tierras de Juan de Vargas. María permaneció en Caraquiz, cuidando de la ermita y pidiendo limosna para el aceite de la lámpara que alumbraba la imagen, hasta que un ángel le anunció que su marido iba a morir: entonces se reunió con él, ya muy enfermo, y permaneció a su lado hasta el final. La generosidad de Isidro era proverbial, ya que daba a los más pobres que él, que lo era mucho, todo lo que poseía. María, de quien se decía que le había sido infiel, dio prueba de su inocencia andando sobre las aguas del río Jarama. Al morir Isidro, regresó a Caraquiz. Él fue enterrado en el cementerio de su parroquia, San Andrés, como pobre de solemnidad. Pero entre el pueblo corrían rumores sobre sus prodigios y, al cabo de cuarenta años, se lo exhumó y se lo trasladó al interior del templo. El cuerpo se mantenía incorrupto, tan natural como en vida, y lo mismo sucedió cuando Alfonso VIII entró en Madrid tras vencer en las Navas de Tolosa y lo hizo poner en un arca pintada con escenas de la vida del santo. Paulo V lo beatificó en 1619, por ruego de Felipe III, lo cual fue celebrado en la villa y corte: en esa ocasión se inauguró la Plaza Mayor de Madrid. Fue canonizado por Gregorio V en 1622, y en 1657 se iniciaron las obras de la capilla de San Isidro, modelo del barroco, junto a la iglesia de San Andrés, a la que fue trasladado el santo en 1669. Finalmente, en 1789, Carlos III mandó llevar los restos al Colegio Imperial, que cambió su nombre por el de Iglesia Real de San Isidro, más tarde catedral de Madrid.

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1540: Nace San Pascual Bailón

Pascual Bailón Yubero nació en Torrehermosa, provincia de Zaragoza, el 16 de mayo de 1540, día de Pascua de Pentecostés. Moriría igualmente en Pascua, el 17 de mayo de 1592. Fue fraile y es patrono de las obras, asociaciones y congresos eucarísticos, y de la diócesis de Segorbe-Castellón. Aprendió a leer sin ayuda en los devocionarios, siendo pastor. Posteriormente, emigró a Valencia, donde, en una ermita de Orito, en Monforte del Cid, provincia de Alicante, llamada ahora Ermita de la Aparición, Pascual tuvo una visión de Jesucristo en la Eucaristía. Allí, en Orito, pidió ingresar en la orden franciscana. En 1564 tomó los hábitos en el convento de San José de Elche, Alicante, y profesó en Orito al año siguiente. Los milagros obrados por San Pascual tuvieron gran repercusión en su tiempo: se atribuyen a este asceta la multiplicación de panes para los indigentes, curaciones, profecías cumplidas y el hacer manar agua de una piedra para aliviar la sed de los necesitados. La tradición afirma que, en la misa de réquiem, abrió los ojos en el momento de la consagración para adorar al Santísimo Sacramento.

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1509: El cardenal Cisneros conquista Orán para Fernando el Católico

El 17 de mayo de 1509 las tropas españolas tomaban la ciudad argelina de Orán, refugio de los moriscos que asolaban el Mediterráneo. La conquista de Orán fue un proyecto personal del cardenal Cisneros, que rendía así su último servicio a Isabel la Católica y a su testamento, en el que pedía no cesar en la conquista de África. La expansión por África implicaba la desarticulación de los principales puertos y enclaves del Mediterráneo y el establecimiento de un cordón de seguridad, de forma que las futuras hostilidades con los musulmanes se trasladasen a sus propias costas. Cisneros ideó y financió la operación con sus rentas personales y fue tal su empecinamiento que el Rey Católico le permitió comandar la expedición, poniendo a su lado a un militar de experiencia como Pedro Navarro, veterano de las guerras de Italia junto al Gran Capitán y artífice de la ocupación del Peñón de la Gomera en 1508. La relación entre ambos no fue precisamente buena. Al soldado le incomodaba la intromisión del primado, de setenta y tres años, en el mando militar de una empresa tan ambiciosa, pero Cisneros permaneció hasta el final haciendo su entrada triunfal en la plaza conquistada el 18 de mayo.

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1909: Fallece el gran músico Isaac Albéniz

La vida y la muerte del gran músico español Isaac Manuel Francisco Albéniz (1860-1909) han estado siempre rodeadas de leyendas. La más difundida es la que se refiere a su supuesta condición de judío, lo cual es falso. La que sigue en importancia es la de que murió loco, cosa rigurosamente inexacta: el deceso de Albéniz se debió a lo que en la época se llamaba «enfermedad de Bright», una nefritis degenerativa, muy dolorosa y que produce edema en todo el cuerpo, lo cual le llevó a una grave depresión, pero en ningún caso a la demencia. Por último, se dijo que había estudiado con Franz Liszt, al que no llegó a conocer. Vivió sólo cuarenta y ocho años, dedicados casi en su totalidad a la música. Niño prodigio, actuó por primera vez en público como pianista a la asombrosa edad de cuatro años. A los seis, su madre lo llevó a París, donde estudió durante nueve meses con Antoine François Marmontel, profesor del Conservatorio, en el que no fue admitido por ser demasiado joven. A los siete, nuevamente en España, dio varios conciertos y publicó su primera composición: Marcha militar. No tardó en ser conocido fuera de España y en 1875 dio conciertos en Puerto Rico y Cuba, además de Barcelona, Valencia y Salamanca. Al año siguiente, ingresó en el Conservatorio de Leipzig, donde sólo pasó dos meses, y luego en el de Bruselas, con una beca otorgada por Alfonso XII. Allí ganó en 1879 el primer premio de interpretación en piano. Tras una gira por Suramérica, en 1883 se estableció en Barcelona, donde conoció a Felipe Pedrell (1841-1922), defensor de la música con raíces nacionales —en la línea de Diaghilev en el ballet—, que tuvo enorme influencia. De esa inspiración nació la obra maestra de Albéniz, la suite Iberia (1909), así como también la Suite Española, las Seis danzas españolas, la Rapsodia española y el Concierto fantástico, compuestas entre 1886 y 1887, después de su matrimonio con Rosita Jordana, que era su alumna. La carrera de Albéniz como intérprete fue también importantísima y nunca sus labores como compositor le impidieron ser un pianista de fama universal. En Londres comenzó a colaborar con Francis Money-Coutts (Lord Latymer), un banquero británico que escribía dramas poéticos y necesitaba un músico que lo ayudara a ponerlos en escena. Esta relación resolvió en gran medida los problemas económicos de Albéniz. Además, el maestro compuso también tres zarzuelas, que se estrenaron pero cuyas partituras no se conservan.

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1912: Fallece Marcelino Menéndez Pelayo, una mente prodigiosa

Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) es el modelo eximio del «polígrafo», esto es, un hombre que escribe acerca de los temas más diversos, siempre con solvencia y tras cuidadosas investigaciones. Sus campos de actividad van desde la historia de las ideas (a la que aportó una obra fundamental que conserva todo su valor, la Historia de los heterodoxos españoles) hasta la crítica literaria, de la que legó una obra cumbre, la Antología de poetas hispano-americanos (1893-1895) en cuatro volúmenes, que en su reedición tituló Historia de la poesía hispanoamericana. Lo mismo sucedió con su Antología de poetas líricos castellanos (1890-1908), en trece tomos reimpresa en 1911 con el título de Historia de la poesía castellana en la Edad Media. Asombra la extensión de la labor de Menéndez Pelayo en sus cincuenta y seis años de existencia. Hizo el bachillerato en Santander y los estudios universitarios en Barcelona y Madrid. Liberal en sus primeros años, terminó enfrentado con los krausistas y los hegelianos —con los que polemizó en La ciencia española (1876)—. En Madrid, además de obtener su cátedra, frecuentó la tertulia de Juan Valera. Fue miembro de la Real Academia Española (1880), diputado (1884-1892), director de la Biblioteca Nacional de España (1898 y 1912) y director de la Real Academia de la Historia (1909). En su madurez reasumió algunos aspectos de su liberalismo de juventud, aunque desde un punto de vista esencialmente católico. Es célebre su enfrentamiento de años con Benito Pérez Galdós, de quien, sin embargo, terminó siendo amigo tras rectificar algunas duras críticas a su obra. Es también autor de una Historia de las ideas estéticas en España (1883-1891) en cinco tomos, en la que, al igual que en La ciencia española, reivindica una tradición nacional distinta del resto de las europeas. Cinco volúmenes ocupan susEstudios de crítica literaria y cuatro los Orígenes de la novela. La edición de sus Obras completas, en 1940, a las que posteriormente se añadirían el Epistolario y la Bibliografía, llevó 65 tomos. La obra de Menéndez Pelayo fue continuada por su sobrino, Ramón Menéndez Pidal, y su discípulo, Adolfo Bonilla y San Martín.

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