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1797: Nelson pierde un brazo en su intento de tomar Tenerife

El 25 de julio de 1797 el almirante inglés Nelson perdía su brazo izquierdo en el intento de tomar Santa Cruz de Tenerife. La guerra se libraba en el Atlántico, océano cuyo dominio era para los ingleses casi una cuestión de honor. Los españoles habían iniciado el conflicto con dos terribles derrotas, en el cabo San Vicente a manos de los almirantes Jarvis y Nelson y en las Antillas, con la pérdida de la Isla Trinidad. Sin embargo, la heroica resistencia de San Juan de Puerto de Rico iba a suponer un punto de inflexión.

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1875: Nace el poeta Antonio Machado

El 26 de julio de 1875 nacía en Sevilla Antonio Cipriano José María y Francisco de Santa Ana Machado Ruiz, segundo hijo del folclorista Antonio Machado Álvarez, apodado Demófilo. A los ocho años Antonio marcharía con su familia a Madrid al obtener su abuelo una cátedra de Ciencias Naturales. De nada le sirvió su influencia. Fue un mal estudiante que no se libró de suspender Lengua y Francés, las dos actividades con las que se ganaría la vida. Hasta 1900 no terminaría el Bachillerato. Tenía por entonces veinticinco años y era un joven aficionado a la noche y al flamenco, bebedor y mujeriego, poetilla sin el brillo de su hermano, que apuntaba de un lado a otro en busca de un porvenir.

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1723: Se inaugura y bendice el palacio de La Granja

Felipe V, que fue rey entre 1700 y 1746, llamaba al Real Sitio de La Granja «mi pequeño Versalles», aunque las semejanzas con éste no sean precisas. El primer Borbón, gran reformador, no gustaba de las severidades de los Austrias y encargó al arquitecto Teodoro Ardemans un palacio barroco. El propio rey había descubierto en una cacería el lugar adecuado en San Ildefonso, Segovia. Había habido allí una granja, propiedad de los jerónimos del monasterio de El Parral, a los que se compró el terreno, muy próximo a Segovia y a poco más de 80 kilómetros de Madrid. Ardemans recibió el encargo en 1718 y el rey aprobó el proyecto, que debía conservar las construcciones previas, en 1719. La inauguración y bendición del palacio de la Granja tuvo lugar el 27 de julio de 1723, lo que no impidió que más tarde se fuera haciendo añadidos. Primero se edificó la capilla o Real Colegiata de la Santísima Trinidad —en cuyo interior se encuentra la capilla de las Reliquias y Cenotafio Real, donde yacen Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, en un mausoleo— y el palacio, en la parte central, con las dos torres de poniente, los patios, el de Coches y el de la Herradura, y la torre de Damas. El Palacio es una de las residencias de la Familia Real Española y, además de servir más de una vez como refugio de la misma en situaciones políticas confusas, fue su residencia veraniega hasta Alfonso XIII. Cristina de Suecia, que había abdicado en 1654 para exiliarse en Roma y convertirse al catolicismo, había formado en la capital italiana una colección de esculturas que Felipe V adquirió para La Granja, donde fueron instaladas sobre peanas, que aún se conservan en sus lugares originales, si bien ahora sostienen réplicas de escayola, ya que las piezas fueron trasladadas en el siglo xix al Museo del Prado. En un incendio que se produjo en 1918, algunos de los frescos del interior se vieron dañados, de modo que posteriormente las salas en las que se encontraban se destinaron a la exhibición de tapices: allí se encuentran las series de tapices El Apocalipsis y Los Honores. El conjunto del Real Sitio está compuesto por el palacio y los edificios anexos, distribuidos en semióvalo, y los jardines, diseñados por el jardinero francés René Carlier y que se encuentran entre los más bellos del siglo xviii, con veintiséis fuentes monumentales, cuyo sistema de cañerías y desagües fue reparado durante el reinado de Isabel II y continúa funcionando.

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1588: «Yo no mandé a mis barcos a luchar contra los elementos»

El 28 de julio de 1588, incapaz de derrotar a la flota inglesa y mermada por las inclemencias meteorológicas, caía derrotada la Gran Armada. La invasión de Inglaterra había sido imposible. Quizás la flota distaba mucho de ser «invencible», pero el plan pergeñado por Felipe II no era en absoluto descabellado. En el mejor de los casos, sus tropas habrían entrado en Londres y provocado un levantamiento de los católicos opositores al régimen Tudor. En caso menos favorable, el asedio debería haber supuesto importantes concesiones, como la tolerancia del culto católico y la cesión de los territorios británicos en los Países Bajos. El plan podía ser factible pero su ejecución dejó malos presagios desde el principio. El marqués de Santa Cruz, capitán de la flota, moría el 9 de febrero y era sustituido por el duque de Medina Sidonia, hombre de autoridad incuestionable, pero de menor experiencia naval. Luego llegaron las tormentas y las demoras que empeoraban el estado de los víveres.

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1520: La revuelta comunera se constituye en la Junta Santa

El 29 de julio de 1520 se constituía en Ávila la Junta Santa, el órgano de gobierno de los comuneros de Castilla. La de los comuneros pudo haber sido la primera revolución política de la Edad Moderna. Fue un levantamiento burgués que pretendía poner coto al absolutismo de Carlos V y a la usurpación de cargos de su séquito extranjero. Carlos llegaba a España para reinar sin hablar palabra de español, traía una enorme y antipática corte holandesa y venía a pedir dinero para su coronación imperial en Alemania. Los problemas venían de atrás, pero fue salir el rey de España y estallar la revuelta. Los comuneros quieren a un rey centrado en los asuntos de España y más españoles en los cargos clave de la Administración. Luchan por un gobierno cercano, por elegir a sus procuradores sin intromisiones, es decir, velan por sus intereses y quieren mantener sus privilegios. Pero aún van más allá. Los comuneros querían hacer de las Cortes de Valladolid un Parlamento moderno, capaz de vetar las actuaciones del monarca y obrar con autonomía, toda una subversión de poderes para la época. Y en su ambición se les fue la mano. En Segovia, los comuneros mataron a los procuradores por su conformismo a la hora de poner dinero para la ambición imperial de Carlos. La revuelta se fue recrudeciendo y el regente, Adriano de Utrecht, no veía la forma de pararla. Los comuneros, muy organizados, formaron una junta central en Ávila que llamaron Santa Junta. Cada ciudad aportaba un líder. Toledo a Juan Padilla, Segovia a Juan Bravo, Salamanca a Pedro Maldonado. En septiembre toman Tordesillas, refugio de Juana la Loca, y ponen la rebelión a su servicio, pero la madre del rey Carlos no aceptó enbacezar una rebelión contra su hijo. Entonces surge algo inesperado. Alentada en el furor de los insurgentes, la pequeña villa de Dueñas se une al levantamiento, pero no se opone al rey flamenco, sino a los nobles dominantes, los condes de Buendía. Hasta entonces la nobleza contemplaba complacida el movimiento con frívola curiosidad por saber cómo reaccionaría el monarca. Ahora la revolución se extendía a su ámbito y ponía en duda sus privilegios. La cosa cambiaba. Con la nobleza involucrada, los comuneros caerán en Villalar el 23 de abril de 1520. El sueño revolucionario había terminado.

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1914: España declara su neutralidad en la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial estalló el 28 de julio de 1914. Dos días más tarde, el 30, el gobierno de Eduardo Dato declaró la neutralidad española en el conflicto, aunque hasta el 7 de agosto no se publicara el decreto real en el que Alfonso XIII decía verse en el «deber de ordenar la más estricta neutralidad a los súbditos españoles con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho Público Internacional». No obstante, no todos los españoles consideraban que aquella fuese la posición más adecuada para el país, sobre todo porque había quienes simpatizaban con un bando o con otro y consideraban que España debía intervenir en cualquier caso. El Rey y el carlista Vázquez de Mella, por ejemplo, eran decididamente germanófilos, ya que veían en la disciplina y el industrialismo alemán un modelo a imitar. El conde de Romanones, Alejandro Lerroux, Antonio Maura y hasta el entonces joven Manuel Azaña eran aliadófilos, en la medida en que veían a Francia e Inglaterra como modelos de democracia y liberalismo. En la revuelta España de aquella época, marcada aún por el Desastre del 98, y por las huelgas y represiones que tuvieron su cenit en la Semana Trágica de Barcelona en 1909, el país entero se hallaba dividido en el apoyo a los distintos bandos. Romanones, que había hecho pública su aliadofilia desde el principio, ganó las elecciones en diciembre de 1915 y gobernó de 1916 a 1917. Coincidió su llegada a la presidencia del Consejo de Ministros con el torpedeo por submarinos alemanes —entonces un nuevo elemento en la guerra— de barcos españoles, lo cual le dio pie para enfrentarse a Alemania, al menos en el terreno diplomático. Pero eso abrevió su estancia en el poder: la prensa proalemana, que era casi toda, se aferró a los problemas sociales sin resolver en España para bombardearlo sin cesar, hasta lograr su dimisión. Pero, más allá de las buenas intenciones de cada uno, España era un país atrasado, fundamentalmente agrícola y con escaso desarrollo industrial —dos cosas que inhabilitan para que la entrada en una guerra dé algún beneficio—, el ejército apenas si daba para atender a los enfrenamientos de Marruecos —se acababa de crear la rama aeronáutica—, y el problema de Gibraltar era un inconveniente grave para apoyar a Inglaterra. La guerra pasó sin nuestra intervención.

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844: Los temibles vikingos asoman por el norte peninsular

El 31 de julio de 844 la singular silueta de los drakkars vikingos asomó por las costas del reino de Asturias. Se sabe que al día siguiente una expedición llegó hasta Gijón aunque poco debió interesarle esta ciudad porque enseguida volvieron a embarcar para tomar rumbo a La Coruña. Allí les sorprendió el imponente faro romano de la Torre de Hércules y debieron pensar que junto a tal monumento habría importantes ciudades y riquezas, pero ni en el pequeño asentamiento que por entonces era la ciudad, ni en la vecina Brigantium (Betanzos) encontraron botín digno de saquear. Ya debía estar avisado el rey de Asturias, Ramiro I, de la inquietante presencia porque no tardó en formar un ejército y enfrentarse al desconocido invasor en tierras gallegas. El enfrentamiento fue feroz, al menos lo fue para los normandos, que salieron despavoridos perdiendo muchos hombres y, según las exageradas crónicas de entonces, también sesenta barcos.

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1648: Fallece San José de Calasanz, el fundador de los padres escolapios

El 26 de agosto de 1648 moría el fundador de los Padres Escolapios, San José de Calasanz. Desde su temprana educación cristiana a cargo de un grupo de religiosos, José sintió una única y entusiasta vocación, la de salvar almas. No fue fácil convencer a su padre, noble aragonés, que quería que su primogénito administrase sus bienes y optase por una vida de armas. Pero entonces le sobrevino a José una fuerte enfermedad que afrontó con una promesa: encomendar su vida a Dios si sobrevivía. No hubo más remedio que permitir la ordenación sacerdotal del futuro santo. A nadie debía sorprender. Desde pequeño mostró una inclinación a la santidad que al principio molestaba a sus compañeros, por creerla impostada, pero al tiempo acababa por sobrecogerlos. Su vida entera fue una lucha contra el mal y por agradar a Dios.

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1166: El rey-niño Alfonso VIII es aclamado en Toledo

El 26 de agosto de 1166 la familia Lara recobraba Toledo y la ciudad aclamaba a su rey. Alfonso VIII había heredado el reino de Castilla con sólo tres años. Antes de morir, Sancho III había encomendado la custodia de su hijo a Gutierre Fernández de Castro, noble castellano en el que confluían los linajes del conde Ansúrez y de García Ordóñez. Los Castro estaban en rivalidad con la casa Lara, otra poderosa familia castellana descendiente de Gonzalo Núñez. De la lucha entre los Castro y los Lara dependería el futuro de Castilla y la suerte del pequeño Alfonso.

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1545: Nace Alejandro Farnesio, el estigma de la Gran Armada

El 27 de agosto de 1545 nacía en Madrid Alejandro Farnesio y Habsburgo, duque de Parma, valioso militar español veterano de Lepanto y las guerras de Flandes, que tuvo una importante implicación en el desastre de la Armada Invencible. Hijo de Margarita de Parma, la hija natural de Carlos V, Alejandro Farnesio era sobrino de Felipe II y de don Juan de Austria, a cuyas órdenes se batiría en Lepanto. Después de aquella gesta don Juan fue enviado a Flandes y Alejandro acudiría de nuevo a la llamada de su tío, distinguiéndose como comandante en la batalla de Gembloux.

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