Como a Messi, a Yamal no se le puede mirar a los ojos
De la reacción a mi comentario sobre el mal Mundial que, hasta ahora, está haciendo Lamine Yamal, se deduce que, efectivamente, yo tenía razón y a este chico no se le puede afear nada ni ser crítico con él. Insultos al margen, que esos me resbalan por supuesto, lo fundamental es que, al parecer, a Yamal no se le puede criticar porque juega con España. Y si, jugando con la selección, alguien critica a Yamal, es porque es antiespañol. El argumento, si me lo permitís, es digno de un votante del PSOE. Pues, ¿queréis saber algo?: llegáis tarde, queridos, llegáis tarde. Porque con Álvaro Morata, sin ir más lejos, fuimos todos muy críticos y aquí nadie salió ni a defenderlo ni por supuesto a decir que criticarlo fuera antiespañol. Morata es un deportista profesional, gana mucho dinero dedicándose a lo que más le gusta, es un futbolista de élite y cuando está bien se le elogia desmedidamente y cuando está mal se le critica con dureza. Y antes que a Morata a muchísimos más, por ejemplo a Míchel. Lo de Míchel sí que fue una campaña y de las gordas, se le dijo absolutamente de todo llegando incluso al ámbito personal y a nadie se le ocurría decir que era antiespañol criticar deportivamente al futbolista del Real Madrid y luego del Atleti. Porque, y esto no sé si os lo he dicho, la crítica es deportiva y no humana. Quiero decir, cuando se criticaba a Míchel o a Morata se estaba criticando a los futbolistas y no a las personas, como ahora sucede con Lamine Yamal. Se critica la actuación del jugador y no el color de su piel, la ascendencia de sus padres o la religión que profesa.
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¿Se puede decir ya que Yamal está haciendo un Mundial horrible?
Nada, que nos tenemos que comer con patatas a Lamine Yamal. Nos lo tenemos que comer con patatas sí o sí. Nos lo tenemos que comer con patatas por el artículo 33. Si juega bien, es el mejor del mundo sin discusión y a quien, cuando juega bien, se le ocurre discutir que es el mejor del mundo, se le acusa de no tener ni idea de fútbol. Es el mejor del mundo cuando juega bien. Por delante de todos. Porque, además, si no lo es por su fútbol, lo es por su edad. Cuando juega bien es el mejor del mundo porque ninguno de los demás futbolistas hacía lo que hace Lamine Yamal a su edad. Pero, ¿y cuándo juega mal? Antes que nada, ¿cuándo Lamine juega mal se puede decir que juega mal o no se puede decir que juega mal? Porque, sinceramente, cuando juega mal y lo dices, te miran mal por decirlo porque, claro, como solo tiene 18 años… No puedes criticarlo cuando juega mal porque tiene 18 años pero esos mismos 18 años son utilizados, cuando juega bien, para marcar las diferencias con el resto de futbolistas del planeta: ¡Es que él tiene 18 años! Por supuesto. Y antes tenía 17. Y después tendrá 19. A eso se le llama cumplir años. Creedme: no lo ha inventado Yamal.
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Pide perdón, Julián, pide perdón
No es el qué, nunca lo ha sido de hecho, es el cómo. Si hubiera sido el qué, miles de clubes habrían denunciado a otros tantos miles por haber negociado con jugadores con contrato en vigor. Cuando oigáis a alguien que se pregunta en voz alta eso, "¿No ha negociado nunca a lo largo de la historia del fútbol ningún club con ningún jugador con contrato en vigor?", tenéis delante de vosotros a una persona que os está tomando por auténticos imbéciles. Por supuesto que eso se hace, naturalmente que sí. Por supuesto que los clubes que están interesados en futbolistas que tienen contrato con otro equipo contactan con ellos. Pero, insisto, nunca ha sido el qué, en el caso del Fútbol Club Barcelona siempre se ha tratado del cómo.
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Pedro Martínez: ¿no había otro?
El fichaje bomba del Mundial de fútbol ha sido… un entrenador de baloncesto. Espero que no digan que esto también desestabiliza a la selección, más aún cuando hoy mismo el Atlético de Madrid ha confirmado el fichaje de Grimaldo. Leía a Garuba decir que con un pivot sano el Real Madrid habría ganado la Euroliga, y es muy probable. Sólo con Tavares o con él en condiciones, hoy el Real Madrid sería campeón de Europa. Y posiblemente habría competido más por la Liga de lo que lo hizo. Scariolo ha tenido mala suerte pero Sergio no cayó de pie en su segunda etapa al frente del equipo. Le costó arrancar con muchas caras nuevas, demasiadas, y un banquillo NBA que nadie entendió, y se encontró con la contestación del Palacio, que no es algo que sucede muy habitualmente, la verdad sea dicha. Y, con mala o con buena suerte, lo ha perdido todo, ha perdido todo lo que ha jugado, de lo más importante a lo más insignificante, y eso de perder en el Real Madrid está especialmente mal visto. No gusta perder en el club, son así de raritos.
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Vini, cuestión de Estado... merengue
Cuatro goles en tres partidos, otro gol más, que debería haber sido el quinto, anulado injustamente, y tres veces elegido MVP: o sea, tres veces elegido el mejor jugador en los tres partidos. Los mismos goles que Mbappé y Haaland y uno menos que Messi, que ha marcado 5 pero al que, en realidad, sólo deberían haberle contabilizado 3. Ese es, hasta la fecha, el Mundial de Vinicius Júnior. Líder de Brasil tanto dentro como fuera del campo, faro de una selección histórica, la única pentacampeona, que va creciendo a medida que avanza el campeonato, y un jugador que no ha tenido el más mínimo problema con nadie en ninguno de los tres encuentros disputados hasta la fecha. Ni uno. Vamos, de hecho Vinicius no tiene nunca ningún problema... salvo en España. En un momento deportivo muy delicado para Brasil, a Vinicius le reclamaban en su país que diera un paso al frente y él ha dado tres. ¿Qué sucederá a partir de ahora? ¿Se confirmará ese crecimiento? ¿Hasta dónde llegará Brasil? ¿Podría ganar el Mundial? ¿Seguirá siendo tan efectivo en el futuro inmediato Vinicius? Pues para responder a todas esas preguntas deberemos esperar quince días más, pero si tuviéramos que ponerle hoy, ahora, en este momento, una nota al Mundial de Vini, debería ser un sobresaliente.
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Se ofenden por Cucurella pero miraron hacia otro lado con Nico Williams
Supongo que al equipo de opinión sincronizada no le importará tanto que algunos clubes toqueteen a jugadores de otros equipos con contrato en vigor y en pleno Mundial mientras el tocón no sea el Real Madrid, ¿no? Se monta un escándalo si se trata del Real Madrid. Es todo una afrenta. Un deshonor. Hay que batirse en duelo para solucionarlo. Duelo a primera sangre. No se puede aguantar semejante ultraje al equipo nacional español. ¡Viva España! Claro que, conociéndolos, inmediatamente dirán: "Pero si Julián es argentino". Y en eso tienen razón. Es argentino. Y, además, el que está tocando las narices no es el Real Madrid sino el Fútbol Club Barcelona, "marca España", como decía aquel secretario de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte. Hombre, es un argentino que juega en otro equipo español, pero al fin y al cabo desestabiliza a una selección que no es la española y pone de los nervios a un equipo que no es el Barça sino el Atlético de Madrid.
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Julianito, ¡otro que tiene un sueñecito!
Hace años, en el fútbol de los 70, el futbolista no firmaba un contrato con el club, se casaba con él. Y era para toda la vida, no había divorcio. Era casi, casi, hasta que la muerte los separara. Si no quería el presidente del equipo de turno, para el jugador resultaba de todo punto imposible marcharse a otro equipo. O sea, hace años, en el fútbol de los 70, el futbolista no podía cumplir con sus sueños. O, para ser exacto, antes el futbolista no tenía sueños. Jugaba al fútbol y punto. Y respetaba lo firmado. Y de aquel extremo, en el que las llaves del jugador las tenía su club, y que tampoco era justo, hemos pasado al actual, en el que las llaves del club las tiene el jugador. El futbolista, que habitualmente suele ser mayor de edad, se sienta con el ejecutivo del club que toque ese día y, en presencia de su propio representante, le pone rúbrica al documento (al contrato) que previamente se ha negociado entre las partes. Es libre para hacerlo. Y también es libre para no hacerlo.
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De la Fuente y el comodín del periodismo
La pregunta es: después del catastrófico empate ante una selección que completó su convocatoria a través de LinkedIn, ¿era posible que España perdiese o volviera a empatar en el segundo partido ante Arabia Saudí? La selección española aparece ahora mismo clasificada en la tercera posición del ranking de la FIFA tan sólo por detrás de Argentina y de Francia mientras que Arabia, que ha subido dos puestos por cierto, se encuentra en la posición 59 del mundo. ¿Las hay peores? Claro, a partir de la número 60. Pero entre la número 3 y la número 59 del mundo hay una diferencia que tiene que notarse necesariamente sobre el terreno de juego. Y no tiene que ser con los jugadores que De la Fuente se ha llevado al Mundial, no. Quiero decir, te llevas a otros 25 distintos y la distancia entre el nivel del fútbol español y el árabe tiene que ser como mínimo de 4-0. O más. De ahí surge precisamente la sorpresa por el empate a cero ante Cabo Verde, que está clasificada en la posición 63, en el partido inaugural.
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El afán desestabilizador del señor Pérez no conoce fronteras
Para el Real Madrid no existen fronteras en su afán desestabilizador. Primero, si recordáis, atacó con saña a la selección nacional de España. Hasta Chattanooga, en el estado de Tennessee, marcharon los peligrosos hombres de negro del perverso Florentino Pérez con la única misión de sacar de quicio a un futbolista en concreto, Marc Cucurella. Y con ese objetivo trazado desde el mismísimo epicentro del mal, situado en el estadio Santiago Bernabéu, en concreto en la T4, y cuando menos se lo esperaban los inocentes hombres del angelical Luis de la Fuente, ¡zas!, ¡te pillé!, ¡ya no te escapas!, el Real Madrid anunció a traición y por la espalda el fichaje del lateral izquierdo catalán. A veinticuatro horas de un partido trascendental y ante un rival peligrosísimo, la letal selección de Cabo Verde, el Real Madrid soltaba la bomba y desconcentraba a todos. Ante la selección se abría de repente un profundísimo abismo de consecuencias imprevisibles.
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Los envenenadores de Lopetegui van ahora a por Cucurella
Dos días antes de debutar con España en el Mundial de 2018, Luis Rubiales, el presidente de la Federación Española por aquel entonces, tomaba una decisión inédita y que no creo que vuelva a repetirse en la historia del fútbol mundial: destituir a su seleccionador. Resulta que el 12 de junio de hace ocho años, Julen Lopetegui y el Real Madrid habían llegado a un acuerdo para las siguientes tres temporadas y el club blanco pagó los 2 millones de euros de la cláusula de rescisión. Como Julen es un hombre esencialmente bueno no quiso que sus conversaciones, que fructificaron como digo, fueran vistas como algo oscuro, algo turbio. Podrían haber llegado perfectamente a ese mismo acuerdo sin conocimiento público, dirigir tranquilamente a España durante el Mundial, abonar la cláusula una vez acabada la participación de la selección y santas pascuas, se acabó. Pero no, nos encontramos con un hombre honrado que quería gritarle al mundo que había firmado con el Madrid, sí, pero que su trabajo de dentro de un mes no tenía por qué interferir en su trabajo durante junio y que, por lo tanto, no tenía absolutamente nada que esconder.
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