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Valonia: los motivos para planificar un viaje a esta sorprendente región de Bélgica

Valonia existe, está ahí esperando ser visitada, en mitad de Europa, frontera con Francia, al sur y Alemania al este. Es la región francófona más grande de Bélgica, aunque con mucha menos población que Flandes, su vecina del norte. Cruce de caminos y de personajes históricos, su territorio ha visto pasar grandes momentos de la Historia con mayúsculas a lo largo de los siglos. Además de la riqueza de sus pequeños pueblos y espacios naturales, destacan ciudades como Lieja, Dinant, Namur o Mons.

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Desde varios kilómetros de distancia se puede apreciar la colina artificial con un león de hierro en su cumbre que se erigió en el lugar exacto donde Napoleón perdió su batalla definitiva y que hoy en día es uno de los monumentos más célebres de Bélgica.

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Uno de los guías del memorial de Waterloo señala un punto importante del terreno donde se desarrolló la famosa batalla.

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En Mons, es necesario tomar como punto de partida la plaza central y el ayuntamiento de Mons con el campanario al fondo. En este mismo lugar se celebra cada año la procesión y festividad del Doudou que existe desde hace 657 años y ha sido declarada Patrimonio por la Unesco.

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La Colegiata de Sainte Waudru, en Mons.

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Una vista de los tejados y las fachadas desde lo alto del campanario de Mons.

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El arte callejero de Mons.

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La montaña de Bueren. Un subidón de 374 escalones no apto para enemigos de las escaleras interminables, aunque muy transitado por los locales, sobre todo deportistas.

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Las boulets à la Liégeoise son otro de esos manjares belgas menos conocidos que sus típicas patatas o mejillones. Se trata de unas enormes albóndigas en salsa con patatas que se pueden degustar en la ciudad de Lieja, casi en cualquier restaurante que se precie, como por ejemplo As Ouhes, en la Plaza Merchant.

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Una pequeña plaza de Durbuy, un bonito pueblo de cuento en mitad de Valonia.

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Una callejuela del pueblo de Durbuy, en Valonia.

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La Colegiata de Notre Dame que, al pie de la Ciutadella, símbolo de la resistencia dinantina a lo largo de los años, conforma el conjunto monumental más importante de la ciudad que además se eleva majestuosa entre los edificios .Destacan sus vidrieras, entre las que se cuenta una de las más grandes de Europa, obra del maestro Ladon.

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El puente de Charles de Gaulle es la principal conexión entre las dos orillas del Mosa. Muy recomendable para disfrutar durante el día y también de su iluminación a lo largo de la noche con el reflejo de los edificios sobre el agua. Uno de los elementos que más suele llamar la atención es su decoración con saxofones, un instrumento muy ligado a la ciudad de Dinant.

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Con vistas a la ciudad, un paseo en barco eléctrico recorriendo el río Mosa es uno de los mejores planes de los que disfrutar en la ciudad.

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Las galletas más duras de Valonia.

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Practicando slackline sobre el río Mosa.

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En las cercanías de la alargada y musical Dinant se encuentra uno de esos lugares donde ser respira una tradición familiar acuñada durante generaciones. Se trata de la cervecería Brasserie Caracole situada en la carretera que cruza el pueblo de Falmignoul. Un rincón casi místico de esos que uno se puede encontrar en cualquier localidad de Europa Central, en este caso de Bélgica.

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El mirador Roche de Freyr, el peñasco de escalada más grande y prominente de Bélgica, ofrece unas vistas maravillosas de la zona, con un palacete junto al río Mosa.

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