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Monasterios, colegios, vino y recuerdos de Sefarad: por qué hay que ir a Monforte de Lemos

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Una de las ciudades más interesantes del interior de Galicia, Monforte tiene historia, patrimonio, naturaleza y gastronomía en un cóctel excelente.
Monforte de Lemos: Galicia espectacular

En una región en la que la naturaleza es tan verde y en no pocas ocasiones exuberante, yo creo que las ciudades gallegas -piensen por ejemplo en Santiago de Compostela- suelen estar definidas por la piedra: ese granito que es gris bajo la lluvia, pero enseguida se cubre de un tono dorado cuando el sol logra romper la tan habitual capa de nubes.

Quizá esa impresión mía nazca del evidente contraste frente a los pueblos y ciudades levantinos o sureños a los que he estado más acostumbrado y que no son de piedra sino de cal, pero sea como sea y por lo que sea, yo creo que ese aspecto pétreo y rocoso es también muy propio del carácter resistente y aparentemente impávido que adjudicamos a los gallegos.

Monforte de Lemos es un ejemplo perfecto de esa Galicia de piedra, dura pero al mismo tiempo amable. Y es una localidad en la que las cosas interesantes casi se amontonan: hay mucho y muy bueno que ver y, como no, que comer y beber. Así que con esa mezcla de monumentalidad, belleza, tradición, gastronomía y naturaleza es un ejemplo perfecto de lo mejor del interior esa región española a la que deberíamos viajar no les diré que todos los meses, pero desde luego todos los años.

En lo alto de la colina

La primera imagen de Monforte que se te queda grabada en la retina es la de la zona alta de la ciudad, en la cima de una colina, en la que nació la villa. Y se ve desde lejos: a unos kilómetros en la carretera ya se levantan sobre la planicie circundante los restos del Palacio de los Condes y el antiguo convento de San Vicente do Pino que hoy es uno de los Paradores más espectaculares en los que he estado: un bellísimo edificio del siglo XVII que vale la pena visitar aunque sólo sea por su hermosa fachada -de piedra, por supuesto- y el monumental claustro convertido en patio.

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Parador de Monforte de Lemos | C.Jordá

Muy cerca del Parador y protegida por la vieja muralla, que conserva un par de puertas una de las cuales es bastante imponente, está la calle Falagueira en la que vivían algunos de los judíos más importantes de la villa cuando Monforte tenía una activa e importante comunidad sefardita que hoy en día se recuerda y reivindica con un pequeño monumento y, sobre todo, con la pertenencia de la ciudad a la Red de Juderías de España.

También se encontraba en esta zona la sinagoga, si bien en Monforte no había una judería como tal puesto que los sefardís monfortinos vivían -como solía ocurrir en Galicia- más mezclados con sus vecinos cristianos.

La cosa va de conventos y colegios

Además de esos recuerdos sefardís, la Monforte actual viene marcada por las instituciones religiosas de diversos tipos. Ya les he hablado de una de ellas, el monasterio que ahora es parador, la segunda es el Convento de Clarisas que aún funciona como tal pero guarda un impactante tesoro: una colección de arte sacro con mucha calidad artística y, además, piezas realmente llamativas.

De lo primero el ejemplo más evidente es un Cristo yacente de Gregorio Fernández que es sencillamente excepcional; de lo segundo no puedo dejar de recordar esos relicarios con huesos de santos que nos transportan a una fe que, siendo la misma de nuestros padres, era hace tiempo tan distinta que casi parece otra.

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Un relicario en el Museo de Arte Sacro de las Clarisas | C.Jordá

Aún así, lo más importante, o al menos lo más espectacular, es el Colegio de Santa María la Antigua, un impresionante edificio al que se llama popularmente "el Escorial gallego" y que, aunque no me gusta mucho eso de llenar España de escoriales o Europa de venecias, tengo que reconocer que en pocas ocasiones el sobrenombre está tan bien traído: es un edificio enorme de un estilo herreriano casi tan puro como el del monasterio madrileño y que realmente impacta al conocerlo.

Sólo con ver su gigantesca y bellísima fachada uno ya se pregunta como es posible que esa enormidad esté en una ciudad pequeña de la Galicia interior, pero la sorpresa va creciendo cuando se entra y se ven su claustro mayor, su escalera monumental, su iglesia con hechuras de catedral y, de nuevo, una colección de arte que es pequeña pero impresiona: tiene nada más y nada menos que dos cuadros del Greco y cinco de Andrea del Sarto.

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La pequeña pinacoteca con sus dos Grecos | C.Jordá

Un final apoteósico: la Ribeira Sacra

Además de todas las cosas que, como ven, se pueden disfrutar en la propia Monforte de Lemos, hay algo muy importante para lo que es la puerta de entrada perfecta, ya que está en el centro del territorio de la D.O. Ribeira Sacra.

No he conocido ningún paisaje del vino que no me haya parecido hermoso a su modo, pero les aseguro que los viñedos que cuelgan de las empinadísimas laderas que ha escarbado pacientemente el Sil son uno de los más hermosos y, sobre todo, de los más espectaculares.

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Los cañones del Sil desde el Mirador del Duque | C.Jordá

Como me pasa en tantas ocasiones no tuve el tiempo como me habría gustado para recorrer ese paisaje inolvidable, pero pueden creerme si les digo que es uno de los primeros en mi lista de viajes para después de la pandemia.

Para lo que sí tuvimos tiempo fue para probar esos tintos suaves pero con cuerpo, peculiares, bastante diferentes de lo que estamos acostumbrados y, desde luego, deliciosos. También en Monforte, por supuesto, está el Centro del Vino de Ribeira Sacra en un precioso edificio y con una exposición interesante que vale la pena conocer.

Lo mejor, no obstante, es llevarse unas botellas a casa y, por supuesto, no dejar de disfrutarlas allí, maridándolas con la estupenda cocina de la zona y con una ciudad que les sorprenderá y les cautivará. Apuesto a que cuando la conozcan pensarán algo parecido a lo que pensé yo: "¿Cómo he tardado tanto en venir?".

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