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Origen de la cerveza

La cerveza es una de las bebidas más consumidas, pero no todos conocen su origen. En el día internacional, LD te cuenta su historia

La cerveza es una de las bebidas más consumidas, pero no todos conocen su origen. En el día internacional, LD te cuenta su historia
cerveza, medir cerveza, jarro de cerveza | Pixabay/CC/RitaE

La cerveza es una de las bebidas fermentadas más antiguas de la humanidad y actualmente es una de las más consumidas en el mundo entero. Los ingredientes básicos que sirvieron, y a día de hoy continúan sirviendo, para la elaboración de la cerveza son el agua, cereales (generalmente malta de cebada o trigo, pero también centeno, avena, espelta, mijo o sorgo), levaduras y (mucho más recientemente) el lúpulo.

Aunque hay evidencias históricas de que la invención de la cerveza se puede atribuir a los sumerios de Mesopotamia, lo cierto es que hablar de su origen es como preguntarse quién inventó el fuego ya que pudo darse de forma coetánea en varios lugares del mundo, y en diferentes formas que tienen en común la fermentación de algún cereal.

Sin embargo, lo que sí es evidente es que la aparición del pan como alimento está indisolublemente unida a la de la cerveza ya que la fermentación de la harina con el agua es la base de ambos productos. Por tanto se puede aventurar que la cerveza primigenia se pudo conocer en un arco temporal similar. El neolítico comienza entre el 11.000-10.000 a.C. y hay pruebas arqueológicas que nos remiten al 7.000 a.C. al menos como prueba del consumo de la cerveza.

Pero no solo en esta parte del mundo se sentaban las bases de la cerveza, ya que en China ya se fermentaba el trigo, el mijo, el arroz o la cebada para obtener el kiu; mientras que en la América precolombina se hacía lo propio con el maíz.

Además, una de las recetas de cerveza más antiguas que se conoce se halló en un poema sumerio en honor a Ninkasi, la diosa patrona de la elaboración de la bebida, y tiene alrededor de 3.900 años de antigüedad. En tablillas de arcilla también sumerias, con inscripciones cuneiformes consideradas del 2050 antes de la Era Común, vuelve a mencionarse. Sin embargo, su historia se remonta todavía más atrás, prácticamente a los orígenes de nuestra civilización. Estos orígenes se encuentran algo desdibujados ya que su surgimiento tuvo lugar de forma independiente en diferentes puntos del planeta.

A pesar de todo ello, de tantas evidencias e indicios encontrados, no es posible determinar con precisión una fecha. ¿La razón? Podría ser fruto de una fermentación alcohólica espontánea. El trigo o la cebada, como la práctica totalidad de cereales con ciertos azúcares, son susceptibles de entrar en contacto con levaduras silvestres llevadas por el viento y rodeados de ciertas circunstancias añadidas, difíciles pero no imposibles, desencadenar el proceso.

En cualquier caso, se considera que la capacidad de producir pan y cerveza fue parte responsable del abandono de la itinerancia humana y el establecimiento en poblados. La forma en que los seres humanos comenzaron a construir la civilización y se dotaron de las condiciones para desarrollar tecnología. Así pues, son parte importante de lo que somos, aunque no podamos situarlos en una línea temporal concreta.

Sin embargo, hay que destacar que ya se bebía en la India hacia el año 3500 a.C., y en China hace cinco mil años, pero quienes más se aficionaron a ella fueron los sumerios, que reservaban el 40 por ciento de la cosecha de cereales para su fabricación hacia el 3000 a.C.

De hecho, en el poema de Gilgamesh, héroe asirio-babilónico del tercer milenio antes de la era cristiana, cuya epopeya inspiró en parte el relato bíblico del diluvio, dice que Outa Napitim, personaje del poema, dio como premio a quienes le ayudaron a construir el arca, vino blanco, vino tinto y cerveza.

De hecho, fueron los babilonios quienes crearon la receta más antigua conocida de la cerveza: la de cebada y trigo. Dice un escrito de la época: los granos húmedos y sin descascarillar expondrás al sol, y cocerás luego hasta que fermenten.

En Egipto llegó a ser la bebida nacional, y era tal su consumo que el faraón se reservó el monopolio, aunque eran los sacerdotes quienes explotaban el negocio más rentable del Imperio junto con el del pan.

Evolución de la cerveza

Los griegos la llamaron vinos erithenos y zuthis bruton, y solían importarla de Egipto. La cerveza egipcia llegaba a Cádiz (España) en naves fenicias. Su consumo fue enorme, especialmente en el reinado de Domiciano, que ordenó arrancar las vides a finales del siglo I en una arbitraria medida parecida a la americana ley seca.

No obstante, Oriente se mostró reacio a este brebaje ya que lo consideraban cosa de bárbaros, celtas y germanos. De hecho fue entre estos pueblos de la frontera norte del Imperio, donde la cerveza más se consumió en los primeros siglos de nuestra era.

Plinio habla de una bebida llamada celiao ceria. Y, cuenta que los íberos y otros pueblos de las montañas de Hispania bebían en los grandes festines grandes cantidades de ella. Estrabón habla también del zythos, bebida cuya composición y naturaleza no está clara y que comparaba a la cerveza egipcia.

En la Hispania prerromana se bebía como estimulante, según cuenta siglos después el presbítero lusitano del siglo V Paulo Orosio, primer historiador cristiano nacido en España dice en su Historiarum libri VII, referido a los arévacos de Numancia, del siglo II a.C.

Su popularidad como bebida estimulante era enorme entre los galos, que se emborrachaban con ella y usaban la espuma de cerveza para suavizar el cutis.

Durante la Alta Edad Media su elaboración estuvo en Europa en manos de las mujeres: hasta el XII era una labor más entre sus tareas domésticas. En el siglo XIII la elaboración de cerveza se profesionalizó y llegó a ser bastante parecida a la que consumimos hoy.

Los monjes obraron el milagro, como en tantos otros aspectos culturales de la vida medieval de Occidente, gracias a la introducción, como conservante, del lúpulo, cuyas flores femeninas maceradas comunicaban sus principios amargos y aromáticos.

En el XV se obtuvo en Alemania la primera cerveza ligera poco fermentada que desde Baviera se extendió al resto de Europa. Cuando Carlos V instaló su Corte en España, trajo de Flandes maestros cerveceros flamencos que revitalizaron entre nosotros su elaboración y consumo. Y, cuando el emperador se retiró a Yuste le acompañó su cervecero.

Sin embargo Felipe II, su hijo, no sentía devoción hacia el brebaje. Le sentaba tan mal y tales caras y visajes hacía cuando se le convencía para que la probara, que los del séquito de su padre no podían reprimir la risa.

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