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Katy Mikhailova

El corazón dividido: Marbella Club o Puente Romano

La Saint Tropez española sigue dorada y dorando incluso en pleno invierno.

La Saint Tropez española sigue dorada y dorando incluso en pleno invierno.
Hotel Puente Romano, Marbella. | Hotel Puente Romano

Es febrero. Hasta ahí todos lo sabemos. Mientras unos bailan al son del apres ski, que es a lo máximo a lo que aspiran algunos en esta nuestra época del deshielo eterno de las pistas, otros siguen viviendo el verano dorado y atemporal de la Costa del Sol, que por algo es así. Es mi caso. Aunque por cuestiones de trabajo (bendito trabajo el mío, que me hace marbellear cuando el verano aún se ve lejos).

En Marbella Club nunca se pone el sol y el estilo que contagia este mítico hotel hace que el tiempo y la estética queden congeladas en el tiempo. Es el perfecto sitio para recordar. Para la memoria y saborear lo de siempre.

Les escribo desde Puente Romano, después de haber pernoctado en Marbella Club hace escasísimas 48 horas. Hemos venido a catar las camas, los desayunos y los amaneceres a los dos hoteles más emblemáticos de la ciudad. Y el debate está sobre la mesa. Sobre todo, en la mía, que ahora mira al mar frente a este teclado frío que me puede traicionar dejándome llevar por la pasión. Vayan a los dos. Imprénganse de los dos. Y vívanlo como si el mundo se fuese acabar. Porque, quién sabe, este mundo de repente se acaba y se dinamita. Y nos confinan. Aunque divino confinamiento aquí. Pregunten si no a los miles de rusos que andan por Marbella no perdidos sino bastante encontrados. Ajenos a la guerra. Pero eso es un tema que no corresponde a esta crónica que está entre la moda y el azote a la estética.

A escasos minutos el uno del otro, y hermanados entre sí por la propiedad, si Marbella Club goza de ese shabby chic eterno, Puente Romano es el new chic con un estilo boho y acogedor. Blanco con verde e interminables casitas que uno quisiera tenerlas todas consigo para siempre. Lo mismo el otro.

El buggy como logística, las tarjetas de la habitación de madera, una atención impecable, Perrier Jouet en el desayuno, el mar y la playa a pie de villas, y otras atenciones del montón es el adn que conecta ambos resorts que tienen a medio mundo dividido. Aunque hay quien abraza la experiencia de vivir en ambos para entender que todo tiene su momento y su placer.

En Marbella Club se esconde el restaurante Grill, uno de los pocos sitios que te ofrecen el cocktail bullshot (que antes hacían en Embassy y ahora también aquí, preparado a base de de consomé de rabo de buey, especias y apio). Una especie etílica en extinción. Aunque no menos alabanzas se merecen los 8 espacios gastronómicos restantes. Toda la cubertería de plata, el ambiente bohemio de Grill está inspirado en el primer director general del hotel, el Conde Rudi von Schonburg. Aquí la Andalucía más tradicional cobra fuerza, para convertir este templo en un acogedor refugio de invierno cual escenario perfecto para acabar la noche. O empezarla. La oferta de caza de la carta, un must-eat. La estética que predomina en este hotel, fundado por el Príncipe Alfonso von Hohenlohe en 1954, es la del lujo del silencio, la austeridad como reflejo de la calidad nada pretenciosa. Un público que busca la discreción, la paz y el lujo sensorial que no grita. La del jersey, camisa y pantalón. Ajeno a las lentejuelas. A la pompa. Ese shabby chic … eterno. Y qué tan difícil es de reproducir y entender en una época como esta en la que el like lo es todo.

Mientras tanto, Puente Romano refleja el glamour de las burbujas y los brillos. Su oferta gastronómica es difícil de definir. Sus más de 20 restaurantes posicionan este complejo como un lugar de visita no sólo para los que nos hospedamos. De NOBU a Cipriani (la joya de la corona que se remonta a 1931 con el Harry’s Bar), pasando por Coya o Celicioso. Leña. Y más. Más para el paladar. Aquí más es más.

Aquí, por lo general, la gente es más moderna. Y más nocturna. Aunque ello no quita que sea un hotel familiar.

En los desayunos hay quien se deja ver con ropa deportiva incluso. Pet friendly, además. Lujo desenfadado y que busca el confort. Este -casi- pueblo blanco andaluz se ha coronado como otro de los indispensables de Marbella.

La Saint Tropez española sigue dorada y dorando incluso en pleno invierno. El turista cada vez más aboga por saltarse el calendario y las canículas. Marbella es una piscina al mar. Y un desfile de toda clase de éticas y estéticas. Por supuesto es una jungla de colores. Pero si hay dos refugios en los que el tiempo parece detenerse esos son Marbella Club y Puente Romano. Tengo el corazón dividido. O quizás fusionado. Cosas de amar el lujo a partes iguales

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