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A propósito de Tinder

En medio de toda esta vorágine en la que se funde y se confunde la libertad con el libertinaje, también suben los usuarios de Tinder.

En medio de toda esta vorágine en la que se funde y se confunde la libertad con el libertinaje, también suben los usuarios de Tinder.
Tinder | Cordon Press

Mientras la notabilidad siga bajando, siempre habrá lugar en el mundo para el nacimiento de la incultura enfrascada en el mejor packaging posible. Confundimos la notabilidad con la natalidad, y el problema no es el de una "Miss" aspirante a ser la mujer más bella del mundo, como ha ocurrido hace una semana, a la que han sometido a un cruel linchamiento virtual -ni que fuéramos todos ahora catedráticos de lengua, los disléxicos también somos persianas-. El dilema no radica en la -presunta- dislexia de una modelo, sino una dislexia moral colectiva a la que estamos confinados a soportar y alimentar, dada la crisis de valores que atravesamos en estos nuestros tiempos de dispersión y aburrimiento.

El pueblo reclama más libros y menos botox para la aspirante a Miss Universo, mientras alimentan el alma viendo series en Netflix o vídeos de 30 segundos en Tik Tok. La tasa de natalidad sigue cayendo a la misma velocidad a la que aumentan los abortos o, como dirían lo más modernos, las interrupciones voluntarias del embarazo. Como si tuviéramos la voluntad de decidir por otras vidas. En medio de toda esta vorágine en la que se funde y se confunde la libertad con el libertinaje, también suben los usuarios de Tinder.

"La fe no participa en la vida, no regula en modo alguno nuestras relaciones con los demás ni es preciso que la confirmemos en nuestra propia vida; la fe se profesa en algún lugar lejos de la vida y al margen de ella. Si nos topamos con la fe, será solo como un fenómeno externo, no ligado a la vida". Tengo una enorme discrepancia con el desencanto de León Tolstoi en su libro "La Confesión". Me lo recomendaba mi amigo Martín, y lo cierto es que es un libro autobiográfico que manifestaba su incapacidad para encontrar un sentido digno a la vida.

Desde luego que sin fe es muy difícil sobrevivir a los tiempos actuales. "Antes de nada hay que tener tiempo para la soledad y el silencio, solo así experimentarás la fortaleza de la libertad. No puedes tener compañía de futuro si tú no estás hecho, porque no podrás tener identidad que compartir; es más, cuando te estás construyendo y solidificando tu personalidad, eso mismo atraerá hacia ti a quien te complementa", me escribía mi director espiritual P. José Luis Sánchez García el viernes por Whatsapp, mientras debatíamos lo de amar en tiempos de Tinder.

A propósito de mi artículo de hace dos domingos, en el que desde luego analizaba mi propia experiencia, he recibido ayer un correo de un lector para enviarme una carta inspirada en mi columna. "A propósito de mi género", titula. Con permiso del autor, Carlos Domínguez-Herrero, profundiza en porqué a los "hombre auténticos, trabajados y sinceros" no tienen tiempo para Tinder, y, cito textualmente, "y al supermercado vamos a por piña para el postre, no a por un 'postre' con piña". Yo creo que la piña del Mercadona ya ha prescrito, y ha pasado a mejor vida, a melocotón en Almíbar, quizás.

Y sin ánimos de edulcorar mi particular sarcasmo que caracterizan mis artículos de este espacio (detesto el romanticismo facilón convertido en palabras), desde luego que historias de amor, o desamor, como la de Pantoja con Julián Muñoz son de esas que trascienden las pantallas del móvil. Estoy convencida de que sólo la suite de Guadalpín Suites de Marbella será testigo de aquella historia de amor que ya es patrimonio sentimental. Para todo lo demás, siempre nos quedará reclamar la paz en el mundo.

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