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Análisis de 'The Last of Us: Parte II': un doloroso viaje a lo más profundo del ser humano

Naughty Dog se distingue con su mejor obra, un doloroso viaje a lo más profundo del ser humano.

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The Last of Us: Parte II es uno de los lanzamientos más esperados de 2020, y, desde su anuncio hace ya cuatro años, la imagen previa del juego apuntaba a una elaborada historia de odio y venganza. Vincular estos últimos con un producto de entretenimiento no es precisamente nuevo (más si cabe en los tiempos que vivimos). Para retratar la violencia, un elemento muy empleado especialmente en videojuegos de acción, aventura y terror, se viene trabajando con instrumentos capaces de promover, al mismo tiempo, algún tipo de mensaje o moraleja. Pero rara vez hemos podido mirar al odio a los ojos cómo en el retrato crudo, tan visceral y, al mismo tiempo, tan complejo que propone Naughty Dog en la continuación de The Last of Us.

A lo largo de las dos últimas generaciones, la desarrolladora norteamericana ha invertido en la excelencia argumental de sus proyectos para PS3 y PS4 y en The Last of Us: Parte II se deja patente desde el comienzo que la narrativa y los eventos de la historia son, en gran medida, los encargados de sostener la experiencia interactiva, incluso cuando se interpone una vertiente jugable sobresaliente. Con la continuación, Naughty Dog rechaza de plano la posición predominante, creando un juego que en ningún momento se plantea complacer al jugador, todo lo contrario, lo quiere en el centro del drama.

Postales de tiempos mejores

Esta actitud ya estaba representada especialmente durante los últimos tramos de The Last of Us, uno de los finales más impactantes en la historia de los videojuegos y un valioso recurso para entender y percibir la enorme cantidad de matices que forman la continuación. Lo intentaremos explicar sin descubrir la sorpresa que guarda el original una vez alcanzamos finalmente el clímax, construido a lo largo de toda la trama y que lleva a la pareja a recorrer Estados Unidos con el objetivo vital de encontrar una herramienta con la que luchar contra el hongo endoparásito Cordyceps, que ha infectado y mermado radicalmente la población mundial. En ese momento determinante Joel toma la decisión más cuestionable del juego.

A los ojos del observador distante, las acciones del protagonista se pueden interpretar como terribles, inaceptables, monstruosas. Sin embargo, la construcción narrativa, siempre ambigua en la forma en que se retrata la condición humana, construye la personalidad de Joel con tanta precisión, que para el jugador es posible tanto condenar la decisión como comprenderla y perdonarla al mismo tiempo.

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También es posible mejorar tu armamento durante el juego con piezas que se encuentran en el mapa.

Situar al jugador en el límite a base de delicadas escenas con acciones violentas y graves consecuencias es algo que la propia historia utiliza para golpearte constantemente a lo largo de la continuación. En primer lugar, incentivando el sentido de las emociones que viven sus personajes: angustia, trauma, resignación, sensación de continua injusticia. Y, por qué no, alegría y amor, ya que la historia comienza durante un período de relativa tranquilidad en la comunidad de Jackson presentada en el primer juego.

El odio tiene una razón para existir en The Last of Us: Parte II y se deriva de los antecedentes previos de Ellie y Joel, los protagonistas de la serie, que ven sus roles invertidos en la secuela: Joel era jugable en el primer juego y la joven se erige protagonista en el segundo. La relación entre estos dos personajes marcados por tragedias personales (Joel, la muerte de su hija en la noche del estallido que dio origen al colapso de la civilización; Ellie, una pérdida trágica seguida por la revelación de ser el único ser humano inmune al Cordyceps), fue el trabajo que elevó a Naughty Dog al panteón de los desarrolladores históricos.

No existe vacuna para el odio

Ellie ahora es mayor de edad y su relación con Joel más madura. Forman parte de una comunidad relativamente grande y pacífica donde han encontrado algo de calor familiar. Pero después de algunas complicaciones durante una patrulla, Ellie se encontrará de camino a Seattle, al norte de Estados Unidos. La ciudad es el escenario de una épica búsqueda de venganza y, desde el comienzo es evidente que la asustada pero valiente joven del primer título ya no es la misma. Seattle es una de las metrópolis reconvertidas en zonas de cuarentena que sucumbió en los años posteriores al brote. Ahora es el territorio de dos facciones en confrontación: la milicia del Frente de Liberación de Washington (WLF) y un culto religioso serafita. Ambos añaden una capa de peligro a los entornos urbanos, siempre con los mortíferos infectados al acecho.

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En el mundo posterior a la pandemia las comunidades crean sus propias leyes.

Las características físicas de la joven inmediatamente la hacen más ágil y discreta que Joel, pero es la ira lo que produce que el personaje se destaque como la fuerza impulsora del drama que está por venir. Ellie golpea, dispara y se desenvuelve con una rabia que se puede sentir en cada cuadro de animación. El odio está presente en toda la secuela: queda patente en los botones que presionamos y que desatan los desesperados golpes de la protagonista sobre el enemigo, ya sea humano o infectado por el hongo que dio fin a la civilización tal como la conocemos.

Un drama emocionalmente agotador

El guion firmado por Neil Druckmann en ambos juegos y, en la continuación, con la colaboración de Halley Gross, (conocida por escribir algunos episodios de la televisiva Westworld), se destaca emplazando a personaje y jugador a momentos de tensión absoluta, física y psicológica, en los que se mezclan múltiples sentimientos sobrepuestos al propio instinto de supervivencia. The Last of Us: Parte II es más generoso en la propuesta y más contundente generando situaciones de estrés, pero eso no significa que la narración cometa excesos que perturben la sensación de solidez de la trama, sino todo lo contrario. Aunque sus 25-30 horas de juego revelan una experiencia más extensa que cualquier otra aventura jamás desarrollada por el estudio californiano, la continuación no desperdicia ni un segundo en pantalla.

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La exploración nos permite recolectar materiales para crear herramientas.

En determinadas fases, The Last of Us: Parte II te hará sentir como el villano de la historia, pero incluso esto es un eufemismo para marcar las profundas transformaciones de Ellie y el resto del elenco. El texto es, sin duda, el gran motor de estas transformaciones, pero aquí es imposible no permitirse abrir un espacio para hablar también sobre la calidad gráfica del juego: Naughty Dog es conocido por su obsesión por los detalles visuales y la continuación llega a PS4 en su tramo final como consola principal de Sony, un período en el que los desarrolladores ya están familiarizados de sobra con el hardware y, por lo tanto, saben cómo aprovechar al máximo la potencia del sistema.

'Jugabilidad' que apuesta por el sigilo

La jugabilidad no ha cambiado mucho sobre la base del capítulo inicial, pero ha recibido una cantidad de novedades suficientes como para ampliar y mejorar la vertiente interactiva de la experiencia. A pesar de esto, el intercambio de Joel por Ellie como personaje controlable principal brinda más agilidad al juego, la permite evitar situaciones de riesgo y hace que la experiencia sea aún más violenta. La mecánica de escucha sigue siendo la mejor manera de controlar la posición de los enemigos, pero hay varias situaciones en las que no será tan sencillo salir sin un rasguño.

Por suerte ahora Ellie puede tumbarse, reptar y saltar, algo que brinda nuevas posibilidades a las mecánicas de sigilo ideales para superar áreas repletas de enemigos sin activar alarmas, aunque también puedes liquidar a todos y cada uno de los oponentes, algo que no siempre puede terminar bien para tus intereses.

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Puedes encontrar muchos y diferentes tipos de infectados.

En el mundo que ha quedado tras la explosión del hongo todavía puedes encontrar muchos y diferentes tipos de infectados, desde los más recientes hasta los que llevan años viviendo con el parásito nutriéndose de sus cuerpos. La mayoría se pueden eliminar con algo de sigilo y sangre fría, pero todavía hay casos donde lo mejor es no intentarlo y si es posible, evitar el problema. De todos modos, la tensión es máxima cuando aparecen en escena los Acechadores, infectados mucho más astutos y que logran evadir el modo de escucha de Ellie. Tampoco es recomendable hacer frente a los nuevos especímenes: moles que cuentan con una dura capa de piel y son capaces de lanzar ácido a metros de distancia. Para colmo, una vez eliminados explotan regando todo lo que se encuentra a su alrededor de este mortal ácido.

La guerra por controlar la ciudad

Entre los humanos no infectados también se incorporan nuevos grupos organizados. En el mundo posterior a la pandemia las comunidades crean sus propias leyes y hacen todo lo posible para protegerlas y promulgarlas de las maneras más diversas. Ya sea una milicia armada o una secta religiosa, todos intentan hacerse con el control de la ciudad.

En Seattle, estos dos grupos compiten por el poder, a diferencia de lo que se vio en el título original con los Luciérnagas, esta especie de guerra civil sirve como telón de fondo para encauzar el objeto principal del juego. Otra novedad es la presencia de perros que pueden detectar nuestra presencia y revelar la ubicación, lo que obliga al jugador a cambiar constantemente su ubicación. Una vez más, prima explorar bien el entorno y usar los objetos que tenemos a nuestra disposición para burlar o liquidar a los enemigos.

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El mundo abandonado de 'The Last of Us'.

Igual que sucede en la primera parte también es posible mejorar tu armamento durante el juego con piezas que se encuentran en el mapa. En la misma línea se pueden adquirir y ampliar habilidades a base de suplementos medicinales dispersos por los amplios escenarios, ya que las áreas de juego se encuentran repletas de zonas anexas donde la exploración nos permite recolectar materiales para crear herramientas como botiquines, flechas, silenciadores y demás elementos útiles para la supervivencia. Tampoco faltan coleccionables y notas con historias alternativas sobre los primeros supervivientes de la epidemia.

Técnicamente capaz de expresar emociones

La faceta sonora del juego también marca diferencias: ya sea para revelar la posición de un infectado o simplemente para sumergirse en el mundo del juego, la entrega ofrece una enorme cantidad de información tan solo escuchando todo lo que nos rodea. Una novedad interesante es la posibilidad de tocar la guitarra, algo que sucede en tan solo algunos compases del viaje. Aunque se trata de un detalle más, se ha prestado especial atención a esta habilidad de Ellie, ya que, además de las canciones propias, el usuario puede practicar libremente eligiendo acordes entre diferentes campos armónicos.

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Mejoras en el apartado gráfico

La continuación de The Last of Us sorprende aún más en referencia a las expresiones faciales de los personajes, algo que permite escenas emocionales extremadamente creíbles. El sistema de captura facial utilizado por el estudio californiano eleva a otro nivel las interpretaciones de Ashley Johnson y compañía, con una unión perfecta de arte y tecnología. Finalmente, también vale la pena mencionar la banda sonora del argentino Gustavo Santaolalla, ganador de dos Oscar y compositor del primer juego. En la versión española, también es necesario destacar el trabajo de doblaje, que deja actuaciones destacadas como María Blanco interpretando a Ellie o el incombustible, Lorenzo Beteta en el papel de Joel.

Conclusión

Para aquellos que llevamos siete años esperando para descubrir la continuación de la historia de Joel y Ellie, The Last of Us: Parte II es un regalo. A pesar de cambiar determinadas percepciones, la narrativa y la carga moral que soporta sorprende de tal manera que puede ser difícil dejar de jugar. Te obliga a tomar una pausa y a respirar de vez en cuando, ya sea para descansar o para digerir lo que acaba de plasmarse en pantalla. La jugabilidad, una vez más, es un añadido de valor incalculable que anima a la exploración minuciosa de los entornos y presenta los enfrentamientos con enemigos aún más exigentes, lo que hace necesario plantearse siempre cuál va a ser el próximo paso.

Todo lo que se muestra en The Last of Us: Parte II tiene una razón para existir y está ahí para diseccionar, destruir y reconstruir las derivaciones expresadas en el primer juego y hacer al jugador reexaminar todo lo que se suponía conocer sobre los personajes que conforman su universo. Naughty Dog se distingue con su mejor obra, un doloroso viaje a lo más profundo del ser humano que se sirve de una excelente jugabilidad, valores técnicos de producción inalcanzables para la mayoría, mucha atención a los detalles y un mundo post pandémico más que perturbador. Un juego que marcará tanto el final de la era PS4 como la propia generación.

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