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Pedro de Tena

Jaime Mayor Oreja: la incomodidad de un testimonio

Todo lo que el libro de Jaime Mayor Oreja refleja es el proceso lento pero inexorable, tal vez consentido por la ya demostrada ingenuidad constitucional de 1978.

El expresidente del Gobierno José María Aznar durante la presentación del libro 'Una verdad incómoda', del exministro del Interior Jaime Mayor Oreja. | Europa Press

¿Pueden ser incómoda una verdad o serlo un testimonio? Se llama incómodo a lo que causa una molestia, pero según la segunda acepción del María Moliner lo es asimismo aquello que causa "violencia moral", esto es, lo que impide eludir la responsabilidad ante una decisión o lo que exige de nosotros un compromiso que nos obliga a definir posición, nos cierra la puerta de toda evasión y nos fuerza a hacer visible quiénes somos, qué pensamos y qué vamos a hacer. El testimonio veraz sólo es incómodo para los truhanes del relato.

¿Por qué podría ser una verdad algo incómodo para alguien? En realidad, lo incómodo, por dañino, es actuar sin conocimiento de la verdad, sobre todo de la propia. ¿Cómo acertar en la vida si se transige con datos falsos y argumentos extraviados? Es bien sencillo. Cuando se deja de aspirar a una vida auténtica, a la vida que hace lo que hay que hacer según la convicción que se tiene, se terminará haciendo cualquier cosa, decía Ortega, incluso la más traidora al proyecto original.

Cuando el yo, la sustancia intelectual y moral, es devorado por las circunstancias, por la utilidad o por el miedo, estamos ante el naufragio de lo auténtico, de lo que habíamos aceptado sin presión alguna y que nos constituía íntima y medularmente. Este libro de Mayor Oreja, la exposición de su testimonio político, es un canto a la autenticidad en la vida pública y una denuncia, esta sí que puede serle incómoda a alguien, de quienes, en las formaciones políticas en las que ha participado y conocido, renunciaron a ser lo que debieron.

Baste destacar una de sus afirmaciones en el libro para comprenderlo: "María San Gil, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y la diputada Cayetana Álvarez de Toledo son hoy tres referencias sólidas en la vida pública." Sólo esta reflexión indica con claridad cuán alejado está de las actitudes oportunistas de muchos de los que tejen artimañas en el seno del PP y de Vox y de otros partidos y cómo de lúcida es su concordancia con una mayoría creciente, sea natural o sobrevenida, de españoles.

Jaime Mayor ha sido un testigo de excepción de la vida política española. Los testimonios pueden ser falsos, como es sabido. La justicia y la democracia exigen testimonios verdaderos, pero no siempre se respeta esa norma cívica y legal. De hecho, lo que triunfa hoy en la sociedad española es la mentira oficial, la deformación mediática, el acoplamiento a lo personalmente beneficioso sin reparar en los daños causados.

Sólo por ello, por estar animado deliberadamente por un espíritu de servicio a la verdad, su libro debe ser leído. Su riqueza deriva de su consistencia y de su reflexión crítica, virtudes hoy tan añoradas. Sus páginas exhiben una voluntad de negarse a toda deformación interesada de los hechos vividos aunque, dado el espíritu cristiano del autor, renuncie a juicios sumarísimos sobre algunos adversarios y evite condenas expresas a algunos que lo merecen. Pero cuando se lee, la verdad se distingue y no se despeña en el silencio o la engañifa.

Si hay algo que conmueve inmediatamente en este libro es la presencia angustiosa de la muerte violenta, en su tierra, en su familia, en sus compañeros de colegio, en sus amigos o compañeros de partido, en vecinos, en los adversarios…Amenazado de muerte él mismo, toda su vida ha estado rodeado por el asesinato como método de acción política, lo más distante de una democracia sana y, cómo no, de la civilización. Que a los pistoleros, a sus inspiradores y a sus encubridores se les considere hoy demócratas no puede dejar indiferente a quien quiere servir a la verdad.

Examina en sus páginas el recorrido de esta gran nación desde el milagro de la Transición y explica convincentemente cómo ha podido terminar enredada en la estrategia político-criminal de una organización nutrida por un odio atávico que decidió matar españoles, vascos y no vascos, para romper España hasta que comprendió que tal vez una España roja era la cómoda, remunerada e impune antesala de la España rota que persigue.

En ese trayecto, Mayor Oreja, que desde hace décadas viene insistiendo en que es ETA, la Bildu real, que no ha desaparecido, la que ha dirigido la política nacional desde 2004 y señala hilos de la complicidad ciega del PNV, CiU y ahora Junts o Esquerra sin olvidarnos del giro social-comunista evidenciado por el abandono del constitucionalismo por parte del socialismo español, que reventó la opción aliada de los demócratas vascos en las elecciones autonómicas de 2001, con Nicolás Redondo y el propio Jaime Mayor de referentes heroicos.

Tampoco queda libre el PP, tanto a nivel nacional como en el País Vasco, su partido durante tantos años, de la consideración de actor necesario en el blanqueamiento – lo digo yo, no él -, del separatismo terrorista tras haber sido asesinados sus militantes, en mayor proporción que ningún otro partido político, en los terribles años del plomo. Decente fue no responder al crimen con el crimen sino con toda la Ley de la democracia, algo que nos honra aunque no a todos[i], y otra ceder al chantaje del nacionalismo arropado por el PSOE y la izquierda.

"Mariano Rajoy había hecho unas declaraciones a los medios que ponían de manifiesto el giro que estaba dando el PP: «Si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya». Me pareció un profundo error", escribe Jaime Mayor anotando que la "sucia campaña interna" contra María San Gil, que abandonó el PP, fue la consecuencia del cambio de orientación del partido hacia el nacionalismo. Tal vez por ello sigue hablando mucho con José María Aznar y mucho menos con los demás presidentes populares. No es casual que Adolfo Suárez, desvela, le avalara como posible presidente del PP.

Tal vez sea la Iglesia, no sólo la vasca, la que no es debidamente responsabilizada de la tragedia vasco española desencadenada por ETA. Mayor Oreja pasa de puntillas por algo que seguramente le duele, pero el libro tiene un epílogo en el que Jon Juaristi trata de explicar cómo se pasó del "enorme y casto seminario vasco" hasta 1968 a un laicismo agresivo, con teología de la condenación y 9 mm. Parabellum, amparado por no pocos curas nacionalistas que ponían velas al terrorismo[ii] mientras negaban funerales a sus víctimas.

El libro ofrece el testimonio de las vivencias de Jaime Mayor, desde los tiempos de UCD en la que militó lealmente hasta AP y finalmente a la refundación del PP. Son extraordinariamente instructivas las que anota de sus tiempos de ministro del Interior del primer gobierno Aznar y muy clarificadoras las semblanzas que traza de personajes como Xavier Arzalluz y Alfredo Pérez Rubalcaba, que fue quien tendió los puentes socialistas con el nacionalismo y con la propia ETA.

No quiero olvidarme, en estas fechas, de sus reflexiones sobre el 11-M, atentado tras el que creyó, sin éxito, debían suspenderse las elecciones generales. Sienta Mayor que no fue un atentado islamista sino el resultado de la conspiración de un país vecino - Marruecos negó papel alguno en la masacre pero sabía quién -, contra la creciente presencia española en el mundo en la línea de romper la historia de España, objetivo tradicional de ETA. No hay muchos candidatos, si se piensa.

Hay una densa información en sus páginas sobre hechos, hombres y mujeres y comportamientos de unos y otros desde la Transición a nuestros días. Bastantes de los datos que aporta no eran conocidos y casi todos precisan, casi quirúrgicamente, cuál era el carácter y el estilo, no siempre limpio y noble, de algunos personajes. Para descubrir la riqueza de su declaración testimonial, que no juicio, hay que leer el libro. Por ello, prefiero, a partir de ahora, dedicar las líneas que me quedan a la gran verdad incómoda que expone y con la que trata de combatir la mentira instalada al menos desde 2004.

La verdad incómoda

Todo lo que el libro de Jaime Mayor Oreja refleja es el proceso lento pero inexorable, tal vez consentido por la ya demostrada ingenuidad constitucional de 1978. Decisiones políticas sucesivas, sobre todo de los partidos nacionalistas primero y de la izquierda de forma generalizada desde 2000 - cuando se comprobó la mayoría "natural" y absoluta del PP, y se obtuvo el silencio cómplice de la derecha "centrista" debilitada por el 11-M -, erigieron una mentira colosal como la verdad histórica decisiva.

Mayor nomina como nueva leyenda negra el intento de desacreditar "lo que conseguimos desde 1977: la monarquía parlamentaria, la reconciliación entre los españoles, la concordia política, la convivencia democrática, las libertades públicas, el respeto por la independencia del poder judicial, la libertad religiosa, el valor de la reforma, la homologación internacional de nuestro país en las sociedades occidentales…"

Según esa falsificación, performada singular e inicialmente por ETA, la Transición fue nada más que la oscura mutación del franquismo para sobrevivir a la dictadura. En realidad nunca tuvo lugar una Transición democrática sino la continuación del franquismo por otros medios, monarquía designada, lo que justificaba persistir en los asesinatos, incluso de socialistas, durante un largo período.

Su fase final consistiría en una transición auténtica, esto es, el regreso a la situación previa a la Guerra Civil perdida, esto es, al frente popular republicano con la España troceada en hidras periféricas privilegiadas y un gran cuerpo nacional sometido. Finalmente, sobrevendrían la ruptura definitiva y la apoteosis del sueño independentista, apoyado internacionalmente por nadie sabe bien quién, pero no hay duda de que por álguienes.

Aunque no lo dice así el autor, la deducción está justificada tras la lectura de sus capítulos. Durante un tiempo, el tiempo en que se temía una posible involución, tanto los nacionalismos como la izquierda, aliados en el pasado republicano, parecieron aceptar el marco legal democrático en el que nunca creyeron, e incluso se opusieron al diseño apocalíptico etarra.

Pero poco a poco, gracias a los asesinatos y al intenso sufrimiento "socializado"; a la superioridad estratégica de ETA sin poder bastante enfrente y el abandono progresivo de convicciones y principios, todo ese magma fue asimilando su proyecto: España roja para facilitar la emergencia de las "naciones" supuestamente históricas y finalmente España rota. Todo en nombre de la paz y de la democracia, cómo no.

Recuerda Mayor Oreja en el libro su temprana entrevista con un mediador "por la paz", Chris Mitchell, uno de tantos que han intervenido. Para él, la paz era el resultado de escalar una montaña. El ya ministro del Interior (1997) le preguntó si en la cima, además de la paz, iban a encontrar una España unida o una España liquidada. La respuesta fue que lo importante sólo era la paz. "En ese momento di por finalizada la reunión y le dije que había sido un placer escucharle", relata Jaime Mayor.

Desde 2000 de forma oscura y desde 2004 de forma acelerada asistimos a las erección de la gran farsa: ETA debía ser admitida con plenos derechos en la democracia española porque había sido derrotada aunque jamás hubiera pedido perdón ni devuelto la paz a sus víctimas, salvo excepciones individuales, de las que algunas salen a relucir en el libro.

Con un PSOE predispuesto, una izquierda aplastada por el Muro de Berlín y sus horrores y un separatismo obeso gracias a las dádivas constitucionales y electorales, sólo quedaba el PP como baluarte decisivo. Fue el momento en que ocurrió el 11-M y la posterior rendición cultural y moral del PP de Mariano Rajoy, que se refleja con claridad.

Jamás debía repetirse la mayoría absoluta de Aznar en 2000, algo que podría haber impedido el proceso. Era el momento de fraguar el nuevo Frente Popular, luego llamado gobierno Frankenstein por el mismo Rubalcaba, uno de sus ahormadores, tras percatarse de la deriva sanchista. ETA dejaba de matar porque le salía barato, cómodo y estético continuar su guerra disfrazada de opción demócrata pacifista, pero era necesario seguir odiando en común a la España que se negaba a desaparecer.

Este diagnóstico de Mayor, que le valió no pocas descalificaciones, resultó certero. Mucho le acusaron de falta de pruebas para certificar las negociaciones a varias bandas para la forja del nuevo frente popular. Hoy están a la vista. Resulta inquietante, y curioso, que muchos de los que negaron su existencia y demandaron pruebas, fueran miembros del PP y que incluso el propio Mariano Rajoy afirmara que el abandono de las armas se había producido sin la mediación de contrapartidas por parte de los gobiernos. No fue así, se precisa en el libro.

Mayor recuerda con amargura la excarcelación de uno de los secuestradores de Ortega Lara, por dar un solo ejemplo. Un gesto para que el "proceso", ahora de nuevo encabezado por el nacionalismo catalán, continuara. La comodidad reemplazó al servicio a la verdad en la derecha española que representaba el PP hasta que Vox nació de su inconsecuencia.

Resulta muy inquietante la evidencia de la doblez moral y política de un PSOE capaz de acordar con el PP medidas contra el terrorismo etarra y contra el golpismo – nada menos que la aplicación del artículo 155 de la Constitución -, mientras, en las sombras, urdía acuerdos decisivos con ETA y con el separatismo catalán, elementos vertebrales del nuevo frente popular estructurado desde un gobierno español. Mayor es el único político que ha llamado así a lo que esta ocurriendo en España, pero su pronóstico ha sido, otra vez, contundente.

¿Qué hacer ante la evidencia del abismo ante el que está situada la nación española? Tras veinticinco años de política vasca, cinco en el gobierno de España y diez en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja concluye que la crisis nacional no es "estrictamente política, ni de representatividad, ni económica. La crisis, el desorden, la decadencia radicaban en la falta de cohesión de nuestra sociedad, una falta de cohesión que estaba y está íntimamente relacionada con la ausencia de referencias morales, éticas y sociales permanentes."

Lean con detenimiento este texto del libro:

"Cuando el PNV se abrazó a ETA en el Pacto de Estella de septiembre de 1998 (tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco), lo hizo por miedo a que el conjunto del nacionalismo vasco —no solo la organización terrorista — fuese derrotado por España y su Estado de derecho. Entonces comprendí que la crisis de España en el ámbito territorial continuaba abierta.

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero se puso a la cabeza de ese pacto político, de ese «proceso», el crimen del pasado se conectó con la mentira del presente. La mentira legitima el crimen y, al hacerlo, lo incorpora al proyecto, consolidando así una crisis de fundamentos políticos, sociales, éticos y morales de una insondable dimensión histórica.

Con Rodríguez Zapatero se asociaron el mal mayor —el crimen— y el mal menor — la mentira—. Pero ni uno ni otra pueden constituir una esperanza para España. Antes al contrario: si se suman, ponen a España en el abismo, que es donde se encuentra ahora. El mal menor —la mentira— consolida el mal en sí mismo, como siempre sucede. Esa, y no otra, es la crisis que padece España."

Luego, ya sabemos, llegó Pedro Sánchez. Esta es la verdad que Mayor Oreja considera incómoda y que sólo lo es para quienes tratan de ocultarla o disfrazarla. Todo su libro es un itinerario que explica, a través de hechos y actores, principales o no, cómo una nación de la envergadura histórica de España puede desaparecer o ser muy debilitada cuando a la estrategia de disolución y ruptura que sus enemigos desarrollan no se opone un plan superior y coordinado capaz de salvarla.

Y seguimos sin él. Ni siquiera es una cuestión de derechas e izquierdas[iii], sino de apreciación del bien moral que es la unidad nacional, su continuidad histórica y un proyecto compartido de vida en común.

Estoy seguro de que a Jaime Mayor no le ha sido cómodo poner a cada personaje de este proceso en su sitio, incluso a los de su partido. Me ha resultado muy iluminador el fecundo caudal de informaciones, que no anécdotas, que confluyen en la convincente ilustración de su tesis, que comparto desde hace años.

Por todo ello, le votaría sin dudarlo si pudiera para que, desde su experiencia, su sabiduría y sus ideas, contribuyera a sacar a España del abismo. Como no es el caso, lamentablemente, asumo su propuesta de agitar las conciencias desde la verdad y la realidad para que las mentiras no triunfen. Sí, este libro es incómodo porque nos fuerza a hacer visible quiénes somos, qué pensamos y qué vamos a hacer. España no puede quedar así.

No dispongo de una fe como la suya, pero quiero creer que podemos encontrarnos personas de buena voluntad que aporten esperanza en una necesaria convivencia nacional libre de odios (¿cabe más odio que el tiro en la nuca o asociarse con pistoleros y golpistas?), único medio de hacer posible una democracia digna y real. Multipliquemos "minorías creativas" y semilleros culturales, al modo de NEOS, para conseguirlo.

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