
El otro día me acordé de cuando era pequeño y me llevaba la comida al colegio en un tupperware de plástico amarillo.
Da igual las veces que lo lavara mi madre. Da igual que le echara jabón, lejía o agua hirviendo. El plástico absorbe el alma de la comida. Si el lunes llevaba lentejas, el viernes el agua del termo me sabía a lentejas con chorizo.
Años después, en el gimnasio, me volvió a pasar lo mismo.
Dejas la botella de agua en la mochila un par de días, la abres el lunes por la mañana y sale de ahí un olor que podría usarse como arma química. Un tufillo a humedad y a estanque abandonado que te quita las ganas de hidratarte hasta el año que viene.
El problema no es que seas un guarro. El problema es que las bacterias se reproducen ahí dentro como si estuvieran en una discoteca a las tres de la mañana. Y lavarla con el cepillo ese largo es un rollo que nadie hace.
Por eso inventaron las botellas con luz UV integrada en la tapón.
Le das a un botón, la luz de ultravioleta se enciende durante 60 segundos y destruye el 99% de las bacterias antes de que empiecen a montar la fiesta. Sin olores, sin sabor a perro mojado y sin tener que fregar a mano cada dos por tres.
Mantiene el agua fría todo el día y se limpia sola mientras estás trabajando en la oficina.
Si quieres dejar de beber agua con sabor a humedad y despreocuparte de lavarla:
👉 [Echa un vistazo a la botella autolimpiable LARQ PureVis en Amazon]
