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José Sacristán, medio siglo como actor

Debutó en 1964 con el director y productor Pedro Masó que lo contrata para su primer papel en la película 'La familia y uno más'.

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Los personajes de Sacristán

Cincuenta años cumple en su profesión, ya consagrado como primer actor, José Sacristán. Y los celebra en pleno éxito. Ha terminado, tras un largo mes de representaciones en el madrileño Teatro Español, su estreno de la tercera obra teatral del Nobel Vargas Llosa, El loco de los balcones, al que conocía ya tras rodar la adaptación cinematográfica de su novela Pantaleón y las visitadoras, en 1975; continúa en cartel su última película, Magical girl (que hace, si no nos equivocamos, la número ochenta y cuatro de su filmografía), Concha de Oro en el Festival de San Sebastián de este año; y se ha editado un DVD, de dos horas de duración titulado Delantera de gallinero, dirigido por Pedro González Bermúdez, donde el actor, nacido en Chinchón hace setenta y siete años, hace un exhaustivo repaso de su vida. Antes de que se iniciara en el mundo de la farándula tuvo que ganarse la vida como mecánico en un taller del barrio madrileño de Chamberí, donde permaneció siete años. Vivía con su familia en una modestísima vivienda de Carabanchel. También vendía libros puerta a puerta, a plazos, del Círculo de Lectores. Tiempos difíciles en los que ya había debutado, comienzos de la década de los 60, a hacer papelitos en el teatro. En la compañía del llamado Teatro Popular Español conoció a la que sería su primera esposa (de las cuatro que ha tenido hasta la fecha), la actriz Isabel Medel, con quien tuvo dos hijos: José Antonio, nacido en 1961, e Isabel, que vino al mundo un año después. En el teatro de la Zarzuela intervino en algunas zarzuelas como galán cómico, pues no se le dio nunca cantar mal, al que siempre le gustaron mucho las coplas andaluzas. Tengo una anécdota preciosa, cuando encontrándome junto a Concha Piquer en el hotel Palace, en la cena en homenaje al maestro Quiroga se nos acercó el actor en demanda de un autógrafo de la gran cantante, presentándose previamente con toda humildad. A lo cual, la estrella valenciana reaccionó así: "¡Hombre, ya sé quién eres, Pepe!". Y él se marchó entusiasmado con la firma de su artista favorita. Es a partir de 1964 cuando el director y productor Pedro Masó lo contrata para su primer papel en la película La familia y uno más, fecha que el interesado considera el verdadero arranque de su carrera, por lo que ahora hemos señalado la efeméride de sus bodas de oro profesionales.

El espacio aquí previsto nos impide comentar su abultada filmografía, de la que únicamente citaremos algún título. De papeles de enclenques paletos, (por ejemplo en Vente a Alemania, Pepe) exagerando con su tonos agudos y muchos aspavientos pasaría a representar, a las puertas de la Transición, personajes de mayor entidad, donde pudo al fin demostrar su talento dramático, sin abandonar definitivamente la vis cómica que siempre le ha acompañado. De aquella primera etapa es Lo verde empieza en los Pirineos, de 1973, donde se prendó de una joven actriz de reparto, la francesa Liliane Méric, con quien en 1978 tuvo una hija, Arnelle. Es en Asignatura pendiente donde, año 1977, José Sacristán se convierte en un actor reconocido, ya a partir de entonces de los más taquilleros (al tiempo que ya lo era su amigo del alma, Alfredo Landa y José Luis López Vázquez). En un monólogo emotivo, pulsando las fibras sentimentales del espectador, decía, dirigiéndose a su compañera de reparto, Fiorella Faltoyano: "Nos han robado tantas cosas. Las veces que tú y yo debimos hacer el amor y no lo hicimos… Los libros que debimos leer…Me parece que es como si nos hubiera quedado algo colgado, como aquellas asignaturas que quedaban pendientes de un curso para otro…". Fue la gran película sobre una generación que había perdido muchas oportunidades, a las que nunca tuvieron acceso y que José Luis Garci supo captar en su guión y en la dirección. Quien también contrató a José Sacristán como protagonista de Solos en la madrugada. Ambos, junto a Alfredo Landa formaron un tiempo el triunvirato imbatible en la taquilla, buenos amigos por otra parte. Hasta que tarifaron. Ambos actores dejaron de hablarse con Garci cuando éste quiso contratarlos para Sesión continua (que luego harían Jesús Puente y Adolfo Marsillach) por un equívoco acerca de quién de los dos debía encabezar el reparto. Y no firmaron el armisticio hasta bastantes años después en vísperas navideñas. Los sorprendí en la barra de una pequeña marisquería, La Bilbaína, en la madrileña calle del Marqués de Urquijo, donde se habían citado para cenar. Cuando les propuse una fotografía juntos, Garci "se escaqueó", tal vez en la creencia de que iba a publicar la noticia de aquel feliz reencuentro y sólo pude captar la amistosa reunión con los dos grandísimos actores. Cosas de José Luis, a quien mucho admiro y respeto. Volviendo a José Sacristán, siempre discreto en su vida privada, mantuvo primero un romance con Mónica Randall y después con Laura del Sol. Y recordemos el impacto en Argentina de esas dos películas que protagonizó de Garci, país en el que está considerado un ídolo, en la misma dimensión que Joan Manuel Serrat. Y allí, en Buenos Aires, la actriz Leonor Benedetto se enamoró de él, vino a Madrid y consiguió "cazarlo", según contaba graciosamente Landa. Convivieron durante siete años, entre 1987 y 1994. Fue su tercera mujer.

Su faceta de actor-cantante (de tan escasa tradición en España) la desarrolló a partir de El hombre de la Mancha, en 1997, formando pareja artística con Paloma San Basilio, con quien volvió a triunfar en My Fair Lady, en 2001. Y entre medias, su espléndido papel como Salieri, en Mozart, otro gran espectáculo teatral con música. Y finalizando el siglo XX otro admirable trabajo como Willy Loman en una nueva versión de "La muerte de un viajante". Estos días ha vuelto a subirse al escenario para representar un monólogo, Caminando con Antonio Machado. Entretanto, también luce su veteranía en el serial televisivo "Velvet", en el contenido personaje –toda una lección de comedidos gestos- del encargado de esos almacenes de ficción en el Madrid de los años 50. Brillante es su biografía de grandísimo actor. Que en su vida real lleva quince años muy feliz junto a Amparo Pascual, con quien contrajo matrimonio en Buenos Aires. Confesando sus mejores señas de identidad, me dijo un día: "Soy un sentimental. No puedo vivir sin la nostalgia ni reniego de la memoria".

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