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Aforismos, axiomas y apotegmas

Twitter podría haber puesto de moda el aforismo, pero ha acabado siendo todo lo contrario: la charca donde el pensamiento se sustituye por un croar de ranas.

Santiago Trancón Pérez
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El aforismo (máxima, sentencia breve) es universal, pero fueron los griegos quienes lo elevaron a categoría filosófica, científica y matemática (una ecuación es un aforismo numérico). Frente al desparrame verbal, la exuberancia retórica o la pirotecnia semántica, el pensamiento conciso, concentrado e intenso, tiene el fulgor y la solidez de un diamante pulido. ¿Y si aplicáramos este modo de hablar y de pensar a la política?

Hace tiempo escribí un cuento que titulé La Cofradía de las Verdades Inapelables. Aclaraba que inapelables no significaba Verdades Dogmáticas, sino simplemente sentencias que no se dictaban para ser discutidas, sino sólo para dejar que ejercieran sin ningún filtro su poder de seducción, iluminación y sorpresa. Había, eso sí, votaciones entre los cofrades para elegir la Mejor Máxima Mínima, de acuerdo a estrictos criterios de valoración. Los apotegmas eran de todo tipo, y a veces se acercaban a la greguería: "Saber todo lo que no se sabe es saber todo lo que se puede saber"; "Entre el ser o no ser siempre cabe el ser otra cosa"; "Cuando un grano de arena se convierte en una montaña es porque ese grano está encima de una montaña"; "Deja para mañana lo que no puedas hacer nunca"; "Estar vivo significa no tener ninguna vida por delante", etc.

Twitter podría haber puesto de moda el aforismo, pero ha acabado siendo todo lo contrario: la charca donde el pensamiento se sustituye por un croar de ranas, un escupidero de insultos y rencores, un almacén de vanidades y banalidades. Es increíble cómo nuestros políticos se rebajan a escribir tonterías supinas que los periodistas convierten en alardes de sutiliza e inteligencia. Pero agradezcamos a Twitter lo que es de Twitter: su capacidad para descubrirnos la indigencia mental, humana y cultural de la mayoría de nuestros políticos, tertulianos y opinantes. Disculpemos a muchos periodistas, que no son más que correveidiles de lo que les han dicho que es noticia, "lo que ahora toca", eso que quienes dirigen los medios olfatean que puede "interesar", "atraer", "excitar"; o sea, vender. No se enteran de que son ellos los que crean la noticia, no al revés.

Hoy la política está en manos del pensamiento débil, del pensamiento plano, del pensamiento twitter, esa tendencia a reducir la realidad a una sucesión ininterrumpida y compulsiva de mensajes inanes. Pero aprovechemos el momento. Intentemos recuperar el aforismo. He aquí algunos que podrían competir con la futilidad tuitera:

Secesionismo y democracia son incompatibles. Antidemócrata quien no lo ve.

Cataluña no es, ni nunca ha sido, una nación; pero lo será si España renuncia a seguir siéndolo.

Cuando no tienes las ideas claras, cállate y lee.

Democracia es renunciar al uso de la violencia de palabra, pensamiento y obra.

En una democracia, la violencia sólo puede usarla el Estado de acuerdo con las leyes y cuando las leyes se lo autorizan, pero también cuando le obligan.

Nadie es demócrata, ni libre, ni honrado de nacimiento.

Hay que aprender a ser demócrata, a ser libre y a ser honrado.

La política no es una profesión, ni un modus vivendi, ni un sacrificio, sino una dedicación voluntariamente asumida.

El poder no se asalta ni se toma porque es de todos e intransferible.

El poder se ejerce sólo transitoriamente y por delegación.

El derecho a decidir es el derecho a expropiar y a apropiarse de lo que es de todos.

Quien legisla mal, acaba legislando mucho. Quien legisla mucho, acaba legislando mal.

No me interesan tus opiniones, quiero conocer tus ideas.

Explícame primero tu proyecto; cuéntame luego tu programa.

Para que los ciudadanos confíen en el Estado, el Estado ha de confiar en los ciudadanos.

Etcétera.

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