
La Guardia Civil ha abierto una investigación para esclarecer una serie de robos en varios cementerios del municipio de Celanova, donde en apenas unos días han desaparecido al menos 51 figuras de Cristo de distintas cruces funerarias. Los hechos, que han generado una profunda conmoción entre los vecinos, se producen en un contexto de repunte de delitos similares en la provincia que recuerda a episodios ocurridos en años anteriores.
Según ha confirmado la Comandancia de Ourense, la secuencia de denuncias comenzó la pasada semana con la sustracción de seis cristos en la iglesia de Casariño. A este primer caso le siguió el robo de cinco figuras en el cementerio de Pontefechas, y finalmente un tercer asalto, denunciado este miércoles, en el que fueron sustraídos otros 40 cristos del cementerio parroquial de Celanova. En total, 51 piezas desaparecidas en apenas unos días.
Las primeras hipótesis apuntan a que los autores podrían estar interesados en el valor del metal de las figuras. Fuentes de la investigación señalan que los cementerios contienen "el único metal accesible en este tipo de espacios", por lo que no se descarta que los objetos hayan sido sustraídos para su venta o fundición. No obstante, la Guardia Civil mantiene abiertas todas las líneas de investigación.
Una oleada de robos en cuestión de días
Tal y como recoge el diario La Región, estos hechos no son aislados. En los últimos diez días, al menos cuatro cementerios de la provincia han sido objeto de saqueos similares: tres en la comarca de Celanova y otro en el municipio de Coles. En total, más de una treintena de cristos habían desaparecido incluso antes de conocerse los últimos robos denunciados oficialmente.
El caso más reciente antes de las denuncias actuales tuvo lugar en el cementerio de Santa María de Fechas. Allí, los vecinos detectaron la desaparición de varias figuras tras la misa dominical. Una de las afectadas ha relatado que el sábado anterior las piezas seguían en su lugar, lo que sitúa el robo en un intervalo de apenas horas. Según testimonios recogidos por La Región, los ladrones actuaron con precisión, retirando únicamente los cristos de una fila concreta de sepulturas, próximas a la carretera.
El patrón se repite en otros puntos de la provincia: accesos discretos, selección parcial de tumbas y rapidez en la ejecución. Incluso se han registrado avistamientos de sospechosos en las inmediaciones de algunos cementerios, lo que refuerza la hipótesis de una actuación planificada.
"Un golpe sentimental muy fuerte"
Más allá del valor material, el impacto emocional en los vecinos está siendo considerable. Las piezas sustraídas formaban parte de las tumbas familiares y tenían un fuerte componente simbólico y afectivo.
El párroco Antonio Gómez, en declaraciones recogidas por La Región, ha calificado los hechos como "una falta de sentimiento" y "un robo miserable", subrayando que el daño causado va mucho más allá de lo económico. "Seguro que los cristos que han llevado, si los vas a comprar, valen veinte veces más de cómo los van a vender ellos", ha lamentado, poniendo el foco en el escaso beneficio económico frente al elevado perjuicio emocional.
El propio sacerdote ha explicado también que dio aviso inmediato a la Guardia Civil y al juzgado, y que los agentes ya han recogido pruebas e iniciado gestiones tras hablar con posibles testigos que observaron movimientos sospechosos en la zona.
Un problema que remite a 2022
Esta nueva oleada de robos trae a la memoria lo ocurrido en 2022, cuando la provincia de Ourense sufrió una serie de asaltos a iglesias y espacios religiosos. Aquellos hechos derivaron en una investigación de gran alcance que culminó con las operaciones policiales conocidas como Cinquecento y Templo Sagrado, desarrolladas por la Guardia Civil.
En aquel año, varios individuos fueron detenidos por robos con fuerza y receptación tras sustraer objetos religiosos –imágenes, cálices, cruces o incluso combustible– en distintos templos de Ourense y Pontevedra. Según la investigación, el objetivo volvía a ser en muchos casos el valor de los materiales, especialmente metales preciosos, que posteriormente eran vendidos por cantidades muy inferiores a su valor real.
El caso llegó a la Audiencia Provincial de Ourense, donde los acusados se enfrentan a penas de prisión de hasta cinco años. La investigación ha permitido además recuperar algunas piezas de valor histórico, aunque muchas otras no se han conseguido localizar.
Investigación abierta y preocupación vecinal
Ahora, cuatro años después, los nuevos robos reavivan la preocupación en las zonas rurales, donde la baja densidad de población y la escasa vigilancia convierten a cementerios e iglesias en objetivos vulnerables.
La Guardia Civil mantiene desplegadas diligencias para esclarecer los hechos y no descarta que exista conexión entre los distintos robos recientes. Mientras tanto, párrocos y vecinos han comenzado a extremar la vigilancia y a pedir colaboración ciudadana ante cualquier movimiento sospechoso.
El temor es que la oleada continúe. Como advierten desde las parroquias afectadas, no solo está en juego el patrimonio material, sino también el respeto a espacios profundamente ligados a la memoria.



