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Juan Manuel González

'Ladrones': testosterona para el hombre

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Un consejo: si ustedes buscan una aproximación a las películas de robos meditabunda pero que a la vez no desprecie la acción, entonces métanse a ver The Town allí donde la cinta de Ben Affleck todavía siga en cartel. Si, por el contrario, no les molesta en absoluto el contemplar un videoclip de acción apañado en hora y media, con un reparto de machos exhibiendo armas y mascullando frases perdonavidas, desde luego encontrarán en Ladrones una cinta entretenida al máximo.

Y es que la película de John Luessenhop podría definirse como una aproximación a las reflexiones sobre los dos lados de la ley de series magistrales como The Wire, pero desde la óptica de una secuela bastarda de The Fast and the Furious. Eso significa que al final lo que predomina es la acción pura y dura, servida de la mano de un reparto repleto de raperos y actores blancos monoltícos como Paul Walker (precisamente de la mencionada saga motorizada) por mucho que, de todas formas, el que brille más es el veterano Matt Dillon (el único que se toma con la conveniente sorna el asunto).

Obviamente y con estas credenciales, Ladrones fracasa estrepitosamente a la hora de exponer la tenebrosa moral del delincuente, o al menos, casi tanto como cuando toca mostrar la sacrificada vida del policía de a pie. A los quince minutos de metraje Luessenhop ya ha acumulado todos los tópicos y actitudes de camaradería masculina del género (no falta el plano del reparto al completo caminando a cámara lenta... con una explosión detrás), aspectos en los que el director parece insistir mucho más que en humanizar a los personajes, y casi que mejor: los intentos de crear drama con sus relaciones familiares son lo más manido del filme. En definitiva, en Ladrones importa más la testosterona que otra cosa, incluso más que el componente de ambición, violencia y sexo implícito en el argumento.

Donde Luessenhop se muestra más cómodo es a la hora de repartir tortas. Tanto el golpe final como la tormenta de traiciones y muertes que desencadena tienen ritmo y cierta garra, y nos da las claves para interpretar Ladrones como lo que es: un entretenimiento repleto de giros artificiosos capaz de satisfacer a una audiencia menos sofisticada que la de Michael Mann o The Wire. Volviendo a los consejos: si quieren disfrutar de Ladrones, aconsejen al proyeccionista que suba el volumen al máximo y háganse con las consiguientes palomitas. Si no, quédense en casa...

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