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Juan Manuel González

'Primos': síndrome de Peter Pan y ardores pélvicos

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Después de Azuloscurocasinegro y Gordos, el director Daniel Sánchez Arévalo invierte en Primos la proporción entre humor y drama de las dos primeras películas y presenta su primera comedia en estado puro, aunque sin despreciar pinceladas de melancolia para dar color al conjunto. El resultado es, pese a algunos desajustes y el exceso de verborrea de que en ocasiones parece sobreponerse al guión, una comedia bastante válida.

Primos se apunta a lo que los americanos llaman relatos ‘coming of age’ o peterpanescos, léase aquellos que ponen en la picota algo así como el paso a la madurez de unos protagonistas que probablemente ya han rebasado con comodidad la treintena y que se ven abocados a dar pasos hacia delante. Un modelo argumental que siempre ha estado ahí, pero que a partir del productivo y fecundo último lustro de la comedia americana y toda la mitología de la factoría Apatow, ha dado excelentes muestras de comedia masculina alocada y complementada con dosis ajustadas de melancolía.

Sánchez Arévalo entra de lleno en ese subgénero en una historia de retorno al hogar que aporta un humor agradable y rápido, nunca estúpido, construida sobre un trío actoral que sabe forzar sus personajes hasta más allá de la caricatura pero sin caer en el desagradable trazo grueso. Tanto el sensacional Quim Gutiérrez como Raúl Arévalo, Adrián Lastra y Antonio de la Torre se lo están pasando bien y contagian al público de su histeria, pese a un guión que da un par de tumbos y se permite algún innecesario coqueteo con los vicios de la sit-com televisiva española.

Por suerte Arévalo sabe reaccionar a tiempo y le da cierto peso al asunto usando bien el privilegiado paraje santanderino de Comillas y diseñando escenas bien escritas y dispuestas en el momento adecuado. El componente melancólico no deslumbra pero agrada y ayuda a conectar, aunque repetimos que la trama romántica y el personaje de Inma Cuesta aparecen demasiado desdibujados como para acabar de rematar la jugada. Primos pedía a gritos más desarrollo emocional, pero aún así el resultado final es de lo más agradable.

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