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'Declaración de guerra'

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Valérie Donzelli, considerada una de las grandes promesas actuales del cine francés, ha basado Declaración de guerra en su experiencia personal. El hijo que tuvo con Jérémie Elkaïm, también protagonista masculino y coguionista de la cinta junto a la propia Donzelli, sufrió un grave cáncer que a punto estuvo de acabar con la unidad familiar. El filme narra el descubrimiento de la enfermedad, los efectos que tuvo en la joven pareja, y las medidas que aplicaron para atajar una tragedia, aparentemente, fuera de todo control. La película fue elegida por Francia para participar en los Oscar en una maniobra que, al margen de los resultados (la película no pasó el corte de la Academia de Hollywood), resulta absolutamente comprensible.

Y es que, para entendernos de forma un tanto obvia, Declaración de guerra recoge lo mejor del cine francés y del americano. Del primero evoca los procedimientos de la Nouvelle Vague, conservando su expresivo trabajo de cámara, y utilizando toda una variedad de recursos visuales (y sonoros) para penetrar en la intimidad y la mente de la pareja, a la vez que retrata de forma verista el entorno cotidiano –crecientemente opresivo- que les rodea. Y respecto al segundo, Donzelli no duda convertir a sus protagonistas en dos modelos de conducta, sacrificio y superación, mientras la película se adentra en el peligroso territorio del melodrama, pero sin caer en una deriva sentimental o ingenua alguna.

En Declaración de guerra, un narrador omnisciente e imparcial nos introduce en la dramática historia de forma absolutamente impersonal. Donzelli no duda en adornar el relato con elementos de un deliberado irrealismo, pero que nunca resultan ingenuos. En un momento dado, la pareja protagonista, llamada no por casualidad Romeo y Julieta, se arranca en un número musical a dos bandas, y en numerosas ocasiones tienen lugar insertos casi oníricos que parecen retratar el avance de la enfermedad en el niño. Ninguno de estos recursos, gratuitos sobre el papel, ahogan la película, sino que redundan en su riqueza gracias a la sensibilidad y verdad emocional que le otorga Donzelli. Ambos están perfectos también como protagonistas: junto a Elkaïm, dan el pego como pareja joven y espontánea que se resiste a someterse al destino, convirtiendo Declaración de guerra en un filme excelente, de los que conmueven, y sí, tremendamente divertido y esperanzador.

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