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Juan Manuel González

'REC 3: Génesis'

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La saga REC ha acabado resultando un saludable revulsivo en la no-industria cinematográfica española. Sin resultar especialmente novedosa, la serie de películas de terror en formato found-footage (material encontrado) ideada por los realizadores Jaume Balagueró y Paco Plaza ha conseguido conectar con el fenómeno fan, así como inyectar un renovado interés en el género de terror en su variante más referencial, salvaje y desprejuiciada. REC 3. Génesis, la tercera entrega de la serie, está dirigida en solitario por Plaza (Balagueró se ha reservado la conclusión de la serie, que se subtitulará Apocalipsis), cambia de escenario por primera vez en la franquicia, y sustituye a la heroína de las anteriores películas, Manuela Velasco, por una espléndida Leticia Dolera, que con su traje de novia y su motosierra podría convertirse perfectamente en un icono del cine patrio con todas las de la ley.

REC 3: Génesis se desarrolla en una boda, la de los jóvenes Koldo y Clara (Diego Martín y Leticia Dolera), a los que la invasión de poseídos zombis que todos conocemos les pilla con el paso cambiado y en plena ceremonia. Durante unas horas infernales, los dos enamorados lucharán por reunirse de nuevo mientras eliminan sin demasiado remordimiento a los agresivos invitados de la boda, -es decir, sus familiares- convertidos ahora en infectados que se cruzan en su camino.

Lo cierto es que la película de Paco Plaza, pese a desarrollarse simultáneamente a los eventos explicados en las anteriores películas, apenas explora sus posibilidades de precuela, y tampoco explica nada verdaderamente nuevo tras los hallazgos de las películas previas. La sorpresa esta vez está en el cómo se presentan los acontecimientos, en el tono abiertamente cómico y guiñolesco que adopta la nueva aventura de la serie.

Como es habitual, REC 3 comienza imitado el formato de un vídeo domestico de boda, introduciéndonos en la acción a través de todas las cámaras imaginables: dispositivos móviles, cámaras de seguridad, hasta la que porta Atún, el "responsable oficial" de la filmación. Pese a que nada nuevo hay bajo el sol, Plaza preserva el vigor visual de la idea y potencia el sentido del humor esperpéntico que ya se atisbaba en REC 2 hasta el límite, con instantes y personajes secundarios hilarantes (atención al Atún, o la presencia entre los invitados de un inspector de la SGAE...) que ofrecen momentos auténticamente divertidos, por mucho que apelen a la complicidad del espectador.

Todo corre el riesgo de venirse abajo, sin embargo, cuando se sucede el ataque y la acción adopta un punto de vista convencional. REC 3: Génesis se resiente aquí del escaso interés de Plaza en convertir la película en un verdadero filme de terror, de la escasa profundidad de sus personajes y algunas interpretaciones, y en definitiva de su renuncia expresa al suspense de la que fue su oscura y atroz primera entrega. No obstante, el saber hacer de Plaza, que impulsa la película hacia delante a toda velocidad y a lo largo de apenas 77 minutos, así como el aliento esperpéntico e hiperviolento de la cinta, convierten REC 3: Génesis en una atracción de lo más digna. El realizador se entrega entusiasmado al grand guiñol desmesurado y transforma la franquicia en una exitosa astracanada, a medio camino del costumbrismo patrio de Berlanga y el malicioso aliento fantástico y gore del mejor Sam Raimi (es decir, el de la trilogía Evil Dead: atención a los guiños a su segunda entrega, que aquí se tituló Terroríficamente muertos).

El delicioso y duro desenlace adhiere el relato con las dos entregas precedentes, sin que a Plaza le tiemble la mano con los cambios de tono. REC 3: Génesis sabe ofrecer lo mismo de manera distinta. La mejor franquicia de género española sigue viva.

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