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Con Take Shelter, un drama protagonizado por un espléndido Michael Shannon, el cineasta independiente Jeff Nichols parece sacar tajada de toda la galería de imágenes del fin del mundo a las que habitualmente recurre el cine de terror y catástrofes. No obstante, Take Shelter no pertenece a ninguno de esos géneros, por mucho que recurra ocasionalmente a su iconografía, ni tampoco es un peculiar híbrido entre ambos. La cinta de Nichols es un drama intimista e independiente, fundamentado en las interpretaciones y, eso sí, en la soberbia atmósfera y la constante sensación de amenaza que se adivina en el ambiente.

Curtis LaForche (Michael Shannon, uno de los mejores actores americanos en una de las mejores interpretaciones del año) es un honesto obrero de Ohio que vive una vida modesta pero feliz con su hija sorda Hannah y su esposa Samantha (la ubicua Jessica Chastain, vista este año en El árbol de la vida, La deuda y Criadas y señoras). Curtis tiene todo lo necesario a su disposición, pero no puede evitar convivir con siniestros sueños y ominosas premoniciones en las que una tormenta masiva acaba con todo lo que le rodea...

Take Shelter es el agobiante retrato de la angustia de Curtis por su familia, y un árido drama que refleja de forma siniestra esa sensación de paranoia, de final de ciclo, de sistema en crisis, que parece sentirse en el ambiente como una inminente tormenta. Nichols logra plasmar esa amenaza abstracta dando rienda suelta a los contornos casi fantasiosos de las visiones del protagonista, explotando el horror que provoca el contraste de esa magnificencia con la idílica cotidianidad del escenario rural.

Take Shelter podría interpretarse, en cierto modo como la réplica indie norteamericana a la intensidad dramática de Lars Von Trier en Melancolía. Aunque por vías bien distintas, al igual que el cineasta danés, Nichols explota los recursos del cine de terror y catástrofes, de la profecía del Apocalipsis, para profundizar en la condición humana, esta vez en el retrato de una enfermedad psíquica de forma oscura y minimalista.

Nichols aprovecha las fotografías que le ofrecen la paranoia moderna y la mentira climática, así como la mucho más palpable sensación de amargura de la época de la crisis económica, para dibujar el retrato de un siniestro y moderno Noé, un buen hombre en continuo equilibrio entre la locura y la cordura, entre la certeza del presentimiento y el puro trastorno psicológico. Take Shelter hace gala en este punto de una ambigüedad fascinante: Nichols nunca juzga a Curtis ni ofrece una única salida al espectador, sino que simplemente le coge de la mano y le obliga a seguirle en su debacle.

Nichols lo consigue gracias a la excelente labor de Michael Shannon, cuyo trabajo ofrece un nivel de humanidad y veracidad encomiables. El coprotagonista de Revolutionary Road y Boardwalk Empire (y nuevo villano de la próxima superproducción Superman: Man of Steel) consigue aquí una de sus mejores interpretaciones. Cuando Curtis se lanza a construir el búnker, el espectador comprende su decisión, a la vez que lamenta el daño que se ocasiona a sí mismo y a su familia. Es una sensación frustrante, como frustrantes son los tiempos que corren.

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