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Juan Manuel González

'Por fin solos'

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¡Por fin solos! Supone el regreso al guión y la dirección de Lawrence Kasdan después de diez años de aparente inactividad. Pese a que casi nunca formó parte de la cresta de la ola de su generación, Kasdan fue uno de los cineastas norteamericanos más prometedores de los ochenta y noventa. Sólo en su faceta de guionista contribuyó notablemente a la creación de la primera trilogía de Star Wars, así como al libreto de En busca del Arca Perdida, la primera y seminal de las aventuras del famoso Indiana Jones.

Más tarde, con sus posteriores incursiones en la dirección, el norteamericano dividió su atención entre la actualización respetuosa de géneros clásicos (el cine negro con la memorable Fuego en el cuerpo; el western con Silverado y Wyatt Earp), con un sorprendente gusto a la hora de abordar melodramas corales como Reencuentro y Grand Canyon. ¡Por fin solos! podría definirse como un regreso intrascendente a esas últimas, recurriendo al retrato de hasta tres parejas maduras reaccionando ante una única situación -en este caso la pérdida de un perro-, convenientemente hibridada con otra de las facetas de Kasdan, la mostrada en comedias más convencionales como la agradable French Kiss, protagonizada –al igual que ésta- por quien es su actor fetiche, el norteamericano Kevin Kline.

No obstante, y tras el visionado de ¡Por fin solos!, el colofón actual de este notable currículum, es que la carrera del realizador no goza de la buena salud que debería, por mucho que un servidor quiera defender la denostada El cazador de sueños, su incursión en el cine de terror de la mano de Stephen King –y por cierto, también una película coral-. Al igual que esta última, ¡Por fin solos! carece de foco, de profundidad y transita en todo momento por terreno fácil, siempre a punto de ceder ante el empuje de Diane Keaton, que parece querer abrirse camino a codazos entre el resto del notable elenco para convertir la película en un vehículo para su exclusivo acomodo.

Pero si nos abstraemos del recuerdo de casi todas las películas nombradas en los primeros párrafos, a lo mejor resulta que ¡Por fin solos! tampoco es tan terrible. Kasdan demuestra cierto vigor a la hora de dividir su atención en tres líneas, matizando los requiebros sentimentales con leve ironía, y todo ello utilizando un recurso voluntariamente nimio (el can es un mero McGuffin, de modo que tranquilos: no es una película con perro) como detonante de la historia. Su ritmo, reposado pero no moroso, y su atención a las manías de unos personajes a los que, al fin y al cabo, les ha ido formidablemente bien en la vida, llega al nivel de algunas de las cintas más mediocres del venerable Woody Allen, es decir, resulta agradable sin caer en lo molesto. Y por eso mismo, no dejo de preguntarme lo injusto que resulta que la misma crítica europea que ha aplaudido todas y cada una de las películas del neoyorquino, ahora entierre a Kasdan por lo mismo.

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