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Juan Manuel González

'Tengo ganas de ti'

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Tengo ganas de ti aterriza en las pantallas españolas con la responsabilidad de ayudar al cine patrio a recuperar (algo) del terreno perdido en taquilla en los últimos meses, y quien dice meses dice años. Secuela directa de Tres Metros sobre el cielo, que hace algunos meses recaudó la mágica cifra de trece millones de euros sólo en España, la presente es también un drama romántico juvenil adaptado de la novela superventas del italiano Federico Moccia, todo un as cuando hablamos de vender folletines de amor juveniles. Mario Casas y María Valverde vuelven a ser los protagonistas de la adaptación, a los que ahora se suma Clara Lago, cuya incorporación convierte la historia en todo un triángulo amoroso adolescente.

En efecto, la historia romántica de Hace y Babi, a los que ahora se añade Gin, logró conectar con el público juvenil de una manera casi inédita en el cine español, aupándose como uno de esos fenómenos cinematográficos capaces de movilizar a un sector de público completo. No obstante y pese a su ejemplar factura, de esas que abren posibilidades dentro de nuestra poco prometedora industria, la película de Fernando González Molina (Fuga de cerebros) carecía de sentido del humor, ironía y se hacía ciertamente aburrida y hasta sonrojante en su apuesta abierta por la intensidad adolescente.

Sin perder la identidad ni desagradar a los fans de 3MTSC, acrónimo por el que el público juvenil conoce la película y la novela, Tengo ganas de ti se presenta como el prototipo de secuela superior en casi todo a la primera película. González Molina y su guionista Ramón Salazar, responsables de aquella, han logrado un producto comercial mucho más afinado, más maduro dentro de su colorido pop, que pese a sufrir de nuevo un exceso de tramas y personajes secundarios que engordan la duración, se presenta más compacto narrativamente, y sobre todo, atemperado en su sucesión de clichés y testosterona.

No me entiendan mal: Tengo ganas de ti sigue siendo un perfecto activador de hormonas adolescentes que enervará a cierto sector del público y crítica, pero su mayor gracia y dinamismo, así como sus más medidas actuaciones, redundan en un mejor resultado dramático. La película fluye mejor, es más entretenida y tiene más sentido del humor, pese al previsible exceso de metraje. González Molina y Salazar tratan el regreso a casa del macarra Hache con un aliento casi mítico, lo que redunda en nuevos estereotipos que diluyen los tópicos y rebajan la antipatía de los personajes. La puesta en escena del realizador madrileño es esta vez lo bastante espectacular y efectista como para acicalar adecuadamente el melodrama lacrimógeno y los inverosímiles, cuando no ridículos, giros de la historia.

Y ahí tenemos a una excelente Clara Lago, capaz de matizar el trazo grueso de Moccia y sumar algo de verdadera emoción, ejerciendo de eficaz contrapeso a las oleadas de azúcar y testosterona puestas en escena en la primera película. Pese a no conseguir librarse completamente de los defectos de Tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti es un producto muchísimo más llevadero, y desde luego, casi una necesidad dentro de las renqueantes cifras del cine español de este año.

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