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Hace ahora cuatro años se estrenó en España Escondidos en Brujas, un thriller negro y cómico netamente british que, bajo la apariencia de un derivado de las locuras audiovisuales de Guy Ritchie, ofrecía no pocos lugares de interés gracias a la habilidad con los diálogos de su director, el dramaturgo Martin McDonagh. Hoy se estrena El irlandés, una diminuta comedia de serie negra dirigida por John Michael McDonagh –hermano del anterior- que parece cortada por un patrón similar. Con ella comparte a uno de sus protagonistas, el excelente Brendan Gleeson, que interpreta a un orondo policía anarquista de una pequeña localidad de Galway, en Irlanda, obligado a colaborar con un recto agente del FBI norteamericano interpretado por otro secundario de esos que te levantan una película, el excelente Don Cheadle (Hotel Rwanda, Iron Man 2).

El irlandés vive del contraste de los lugares comunes del policiaco y la serie negra con el pintoresco verdor de una localidad rural irlandesa, y sobre todo de la creación de un particular personaje, el interpretado por Brendan Gleeson, tan aparentemente gandul y seco como podría esperarse de un policía poco ortodoxo y paleto. Sin ser del todo una comedia (McDonagh mezcla humor y violencia con toda seriedad) la película conserva el tono ridículo de las aventuras criminales de Ritchie pero en un estilo y tono radicalmente distinto, mucho más apoyado en lo cotidiano y en los diálogos que en los artificios visuales. A partir de ellos McDonagh crea una de esas figuras icónicas tan rentables en la serie negra: Brendan Gleeson compone un excelente personaje que, muy al modo de Colombo, camufla su inteligencia, amargura y candor haciéndose el tonto pero con mucha incorrección política (atención a las apariciones de un terrorista del IRA y unas prostitutas), para al final llegar al meollo del crimen como un audaz e inquisitivo sabueso.

Lo peor que se le podría hacer a El irlandés es destacar lo tremendamente menor, poco novedosa y pequeñita que es, pero quedarse ahí sería injusto con McDonagh. Al fin y al cabo, el realizador y guionista demuestra saber cómo redondear una idea en cuatro escenas, y recupera el valor y atractivo que proporciona un buen final ambiguo. Además, potencia hasta el máximo la aportación de su protagonista Brendan Gleeson, un excelente actor secundario que crea un personaje memorable que daría para toda una serie de novelas negras... o películas. Quizá la mejor manera de aproximarse a El irlandés es, precisamente, tomársela como una de esas novelas que te llevas a la playa, y a partir de ahí reivindicar su espléndida artesanía.

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