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Juan Manuel González

'Madagascar 3: de marcha por Europa'

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El estudio Dreamworks Animation, responsable de sagas como Shrek o la propia Madagascar, inauguró con el éxito de éstas todo un estilo en el cine de animación familiar que, en su momento, funcionó como perfecto anverso de la supuesta sensiblería de los clásicos Disney. El humor socarrón de Shrek y compañía, y la conjunción de la novedosa técnica digital, catapultaron al estudio de Jeffrey Katzenberg y Steven Spielberg al apogeo en las taquillas, un puesto en el podio que todavía conserva y que comparte con Pixar, actual subsidiaria de Disney y responsable de triunfos cinematográficos y comerciales como Toy Story, Los increíbles o Wall-E.

¿Y a qué viene esta perorata, que probablemente haya repetido en anteriores ocasiones? Pues a que Madagascar 3, tercera entrega de uno de los pilares del estudio (que por cierto, afortunadamente tiene en desarrollo la secuela de la excelentísima Cómo entrenar a tu dragón, una rara avis en Dreamworks) es pura y simplemente más de lo mismo: un argumento telegráfico, un humor apto para los niños con ocasionales subterfugios adultos, y un fuerte componente paródico (esta vez a costa de la saga 007, como en esa llegada del equipo animal a Montecarlo) que se sobrepone tanto a la historia como a los personajes y el propio dibujo.

Lo mejor de Madagascar 3, y lo que la hace mucho más animada que otros productos como la también reciente Ice Age 4, es que la película literalmente no deja en paz al espectador durante los ochenta minutos que dura la proyección. La sucesión de gags, persecuciones y secuencias de acción disparatadas es tan apresurada y loca que resulta imposible no abstraerse de la realidad durante ese breve rato. La presencia de personajes secundarios como sus famosos pingüinos o los chimpancés trastornados también anima la función y la aleja de cualquier sentimentalismo.

En definitiva, la apología del cinetismo de Madagascar 3 ayuda a tapar que detrás de ella no hay nada, pero nada de nada: ni la poética de un cuento de humor y amor adulto como Toy Story 3 ni la genuina aventura de la citada Cómo entrenar a tu dragón. No obstante, todo en ella está dispuesto para el entretenimiento, y mejor que en anteriores ocasiones. Dado como está el patio fuera de los cines, tampoco veo la razón para hacernos el hara-kiri y no dejarnos llevar. No obstante, un servidor queda a la espera del estreno de Brave, de los estudios Pixar.

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