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'Total Recall'

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Uno de los muchos momentos famosos del primer Desafío Total, cinta de ciencia ficción dirigida en 1989 por Paul Verhoeven (quien tomó las riendas del proyecto tras el abandono in extremis de David Cronenberg), el héroe interpretado por Arnold Schwarzenegger acababa con el villano Michael Ironside arrancándole los brazos y arrojándoselos con cierto desprecio por el hueco del ascensor. Se trataba de uno más de los detalles violentos, malévolos y grotescos con las que el director holandés adornaba sus películas, algo que ahora es casi imposible de encontrar en un blockbuster al uso.

En Total Recall, nueva versión de aquella película, basada también en un relato de Philip K. Dick, el protagonista interpretado por un adecuado Colin Farrell también arranca accidentalmente el brazo a uno de sus enemigos... sólo que esta vez se trata de la extremidad de un robot.

Se trata de un detalle quizá anecdótico, pero también representativo de algunas de las diferencias entre el primer Desafío Total y este segundo, un nuevo ejemplar de la abundante (pero no fecunda) ola de remakes de títulos relativamente recientes que se han sucedido durante la última década.

La trama vuelve a ambientarse en un futuro lejano, pero esta vez arrasado por las armas químicas. La población pobre se aglutina en el territorio que hoy llamamos Australia -y que en la película se denomina "la Colonia"- y el de la elitista Federación Británica, en territorio europeo. En la primera vive Douglas Quaid, un obrero que tras someterse a un implante de memoria, un procedimiento habitual en un futuro alienado donde el ciudadano puede "comprar" recuerdos placenteros, se convierte en un hombre perseguido por la policía del canciller Cohaagen (Bryan Cranston), líder del mundo libre. Quaid se unirá a una luchadora rebelde (Jessica Biel) para encontrar al líder de la resistencia clandestina (Bill Nighy) y detener a su perseguidor.

La película que nos llega ahora, dirigida por el joven realizador Len Wiseman, no es peor que la mayoría de éxitos de taquilla actuales. Wiseman, responsable de La Jungla 4.0, muestra un talento casi infinito a la hora de diseñar, filmar y montar las abundantes escenas de acción del relato, que realmente no deja un segundo de respiro. La persecución por los tejados de la colonia, en la que Quaid escapa de quien cree que es su propia esposa (Kate Beckinsale), y otras como la persecución aérea por la autopista, que recuerda tanto a la secuencia en Moscú de El Mito de Bourne como a la de Minority Report, resultan absolutamente brillantes.

Wiseman demuestra tener capacidad para sacar partido de todos y cada uno de los elementos cinematográficos a su alcance, desde los efectos visuales hasta la labor de especialistas, para literalmente pegar al espectador a la butaca, cosa que consigue con creces en todas y cada una de ellas.

No obstante, si en la versión de 1989 existía un cierto componente onírico (Douglas Quaid, interpretado por Schwarzenegger, sueña con ser otra persona), que justificaba la sexualidad sucia y la violencia desaforada de la cinta, en la nueva película ese aspecto brilla casi por su ausencia, con Wiseman recurriendo a la confusión de identidades de Quaid/Hauser como básica argucia argumental, en una clara referencia a la trilogía Bourne de Matt Damon.

Wiseman desenreda en el primer tercio de metraje la trama de suspense de la anterior cinta, ventilándose la ambigüedad de aquella, y entregándose a cierto componente político con el que evidentemente ni el guión ni él se sienten tan a gusto. No obstante, su ilusión a la hora de diseñar un show de altura y absolutamente enérgico resulta evidente y grato en todo momento. Total Recall toma de referencia cintas tan ejemplares como El caso Bourne o algunas aventuras recientes de 007 (atención al guiño a Ian Fleming: búsquenlo ustedes), que son los verdaderos referentes actuales, para vehicular una persecución por un entorno futurista realmente impresionante, aunque en los descansos entre una y otra se note la brecha entre la anterior cinta y la presente.

Por eso, y pese a su falta de verdadera sorpresa, Total Recall no merece el ensañamiento. Está claro que las comparaciones con su referente son inevitables, y aunque el nuevo filme sea mucho más aséptico que el trabajo de Verhoeven (que era simplemente brillante) y a no estar como aquella en la cresta de la ola, su impresionante acción y la corrección de algunos de sus elementos artísticos la convierten en un show impresionante... aunque sólo hasta cierto punto.

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