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Quizá el quid de Iron Man 3, el que le otorga una identidad diferenciada respecto al resto de filmes de Marvel Studios, esté en su anecdótico epílogo, que transcurre tras los títulos de crédito finales y que se está convirtiendo en una tradición en los filmes de la factoría. Sin revelar nada, o no demasiado del mismo, el realizador y guionista Shane Black nos descubre con un último chiste y sin ninguna necesidad de hacerlo el artificio de la voz en off del protagonista, un sobrado Tony Stark interpretado por Robert Downey Jr., y con ello nos retrotrae directamente a su anterior colaboración con el actor, la estupenda y semidesconocida Kiss Kiss Bang Bang, película con la que Iron Man 3 comparte no sólo actor protagonista y narración en off, sino una secreta pero nada moderada intención paródica.

De aquella apología de la literatura pulp y la acción rápida (incluso antes, Black fue el creador de la saga Arma Letal, que le convirtió en el guionista más reputado de hace dos décadas) encontramos la clave para disfrutar la nueva pirotecnia Marvel. Iron Man 3 funciona gracias a Black como un crossover, pero no de personajes de la franquicia, sino de artificios hollywoodienses, entregando la primera película de superhéroes que funciona en realidad como híbrido entre esa mitología y la del policiaco de los ochenta, ése que Black se sacó de la manga a golpes y balazos con películas como la citada Arma Letal, El último boy scout o la todavía incomprendida El último gran héroe.

Por eso, en Iron Man 3 un Robert Downey Jr sin armadura desenmascara una conspiración compuesta de elementos que a los fans de aquel cine les sonará y mucho. Black propone, pese a los disfraces, la tecnología y el recurso a la ciencia ficción, una trama de intereses políticos que esconde un falso villano, escondites de camellos y mansiones repletas de secuaces, todo ello sin un asomo de indulgencia o sentimentalismo, pero tampoco excesivos aires. Además -claro- de muchos, muchos chistes de una línea y pluma afilada, aportando además un cierto sentido del espacio y lugar (la costa de Malibú, el Teatro chino de Los Angeles, un puerto) que alude mucho más y mejor al espíritu de ese cine de acción que Black pergeñó, repleto de traiciones y hasta alguna femme fatale, que al de la ciencia ficción superheroica.

Al ingenio del realizador y guionista, aún algo verde en la planificación de grandes escenas de acción, y que desplaza de la silla de director al impersonal Jon Favreau, le debemos que todo esto se refunda bien con las necesidades de la empresa y el nuevo espectador, y aún le de tiempo a ampliar las colaboraciones de Gwyneth Paltrow, la nómina de personajes (memorable el niño Ty Simpkins) y la mitología de Tony Stark. Iron Man 3 es la mejor entrega de la franquicia del hombre de hierro.

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