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Muere el actor Alfredo Landa

Fallece en Madrid uno de los actores más queridos de la historia del cine español. El mítico intérprete había sufrido un ictus cerebral en 2009.

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El actor Alfredo Landa ha fallecido en Madrid, según ha confirmado la Academia de Cine. Nacido en Pamplona (Navarra) hace ahora 80 años, Landa ha sido sin duda uno de los grandes nombres del cine español. Con su muerte se pone fin a una generación única de actores y directores que han marcado la historia del séptimo arte en España.

Su trayectoria cinematográfica, televisiva y teatral revela un actor versátil que logró saltar de los papeles cómicos que le hicieron famoso (pudo presumir de dar nombre a un género, el landismo, asociado a la Transición) a otros de naturaleza más dramática, todos ellos con igual éxito.

Tanto es así que el Festival de Cannes le otorgó su premio al mejor actor (ex aequo) por Los Santos Inocentes, reconocimiento que los Goya le dieron también y por duplicado en 1987 y 1992, con El bosque animado y La Marrana. En 2007 fue galardonado con el Goya de Honor a toda su excelsa carrera. En sus últimos años de carrera, Landa abundó en papeles televisivos como el de la exitosa serie Lleno, por favor, así como en pequeños papeles en múltiples películas. Su etapa con José Luis Garci, sin embargo, se prologó durante varias películas, la última de ellas Luz de domingo, en el año 2007.

En enero de 2009, Landa sufrió un ictus cerebral. Las múltiples isquemias afectaron a muchas de sus funciones, pero el actor logró recuperarse en parte de las mismas gracias al cariño de sus compañeros de profesión y, por supuesto, su familia.

Un debut a lo grande

Hijo de un capitán de la Guarcia Civil, Alfredo Landa nació en Pamplona (Navarra) el 3 de marzo de 1933 y, con 25 años, abandonó la carrera de Derecho pese a la oposición de su familia y se trasladó a Madrid para convertirse en actor con "sólo 7.000 pesetas y una carta de recomendación en el bolsillo".

"Yo avisé a mi madre: 'Mamá, si no me dejas irme, me quedo y acabo la carrera; pero si a los 40 años soy un infeliz, te echaré la culpa a ti'. Y ahí se acabó la discusión. Me dijo: 'Vete'. Tardé una semana en meterme en un Expreso a Madrid", aseguró el actor en una entrevista. Ya en Madrid, y gracias a su experiencia como intérprete en el teatro universitario, consiguió sobrevivir a base de pequeños papeles en las salas de Madrid.

En el cine, debutó a lo grande con José María Forqué en Atraco a las tres, en 1962, junto a intérpretes ya consagrados como José Luis López Vázquez y Gracita Morales. Fue en una de esas salas, el Teatro María Guerrero, donde captó la atención del director José María Forqué. "Forqué y -el también cineasta- Pedro Masó se fijaron en mí en el María Guerrero. Masó le preguntó a Forqué: 'Oye, ¿quién coño es el bajito ese?' [...] Y tres días después me soltó Pedro Masó: 'Bueno, usted va a empezar en el cine por la puerta grande", afirmó. Este papel, que le abrió las puertas del cine, fue el preludio de una carrera marcada por el landismo.

El 'landismo'

Este subgénero de la comedia, que nació en torno a la figura del actor y que fue muy mal recibido por la crítica, se prolongó a lo largo de los años setenta coincidiendo con los últimos coletazos del Franquismo y la explosión del turismo internacional en España. Con el paso del tiempo, y bajo la dirección de cineastas como Pedro Lazaga y Fernando Merino, el landismo se convirtió en fiel reflejo de su época a través de personajes reprimidos que encarnaban las frustraciones nacionales y generacionales de los españoles.

A pesar de su mala prensa, el actor nunca renegó del landismo y siempre se sintió orgulloso de prestar su apellido al subgénero. "Yo no creé esa palabra, pero estoy agradecidísimo al tío que la creó. El landismo ha marcado y, aunque muchos se han referido a él peyorativamente, hoy se habla de él como un fenómeno de la sociedad", afirmó.

De esta etapa destacan cintas como Cateto a babor, No desearás al vecino del quinto (Ramón Fernández, 1970) o Vente a Alemania, Pepe (Pedro Lazaga, 1971), donde compartió protagonismo con otros referentes del landismo como Florinda Chico o José Sacristán.

Un giro dramático

Tras casi 15 años dedicado a la comedia, un género que nunca abandonaría totalmente, Alfredo Landa demostró su capacidad para interpretar papeles dramáticos en la cinta El Puente (Juan Antonio Bardem, 1976), que supuso un punto de inflexión en su trayectoria.

A partir de entonces, gozó del apoyo de la crítica y comenzó a recibir ofertas para cintas dramáticas, entre las que destaca Los santos inocentes (Mario Camus, 1984), que le valió el premio al mejor actor en el Festival de Cannes junto a su colega Paco Rabal.

En esta etapa, la última de su carrera, figuran títulos como El crack (José Luis Garci, 1981), La vaquilla (Luis G. Berlanga, 1985), Tata mía (José Luis Borau, 1986), El bosque animado (José Luis Cuerda, 1987) o Canción de cuna (José Luis Garci, 1994).

A principios de 2004, le diagnosticaron un cáncer de colon y fue intervenido una semana después de recibir la noticia en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. A lo largo de su carrera, recibió varios galardones nacionales, entre los que se encuentran dos premios Goya; el Príncipe de Viana de la Cultura 2008 y cuatro menciones al Mejor Actor (1980, 1982, 1995 y 2008) del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC).

Retirada de honor

El actor, que recibió el Goya de Honor 2007 en reconocimiento a toda su carrera, se retiró ese mismo año después de rodar la película Luz de domingo con el director José Luis Garci, con quien trabajó en siete largometrajes a lo largo de casi dos décadas.

"Un día vi en un programa de televisión a alguien a quien yo admiraba mucho, y le vi mal. Y me cacé diciéndole a la televisión: 'Retírate, hombre'. Y me volví y me dije: 'Bueno, ¿y tú qué?'. Y me miré al espejo y me dije: 'Pues tengo que pensarlo", admitió.

Fue entonces, durante la ceremonia de entrega de los Goya 2007, cuando Alfredo Landa sufrió "uno de los peores momentos" de su vida. El actor, emocionado ante el cariño de sus compañeros de profesión, olvidó su discurso y estuvo balbuciendo durante varios minutos. "Me levanté. En la pantalla empezó a desfilar toda mi vida, todas mis películas. Salieron a recibirme Pepe Sacristán y Miguel Ángel Rellán, aplaudiendo. Al darme la vuelta vi a 3.000 personas puestas en pie, aplaudiendo también. Y perdí el control de mis nervios. Lo que me pasó allí arriba no me había pasado jamás, no me venían las palabras", afirmó.

Después de su retirada, Landa se dedicó a "vivir la vida" y a disfrutar de la compañía de su familia, aunque la salud dejó de acompañarle en sus últimos años. En enero de 2009, ingresó en la UCI del Hospital Nuestra Señora del Rosario de Madrid después de sufrir un ictus cerebral que le obligó a desplazarse en una silla de ruedas durante varios meses.

Landa nunca calló sus opiniones, aunque eso le pusiera en la picota de los críticos. Poco después se presentó su biografía, Alfredo el Grande. Vida de un cómico, que era una entrevista concedida a Marcos Ordoñez, y en la que no se mordía la lengua. "No hablo mal de la gente, sólo constato la realidad". Arremetió contra el cine español, donde decía que "solo hay media docena de señores con talento, que lo hacen bien", y que el desencuentro con el público se debía a que "les damos morralla". Pero más que como todo eso, Landa se definía a sí mismo como "el que mejor juega al mus desde que se inventó" y que tenía la mejor receta para un cóctel. "Hago los mejores cócteles porque les pongo amor, que es un ingrediente que no le pone la gente. Cuando mezclo los ingredientes, pienso en lo feliz que vas a ser cuando te lo tomes", decía.

Alfredo se despide de nosotros tal y como hacen los grandes, con amor y humor. "Si hay que morirse -me decía- pues se muere uno, que ya he vivido lo mío. Mi vida ha sido cojonuda. En algún momento tiene que acabar", dijo en su biografía. Hasta siempre, Alfredo.

Un amigo de esRadio y Libertad Digital

Alfredo Landa era, además de uno de los mejores actores de la historia del cine español, un buen amigo de esRadio, no sólo por la amistad de años que le ha unido a José Luis Garci, recuperada tras algunos altibajos, sino por su excelente relación con Federico Jiménez Losantos y el propio Luis Herrero.

Además, tras su paso por una histórica edición de La hora de Federico en Libertad Digital TV todo el equipo de nuestra televisión recuerda con especial cariño a alguien que, además de un gran profesional y todo un personaje, dejó no pocas muestras de ser también una gran persona.

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