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Juan Manuel González

'El Gran Golpe'

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No descubro nada al decir que Corea del Sur se está convirtiendo en una auténtica fuente de talento cinematográfico. Para demostrarlo, ahí están nombres como el de Park Chan-wook, que hace unas semanas presentó su debut en el cine norteamericano, Stoker, al que puede añadirse el de Kim Ji-woon, que hizo lo propio un poco antes con la simpática El último desafío. A estos podría añadirse perfectamente ahora el de Choi Dong-hoon, realizador de esta El Gran Golpe, a la sazón la película más taquillera de la historia de su país. Una cinta heredera de la tradición de heist-movies o películas de robos contemporáneas como Ocean’s Eleven o The Italian Job, a las que podría añadirse perfectamente influencias de la saga Misión: Imposible, que también heredaban muchas de las características de aquel género.

Lo digo porque El Gran Golpe, si quitamos su exceso de exposición en pleno corazón del filme (demasiados personajes: una poda radical de diez o quince minutos y un par de ellos le habría venido fenomenal) desprende energía a raudales. La película es un espectáculo hollywoodiense en toda regla en el que Don-hoon demuestra dominar todos los resortes de la acción, que tarda en aparecer pero resulta siempre sorprendente e hilarante, así como imprimir un tono sixties o seventies a un relato que remite, en sus abundantes virtudes y defectos, al cine norteamericano y británico más que a la tradición oriental.

El Gran Golpe (no confundir con la de Brett Ratner o la de Roger Donaldson) carece de progresión dramática debido a su acumulación de embrollo, pero Don-hoon se muestra tan cómodo con el tono burlón de la historia, que narra la peculiar asociación de dos bandas de ladrones, una coreana y otra china destinadas a (mal)entenderse, que al final la alegría acaba impregnando al personal. La gran virtud de El Gran Golpe es lograr aunar acción sofisticada y comicidad bufa (atención a la arrebatadora Gianna Yun, que interpreta a Jennicall), repleta de giros previsibles pero todos ellos disfrutables, sin que se nos atragante el manido conjunto. Ustedes quédense hasta lo extraordinarios y excesivos últimos cuarenta minutos del filme, con su acumulación de persecuciones y escaramuzas, y descubran todo tienen que aprender todavía, sin ir más lejos, los autores de la saga Fast & Furious.

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