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Juan Manuel González

Crítica: 'La mejor oferta', de Tornatore

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El italiano Giuseppe Tornatore afronta en La mejor oferta un aparente doble desafío. Por un lado se trata de su producción más internacional, rodada con actores de habla inglesa como Geoffrey Rush y Jim Sturgess, y además fuera de Italia, en localizaciones de la República Checa (por mucho que La leyenda del violinista en el océano ya respondiera a muchas de esas características). Por otro, y de forma quizá más llamativa, se trata también de un relato de suspense casi tanto como uno romántico, aunque lo llamativo de ella es como el realizador consigue que semejante composición de géneros no suene a tópico genérico, sino que se someta a su propio temperamento (como si Tornatore no hubiese metido antes los pies en otros territorios genéricos).

Un giro artificial que, sin embargo, entronca perfectamente con algunas de las insinuaciones más poéticas de la película, donde al fin y al cabo un veterano experto en arte, verdadero sabueso en distinguir falsificaciones, despierta al amor y a las emociones por primera vez en su vida de la mano de una joven agorafóbica. La mejor oferta podría considerarse como la película de suspense de Tornatore, o al menos la que haría el responsable de Cinema Paradiso: un thriller romántico, sentimental, melancólico y hasta melódico, arrullado por la constante (y fascinante) partitura de Ennio Morricone. También podría ser una historia romántica narrada en clave de thriller hitchcockiano, uno cuyo misterio último es la naturaleza misma de las emociones, que como el arte también pueden ser falsas pero al final en sí mismas verdaderas: la verdad del artificio, una frase que se repite por todas partes a lo largo del (alargado) metraje. Vértigo, pero según Tornatore.

El italiano parece haber encontrado la solución a esa comunión de intereses sin que su película suene –precisamente– a artificio fusionando las motivaciones de uno y otro género en torno a la interpretación de un Geoffrey Rush omnipresente y magistral. Todo esto Tornatore lo hace abrazando de nuevo su propio estilo, dulzón y almibarado tanto con el romance como la decepción, en la alegría y la tragedia, pero cuya atmósfera melancólica y teatral le funciona mejor que en otras ocasiones. Inverosímil y tramposa si nos atenemos a una mirada objetiva, lo cierto es que La mejor oferta consigue ocultarnos sus verdaderas intenciones hasta bien avanzado el metraje y hasta alberga cierto juego metacinematográfico. No está mal para un drama romántico.

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