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Juan Manuel González

Crítica: 'Tú y yo', de Bertolucci

Bertolucci regresa después de casi diez años con un drama adolescente.

Juan Manuel González
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El italiano Bernardo Bertolucci regresa a la dirección tras una década de obligada inactividad con Tú y yo, un drama juvenil basado en una novela de Niccolò Ammaniti que no recogió muchos halagos en su exhibición en Cannes, pero que nos llega ahora, más de un año después de aquello, no sólo como testimonio sincero de una vitalidad que ahora parece más obligada que nunca (el cineasta vive postrado en una silla de ruedas) sino como recordatorio de la habilidad de su director para exprimir ciertas sensaciones poéticas y cinematográficas.

Tú y yo adopta el punto de vista de Lorenzo, un chico de 14 años aislado del mundo pero a la vez atento a cada palabra que se pronuncia a su alrededor, enfrentado al dilema de adoptar una normalidad que -según él mismo- equivale a la nada, y que en su huída constante aprovecha una larga excursión escolar para encerrarse en un sótano familiar. Allí, entre avalorios polvorientos y por avatares del destino, coincidirá con su hermanastra yonqui largamente desaparecida, que también busca un lugar apartado del mundo... pero esta vez para pasar el mono y alguna que otra página turbulenta. Lejos de incurrir en un psicoanálisis sesudo, Bertolucci tira por la ventana del búnquer indagaciones políticas y sociales y opta por lo puramente intimista, narrando el breve encuentro a pinceladas de humor negro y drama y -sobre todo- haciendo gala de una notable ligereza, ayudado por una cámara ágil y cinematográfica que saca un partido extraordinario de todos los rincones de único y casi teatral escenario. Una postura ausente de dramatismos y aspavientos que, junto con la brevedad del relato, da una impresión de amabilidad que no favorece demasiado en una primera impresión.

Tú y yo no permanece demasiado tiempo en el recuerdo y más parece un bosquejo de algo mayor y más amplio, pero tampoco mejor. Bertolucci es un buen observador tanto de la ilusión como de la tristeza, por mucho que esta vez su aproximación sea indulgente (¿por qué no habría de serlo con dos adolescentes?). Pero más que eso llama la atención del punto de vista que adopta sin tapujos. Lejos de explorar cierto componente de romance fraterno y descubrimiento sexual, algo que podríamos esperar del firmante de Soñadores, el italiano convierte la anécdota en un drama familiar en el que sus dos personajes encuentran un principio de orden en un mundo sin respuestas, sin demasiado amor. Bertolucci huye de fantasías y sabe cómo se filtra la tragedia en los detalles, como en ese detalle final del paquete de tabaco, pero en su vejez y en la enfermedad elige adoptar sin pudor una perspectiva jovial y optimista que conmueve, que hace falta, y que no parece impostada.

Tú y yo es el retorno a la adolescencia de un hombre de 73 años y postrado en una silla de ruedas. Pero pese a esa excesiva suavidad del tratamiento y su evidente melancolía, la cinta tiene bastante poco de lánguido ejercicio de despedida. Quizá por eso, la banda sonora incluye temas de Red Hot Chilli Peppers, Muse y hasta David Bowie, encargado de cerrar sin aspavientos un breve largometraje que, en primer lugar, refrenda la capacidad de su autor para exprimir visualmente el espacio vital y estado de ánimo de sus protagonistas, encarnados de forma naturalista por Jacopo Olmo Antinori y una alucinante Tea Falco, y en segundo desdeña (aunque quizá no llega a sobreponerse) a cierta condición de obra menor de un cineasta que, recordemos, ha firmado tanto El último tango en París como El último Emperador.

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