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Juan Manuel González

Crítica: 'Red 2'

Red 2 vuelve a reincidir en la idea de héroes de acción retirados de la primera entrega.

Juan Manuel González
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El desfile de viejas glorias es ahora mismo una de las fórmulas más seguras para el género de acción. Y como ejemplo tomo los resultados económicos (mediocres) de La Jungla: Un buen día para morir y la aún no estrenada Asalto al Poder. Claro que la primera era nefasta como pocas, y la segunda, que les anticipo como una película fenomenal, ha sido estrenada en un mercado saturado de estrenos como es el de la cartelera de verano. A lo que voy: en un momento en el que el público parece haber dejado de lado la exhibición de testosterona en beneficio de espectáculos más sofisticados pero cargantes, los estudios parecen haber rebajado la intensidad de la apuesta (esto es, el presupuesto) y aumentado la carga humorística del asunto, cosa de la que no carecía precisamente esa época de oro para el subgénero que fueron los ochenta y noventa. En ese contexto se insertaron tanto la saga Los Mercenarios, a punto de convertirse en trilogía, y la primera entrega de Red, que no parodiaba tanto el musculoso estereotipo de Rambo como el cine de espionaje de la Guerra Fría, incrementando -eso sí- el octanaje de la acción.

Esta segunda Red 2 se olvida aún más y para siempre del cómic de Warren Ellis -que tenía un tono y objetivos distintos, pese a cierta coincidencia en la acción- para optar por la vía Ocean's Eleven. Nuevas incorporaciones (Catherine Zeta-Jones, Anthony Hopkins, el coreano Byung-hun Lee...), creciente tono de comedia, cambio de escenario (esta vez a Europa), y el conveniente refuerzo de las intervenciones de John Malkovich y Helen Mirren, a quienes no les supone esfuerzo alguno adueñarse de la función otra vez. El director Dean Parisot, que parece haberse especializado en hibridar comedia con distintos subgéneros, ya sea la ciencia ficción trekkie de la recuperable Héroes fuera de órbita, como los robos de la fracasada Dick y Jane. Ladrones de risa, y que -por cierto- dirige un tanto de Pascuas a Ramos, no oculta su predilección por la comedia, y en esa decisión casi involuntaria nos da la clave para interpretar el estado del género.

No hay nada especialmente rechazable en Red 2, es más, su presencia resulta especialmente agradable en tanto recupera cierto gusto por las producciones medias en medio de tanto mamotreto (creo que esto mismo lo dijimos a colación de Expediente Warren y Ahora me ves, cuyo éxito en la cartelera patria ha superado el de otras producciones más ambiciosas). Pero sí nos hace soñar con los tiempos en los que realizadores como el ahora encarcelado John McTiernan, y otros como Renny Harlin, Tony Scott (D.E.P.), Walter Hill, Richard Donner o hasta Russell Mulcahy se hacían cargo de las películas de tíos duros. Actioners en los que la acción y los personajes parecían surgir naturalmente, como si siempre hubiera estado allí. Ésas cuyo humor olía a sobaco y gasolina, cuyo guión raspaba como la barba de dos días, y que no sentían necesidad alguna de pedir perdón por su sucesión de frases cortantes y maleducadas. Está claro que esos días han pasado.

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