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Juan Manuel González

'Sharknado' toca suelo en España

Sharknado, la sensación en redes sociales del verano, se estrenó en España el pasado viernes. Y nosotros hemos sobrevivido a la película.

Juan Manuel González
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"En lugar que permitir que lluevan tiburones, vamos a meternos en ese helicóptero y tirar bombas a los tornados".

Hace algún tiempo el aleman Uwe Boll trató de defender su última película, no me pregunten cuál, asegurando que en ella no sólo había acción y asesinatos, sino que también se "pasaba tiempo con gente". Sin duda a Böll, considerado el Ed Wood contemporáneo (pero sin su candor e inocencia), y que además de un mal cineasta acostumbra a parapetarse bajo el paraguas de la polémica, le molestaría saber que la productora The Asylum le ha ganado en su propio terreno... el del cine basura hecho a conciencia.

Pero The Asylum es distinta a Böll. Más que nada porque a diferencia suya nunca han necesitado dignificar sus películas recurriendo al Holocausto judío. Megatiburón contra Crocosaurio, Pirañaconda, Transforphers, Atlantic Rim... todas ellas son producciones desvergonzadas de serie Z, directas al mercado del DVD y elaboradas a modo de rip-offs rápidos de los éxitos de Hollywood. Y con unos efectos visuales dignos de cualquier escolar aplicado con el After Effects.

Pues bien: en Sharknado, su última producción, una tormenta inunda LA y arroja tiburones recogidos en el Golfo de México por toda la ciudad, permitiendo que éstos naden por las calles y se coman a todo el mundo. Desde luego, esto tiene que significar la cumbre de algo, por mucho que sea excavando hacia abajo.

La película para el canal Syfy se convirtió este verano en una verdadera sensación en las redes sociales. Un enorme "hype" que luego no se tradujo en unos resultados de audiencia extraordinarios, pero que -aún más importante- llevó a personalidades como Damon Lindelof e incluso Mia Farrow (¡!) a tuitear su experiencia, y a un estreno limitado en salas de cine.

Su llegada oficial a España tuvo lugar el pasado viernes, y de nuevo generó la suficiente expectación como para merecer un pase especial en la Academia de Cine (de nuevo, signos de exclamación). Una sesión promocional especialmente concebida para fans del fenómeno de culto... aquellos que seguramente ya habían dado buena cuenta de la película en los ordenadores de su casa.

Por supuesto, no hay que tomarse Sharknado más en serio que quienes la han hecho. Bien es cierto que aunque quisiéramos, tampoco podríamos. Pero eso tampoco debería ser inconveniente para alabar algunas de sus virtudes.

Al fin y al cabo, en ella el goteo de víctimas es constante, las frases lapidarias valen más que la propia película, y sus responsables tienen la decencia de no cargarse a sus principales personajes desde el principio (la secuela, ambientada en Nueva York, ya está programada para el año que viene). En definitiva, que al menos pasamos algo de tiempo "con gente". O algo. En todo caso, Sharknado delata cierto oficio, y esto va completamente en serio: la película utiliza todos los recursos visuales (baratos) a su alcance, gradúa bien la violencia y sus set-pieces, y en definitiva sabe que su única misión es entretener al personal sin que el ritmo decaiga. Y la verdad sea dicha, lo consigue.

A diferencia de muchos rip-offs italianos y aún más blockbusters contemporáneos, Sharknado no da gato por liebre y desde el primer momento están pasando cosas. Se trata de una película que apela continuamente al espectador y su afán de participar en lo que ve por encima de cualquier otro criterio o valoración (quizá por eso mismo su nota en el portal Rotten Tomatoes supera el 90%, una calificación superior a la de los mejores éxitos del año). La sucesión de frases imposibles ("Se llevaron a mi abuelo, por eso odio a los tiburones") compensa a todo aquel que quiera ser compensado.

Y no, no se lo toma para nada en serio. Al fin y al cabo, estamos en una película en la que el cambio climático provoca un tornado de tiburones sobre LA, en la que John Heard (¿se acuerdan de él?) aparta peces voladores con un taburete de bar, y donde la stripper protagonista es devorada por un escualo... pero se reserva el último giro de la función. Sí, Sharknado es una verdadera basura. Pero no importa, porque al final, la hora y media se pasa volando...entre tiburones.

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