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Juan Manuel González

Crítica: 'Capitán Phillips', con Tom Hanks

Tom Hanks realiza la mejor interpretación del año en un thriller que mezcla el realismo con el espectáculo de las cintas de secuestros.

Juan Manuel González
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Vamos a explicar qué es Capitán Phillips, porque les advierto que cosa tiene más tela que cortar que su sinopsis. Se trata de un thriller dramático basado en hechos reales (el secuestro del Maersk Alabama a manos de piratas somalíes en 2009) dirigido por el británico Paul Greengrass, firmante de las dos mejores entregas de la saga Bourne y del rompedor thriller United 93, y por tanto la apuesta perfecta para los fans de la acción con fundamento argumental y personajes de carne y hueso. Pero como era de esperar en el rabiosamente político director británico, también se trata de una aseveración comprometida sobre el complicado y moralmente contradictorio mundo actual, que -eso sí, y a diferencia de Green Zone- no deja que la política ahogue su fundamento humano, su calado emocional.

Pero miremos dentro de las tripas de la película. Porque Capitán Phillips contiene también una lección de interpretación de su protagonista Tom Hanks, cuyo trabajo aquí simplemente supera cualquier tipo de expectativa (la escena final de la obra, sin revelar nada, es simplemente LA ESCENA más dramática, natural y desgarradora del año). El protagonista de Forrest Gump y Náufrago extrae todos los matices emocionales de la situación y construye el héroe de clase trabajadora absoluto, reivindicándose de nuevo como uno de los mejores actores vivos del panorama mundial. Esa escena muestra un Hanks al límite, como jamás había sido visto, pero sin aspavientos. Un León de la interpretación, con piel de cordero. ¿Les resulta difícil de creer? Esperen y vean.

Porque Capitán Phillips es, sobre todo, una verdadera advertencia a nivel de puesta en escena y montaje cinematográficos, en la que Greengrass es capaz de extraer tensión, espectáculo y drama humano de la nada y sin darnos ninguna explicación de cómo ha logrado exprimir el tópico de semejante manera (se me ocurre el ataque del esquife al buque, sencillo sobre el papel, y que Greengrass alarga minutos y minutos de prodigioso crescendo: atención a cuando se dispara la primera bala). El resultado es un thriller ejemplar, endiabladamente entretenido, tenso de narices y además, como extra, intensamente conmovedor a medida que se aproxima la tragedia. Un mecanismo de relojería visceral y primitivo, realista pero sobre todo dinámico, el retrato de un mundo caótico pero palpable, situado en esa imposible intersección cinematográfica donde se encuentran Tarde de Perros, la trilogía Bourne y Jungla de Cristal, de entre las cuales ésta emerge como su perfecto hijo bastardo.

Capitán Phillips comienza con una larga introducción. Pese a tópica, al final se revela necesaria: Greengrass, fiel a su estilo, no necesita demasiados datos sobre el contexto o los personajes, pero ya desde el principio concede un similar protagonismo tanto a la tripulación occidental como al bando africano, sin convertir la película en un juicio político o un drama de personajes, pero revelando de alguna manera todos los colores del espectro por el camino, los resortes morales que va a tocar. El británico nunca nos trata de dar pena con los piratas, a los que retrata en toda su ignorancia y violencia... pero también desesperación. Y en el otro lado de la balanza permite que Tom Hanks elabore la mejor y más matizada interpretación vista en una pantalla este año. Resulta asombroso el crescendo de la película, comprobar cómo cuando la tensión apremia y el Ejército entra en escena, Greengrass conecta el modo United 93, describiendo minuciosamente la cadena de mando y el procedimiento militar (convirtiendo al capitán de personaje activo a víctima resignada), pasando de ataque a defensa y encerrando al espectador en cuatro paredes, sin que apenas nos percatemos de su evidente maniobra. En definitiva, empujándonos dentro de una olla a presión de final previsible, pero no menos sobrecogedor.

Capitán Phillips es un docudrama asombroso que pone en escena un mundo injusto, donde los héroes existen pero actúan en un contexto desdibujado, en una casuística imposible de predecir. Más allá de su valor como ejercicio de suspense, acción y drama, es en el retrato de este pavor, similar al de United 93 (pero con retrato individual que sirve de mínimo consuelo al público, el propio capitán Phillips) donde la película realmente triunfa. Para quien esto escribe, una nueva obra maestra de su director.

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