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Juan Manuel González

Crítica: 'Capitán América: Civil War', de Marvel Studios

El Universo Marvel alcanza poco a poco su cenit. Puede que Capitán América 3 sean tres películas en una, pero todas son un verdadero jolgorio.

Juan Manuel González
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El Universo Marvel alcanza poco a poco su cenit. Puede que Capitán América 3 sean tres películas en una, pero todas son un verdadero jolgorio.
Capitán América: Civil War | Marvel Studios

Los detractores de los universos conectados de ficción, materializados en este MCU (Marvel Cinematic Universe) que ha cristalizado en el último lustro, tienen una papeleta difícil con Capitán América: Civil War. La película que vuelven a dirigir los hermanos Russo, responsables de la anterior aventura del personaje creado por Joe Simon y Jack Kirby en 1941, vuelven a repetir la jugada de la excelente El Soldado de Invierno en esta tercera entrega del gran héroe americano, más compleja y extensa, pero tan fluida como aquella. Que también, ojo, podría titularse Iron Man 4, por los muchos minutos dedicados a su antagonista, que vuelve a interpretar un más comedido Robert Downey Jr. O quizá Los Vengadores 2.5, tal es la cantidad de héroes convocados para el enfrentamiento que da título al filme, algunos de ellos presentados aquí por primera vez.

Tanto da: Civil War es un filme que encuentra la manera de conciliar, en sus entretenidísimos (aunque quizá excesivos) 147 minutos, todos los intereses de esta gigantesca franquicia Marvel que ya ejerce de refracción contemporánea, vitalista y excitante, de géneros seminales clásicos como el western o el cine de espionaje. Lo hace sin asomo alguno de confusión o cansancio narrativo, como una maquinaria engrasada a lo largo de diversos filmes que ahora, aquí, afronta por fin su cénit, su momento de gloria creativa y máxima capacidad de convocatoria en la taquilla. Eso es, al fin y al cabo, la presente Civil War: un fascinante conglomerado de intereses corporativos tanto como una buena película de aventuras, un guión que dispone de una extensa galería de personajes utilizados, esta vez sí, en beneficio de la creación de una peripecia dirigida con tal músculo y convicción que, pese al evidente ejercicio de equilibrismo, carece de tiempos muertos y sostiene un tono tan duro como jovial pese a las implicaciones (esta vez de índole más personal) de su argumento.

Una madurez que no va en detrimento de la diversión, en el que el subtexto existe sin que el debate ético y la ideología anulen el desarrollo de la trama, siempre por encima del discurso que efectivamente reflejan. Se trata de pura imagen de marca, y más ahora que sus rivales en DC/Warner construyen el suyo, pero sometida a un buen trabajo de narración cinematográfica, capaz de conciliar el idealismo de Steve Rogers con la atormentada practicidad de Tony Stark, dos tipos que tienen razón pero que, como en todo periodo de crisis, llegan a un punto de fractura en el que la guerra es inevitable. Sin embargo, Capitán América: Civil War, a diferencia de la (por otro lado, algo infravalorada) Batman V. Superman, no se ahoga o agota reflexionando sobre su tarro de las esencias, sino que simplemente tira hacia delante deshaciendo nudos y encontrando otros nuevos. Bien es cierto que la conclusión se nos antoja más floja que el inicio y el desarrollo, pero aquí hay muchos frentes abiertos. La Guerra Civil ideada por Mark Millar en los cómics, casi en perfecta sincronía con la Guerra contra el Terror posterior al 11-S, está presente en la película, pero la de los Russo no orbita solamente en torno a ese reflejo alucinado y musculoso de la realidad.

A cambio ganamos un ejemplo casi redondo de cómo combinar y comprimir dos grandes arcos narrativos (el de Capitán América y el Soldado de Invierno, y el que cristaliza en la Guerra Civil) espoleados por otros microconflictos pertenecientes a media docena de caracteres, todos ellos a estas alturas perfectamente definidos, que actúan como preciosos afluentes integrados en ese río principal. En Civil War, incluso los peajes destinados a posibilitar futuras secuelas (el reclutamiento de Spiderman, la inserción de Pantera Negra...) dan la impresión de incorporarse de manera natural al filme, y el ejemplo más maravilloso de ello es la magistral secuencia de acción en el aeropuerto, que supone la reunión de varios héroes de otros filmes y por tanto requiere de varios minutos de construcción previa,y que cuando llega, lejos de adoptar un tono dramático o aparatoso, se convierte en diez minutos de auténtico regocijo y risas (hasta que, claro, algo ocurre...). No está mal para uno de esos blockbusters que muchos se conforman en despachar como aparatosos.

Todo ello los hermanos Russo lo hacen con una notable limpieza, logrando una película de acción constante y fluida, que rechaza grandes escenas de destrucción masiva para optar por una concatenación de escenas de acción más accesibles (atención a la colaboración en la segunda unidad de Chad Stahelski y David Leitch, responsables de la excelente John Wick) en las que la cinética y el movimiento de la cámara priman sobre el ejército de efectos digitales que posibilitan su ejecución. Dura, jovial, asombrosa, entrañable y engrasada, son todos ellos calificativos que le van como un guante a Capitán América: Civil War, película cuyos defectos (la escasa importancia del villano, la pérdida de garra del propio Capitán América en los pasajes finales) son casi irrelevantes dentro de semejante festival.

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