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Juan Manuel González

Crítica: 'Black Panther: Wakanda Forever', de Marvel

La segunda parte de Black Panther, Wakanda Forever, aspira a ser una de las películas más ambiciosas del universo Marvel.

La segunda parte de Black Panther, Wakanda Forever, aspira a ser una de las películas más ambiciosas del universo Marvel.
Black Panther Wakanda Forever | Disney

Black Panther: Wakanda Forever es una película con un alma perseverante. La segunda parte de Black Panther nace con un terrible escollo, la primera vez que sucede así en la factoría Marvel, que es lidiar con la prematura desaparición del actor Chadwick Boseman, que se encargaba de interpretar al superhéroe titular. En medio de homenajes al T'challa de ficción, y al Boseman real, los responsables de esta película de cierre de la Fase 4 de Marvel se ven obligados a sobrecargar de dignidad, todavía más, una franquicia que ya llegó en un momento de reivindicaciones raciales intensas.

Sabedor de la condición de emblema cultural de su película, el director Ryan Coogler va a por todas. Y como el púgil protagonista de Creed, una de sus películas anteriores, afronta su película con trascendencia, sabedor de que Black Panther se convirtió en un fenómeno social para muchos espectadores. Es, ciertamente, imposible de evitar subirse a ese carro. Pero es que a todo ello hay que sumar, claro, las necesidades narrativas de una película que se inserta en la mayor franquicia de obras interconectadas jamás realizada, la de los estudios Marvel, y por último las de toda secuela que se precie, que intenta continuar la acción de la primera siguiendo el modelo de la mítica El Imperio Contraataca: más caracterización, introducir nuevos personajes, división de las líneas narrativas y un claro deseo de resultar la mejor película posible.

Vamos a por ello: Wakanda Forever, película que se extiende a lo largo de más de dos horas y cuarenta minutos, nace por tanto sobrecargada. De ambición, de metraje, de hipotecas narrativas. En ciertos momentos produce cierta desazón ver cómo Coogler juega con entusiasmo con un material que al final se olvida de proporcionar la necesaria dosis de aventura escapista al espectador. Su argumento es de línea clara, nada que ver con las aptitudes como narrador del director ni el esfuerzo volcado en el texto. El cineasta está evidentemente dotado para visualizar con elegancia cualquier momento del guion, desde los dramáticos hasta los de pura acción, y desde luego de balancear el concepto de integración con la mayoría tal y como la viven los habitantes de Wakanda, todavía en el brete de si elegir unirse al mundo occidental o refugiarse de él (y al final encerrada en otra alianza igualmente tóxica).

Un concepto interesante que ya trató la primera película pero que aquí languidece huérfano de personajes interesantes, de verdadero heroísmo (o dinamismo), plagada y contaminada de afirmaciones y emblemas culturales (en este caso también la metáfora indigenista, la explotación cultural mesoazteca y la conquista de los españoles) de los que uno tampoco puede sacar afirmaciones claras una vez finalizada la película. A diferencia de Vengadores, a Wakanda Forever no le sienta particularmente bien su coralidad, que deriva en una apuesta por respetar el legado del Pantera Negra original apuntándose a otro elemento que más parece empujado por lo coyuntural: la necesidad (moral, pero también comercial) de crear heroínas femeninas. Al final, Black Panther 2 transurre con una corrección que nunca genera entusiasmo, sin que el carisma de sus actores (el de Letitia Wright, verdaderamente inexistente) pueda compensar lo tremendamente fácil de olvidar que es.

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