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Las listas negras de la Generalitat

Aumenta el interés a la historia reciente de Cataluña, cuyas mentiras hasta ahora han estado protegidas por el supuesto seny de Pujol.

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Companys. | Archivo

Una de las ventajas del proceso separatista catalán encabezado por la familia Pujol, Artur Mas y el partido Convergencia es que está atrayendo el interés de muchos españoles a la historia reciente de Cataluña, cuyos mitos y cuyas mentiras hasta ahora han estado protegidas por el supuesto seny de Pujol, ese sueño de estabilidad y responsabilidad de las elites madrileñas, y por izquierdistas desleales a España y a la clase obrera como Manuel Vázquez Montalbán.

Así ya se puede explicar, sin que nadie trate de callarte o de acusarte de vivir en el pasado, que Cataluña, sobre todo Barcelona y su comarca, fue uno de los lugares más violentos de España en el siglo XX, a la altura de Andalucía o Asturias.

General Emilio Mola

En la II República la violencia política se agravó porque se le unió la tecnología moderna, desde la radio y la propaganda al uso de las masas en las calles. El general Emilio Mola, que fue director general de Seguridad el último año de la Monarquía, se quejaba en sus memorias de que ni las leyes ni sus superiores le permitían intervenir las conferencias telefónicas de los sospechosos de conspirar contra el régimen. En el nuevo régimen, el mismo Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, cuenta varias veces en sus memorias, tanto en las originales robadas de su caja de seguridad de un banco por el Frente Popular en Madrid como en las reescritas posteriormente, que sabía que sus conservaciones telefónicas eran escuchadas, y no por Renovación Española ni por la Falange ni por los militares.

Eliminar incluso a gente de ERC

Con motivo de la toma del poder por el Frente Popular, Alcalá Zamora desvelaba que el PSOE había elaborado listas negras de funcionarios, sobre todo oficiales de la Guardia Civil:

El Partido Socialista, centralizando sus datos, posea un archivo efectivo, con lista negra bastante documentada.

En la Cataluña republicana, la violencia empezó a asomarse el mismo 14 de abril, cuando Francesc Macià y Lluís Companys irrumpieron en el Ayuntamiento de Barcelona invocando al pueblo. De Macià, teniente coronel del Ejército español y separatista, muerto en 1933, Cambó escribió en sus memorias:

Pronto se vio que, a través de él, mandaban unos energúmenos sin escrúpulos

El periodista Enrique de Angulo, que fue corresponsal del diario El Debate en Barcelona, escribió un excelente libro-reportaje sobre el golpe de Estado de la Generalitat de Companys, titulado Diez horas de Estat Català y reeditado hace unos pocos años. Al describir las atrocidades perpetradas por los matones de los partidos ERC y Estat Català el 6 de octubre de 1934 y los días previos, se encuentra este párrafo (pág. 71):

Es de suponer que todo ello (planes, documentos, mapas) fue reducido a cenizas en la hoguera que se hizo para destruir papeles y documentos. Quedó, sin embargo, la lista negra (sic), firmada por Miguel Badía, y en la que constaban los nombres de quiénes debían ser fusilados al día siguiente de triunfar la revuelta, allí donde se les encontrase, sin formación de causa y "haciéndoles sufrir un poco". Nombres de militantes de la Lliga, de radicales, de personalidades destacadas de Barcelona y de unos pocos periodistas, de elementos de la FAI… Figuraban, incluso, en la lista negra algunos afiliados a la Esquerra, poco afectos al Estat Català.

Como añade Cambó, que sabía de lo que hablaba, por la información que le pasaban los miembros de la Lliga,

Si en la madrugada del 7 de octubre la radio no hubiera anunciado por toda Cataluña la capitulación de la Generalidad, no hay duda ninguna de que aquel mismo día 7 se habría producido en toda Cataluña una San Bartolomé de propietarios y de sacerdotes probablemente más salvaje aún, más sanguinaria todavía que la de julio del año 36.

La chusma separatista catalana sólo fue contenida un año y medio, debido a la disolución de las Cortes por Alcalá Zamora (que reconoce que votó la lista del Frente Popular). Cambó era uno de los personajes más detestados por ese sector, y así lo comprobó el político conservador.

El día del escrutinio (de las elecciones de febrero de 1936), en el cual me hacían el favor de dejarme sin acta, se organiza una manifestación que, al deshacerse, va a la Layetana y al pasar por delante de mi casa empieza el griterío con las voces de "mori Cambó". Si en aquellos momentos unos hombres valerosos hubieran reventado la puerta y subiendo a mi casa me tiran por el balcón, seguramente aquel día se hubiera iniciado la revolución salvaje que se produjo el 19 de julio.

Periodistas desafectos a la patria

Esta mala costumbre de las listas negras, propia de golpistas y de totalitarios que se preparan para limpiar su paraíso manchado de traidores o renegados, se ha mantenido en la democracia.

Por ejemplo, en los años 90, la Generalitat presidida por Jordi Pujol encargó informes sobre la orientación política de los periodistas de TV3, Catalunya Radio y diversas emisoras locales. Los comentarios eran como éste: "Actúa como quintacolumnista, colaboracionista y traidor"; sólo falta la sentencia. En 2013, el Consejo Audivisual de Cataluña elaboró otra lista de periodistas españoles de fuera de Cataluña que escribían o decían cosas que molestaban a los oídos de los consejeros. Y recientemente, ABC ha publicado que la Generalitat y la ANC disponen de una lista de malos catalanes.

Hace 80 años, los miembros de la Lliga apuntados en las listas negras de Companys y Dencás y que sobrevivieron a la visita de los sicarios de éstos en el verano de 1936 se unieron a los militares sublevados, empezando por el propio Francesc Cambó.

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