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Valsequillo, la batalla más desconocida de la Guerra Civil

La ofensiva terrestre comenzó la víspera del día de Reyes Magos. En ella participaron 92.000 republicanos con 40 carros, frente a 68.000 nacionales.

La ofensiva terrestre comenzó la víspera del día de Reyes Magos. En ella participaron 92.000 republicanos con 40 carros, frente a 68.000 nacionales.
Soldados nacionales cruzando un puente en Córdoba de Peñarroya | Cordon Press

Si está pensando en comprar un libro sobre la Guerra Civil Española y duda de su calidad, le sugiero, amigo lector, que busque si menciona la batalla de Valsequillo, también llamada de Peñarroya. Si aparece, el libro está documentado. Porque esa batalla, librada en enero de 1939 en el frente de Córdoba, es la más desconocida del conflicto. En ella, el Ejército Popular conquistó la mayor extensión de terreno de la guerra, aunque como todas las anteriores ofensivas, las de Brunete, Belchite, La Granja, Teruel o el Ebro, terminara en fracaso.

Franco, siempre adelante

Después de la conclusión de la batalla del Ebro, a mediados de noviembre de 1938, quedó claro que el Frente Popular había sido derrotado. Y los dos gobiernos enfrentados tomaron decisiones distintas.

El presidente del Gobierno, el socialista Juan Negrín, ya solo confiaba en una dudosa intervención extranjera para llegar a un armisticio y una negociación. Era un sueño. Porque a principios de año, en una situación militar no tan pésima, las gestiones de otro socialista, Indalecio Prieto, para implicar a Londres en la guerra a cambio de Cartagena, Mahón y Vigo habían fracasado. Además, el general Franco se había comprometido en octubre con los gobiernos británico y francés, que reconocían al Frente Popular, a ser neutral en caso de una guerra europea.

Por su parte, Franco, jefe del Estado de la España nacional, establecido en Burgos, mantuvo una de las líneas maestras de su estrategia aplicada desde el principio de la sublevación: no detenerse nunca, conservar la iniciativa y poner al enemigo a la defensiva. Por ello, su siguiente paso consistió, no en reanudar la marcha hacia Valencia, sino en dirigir sus fuerzas hacia Barcelona, aprovechando la desmoralización y el caos provocado en Cataluña por la derrota en el Ebro.

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El general José Solchaga

Tan pronto como el 26 de noviembre, fijó Franco la fecha de comienzo de la ofensiva de Cataluña para el 10 de diciembre; pero debió aplazarse al 23 debido a las lluvias y el mal tiempo, que impidieron el movimiento de camiones y el vuelo de aviones. Según el orden de batalla, seis cuerpos de ejército, mandados por los generales Solchaga, Yagüe, Moscardó, García Valiño, Muñoz Grandes y Gambara (italiano), en total 260.000 militares, atacarían de manera coordinada a lo largo de los ríos Segre y Ebro.

Enfrente, el Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO), mandado por el general Juan Hernández Saravia, íntimo de Manuel Azaña, y con el teniente general Vicente Rojo, también residente en Barcelona, como jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra. El GERO tenía unos 300.000 soldados; pero de una calidad muy inferior. Manuel Tagüeña reconoce que los nuevos reclutas carecían de moral de combate. Además, la diferencia en aviación era de 5 a 3 aviones a favor de los nacionales, al igual que la artillería, que era superior en un tercio.

Entre las primeras bajas de la operación, se encontró el soldado Mateo Pérez-Castejón, encuadrado en la XV Bandera de la Legión, y herido en el frente del Segre el 29 de diciembre.

Sabotaje de los mandos republicanos

Rojo, que al inicio de la guerra solo tenía el grado de comandante de Estado Mayor, trató de oponerse a la oleada mediante la construcción de cuatro líneas defensivas, las cuales fueron superadas una por una, y, a la vez, mediante una batalla de distracción en un teatro secundario, para la que actualizó el Plan P, elaborado por él mismo en 1937. La finalidad de este consistía en atacar el punto más estrecho del flanco occidental de la línea del frente nacional, entre las provincias de Córdoba y Badajoz para alcanzar la frontera portuguesa y cortar la zona nacionalista.

El nuevo plan incluía un desembarco anfibio en Motril y el bombardeo naval de Málaga, ya que la República mantenía la cercana base de Cartagena. El general Miaja, jefe del Grupo de Ejércitos de la Región Central desde abril de 1938, prosiguió su boicoteo a las órdenes superiores y convenció al almirante Miguel Buiza de que hiciera lo mismo. La flota roja (formada por tres cruceros, ocho destructores y un submarino) solo saldría de Cartagena el 5 de marzo para rendirse a los franceses en Bizerta. Buiza iba a bordo. También ese día, Miaja aceptaría presidir el Consejo Nacional de Defensa, contra el gobierno de Negrín.

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Vecinos de una localidad entre Sevilla y Córdoba recibiendo a los rebeldes

Por tanto, no se produjo el desembarco. Y la ofensiva terrestre, que comenzó la víspera del día de Reyes Magos, se redujo a un ataque limitado en el sector de Peñarroya (Córdoba), ejecutado por cuatro cuerpos de ejército y dirigido por el general Antonio Escobar, jefe del Ejército de Extremadura, quien, como coronel de la Guardia Civil en julio de 1936, aplastó a los rebeldes en Barcelona.

En la batalla participaron 92.000 militares republicanos, con 40 carros, frente a 68.000 hombres del Ejército Nacional. Y aunque al principio las tropas republicanas hicieron retroceder a las fuerzas de los generales Queipo de Llano, jefe del Ejército del Sur, y García Escámez, y conquistaron alrededor de 500 kilómetros cuadrados de territorio, no cumplieron el objetivo de Rojo, que era paralizar la ofensiva en Cataluña.

En este teatro de operaciones, Franco aplicó otro de sus métodos, rubricado por el éxito, que se resume en dejar que el ataque se agotara ante unas tropas inferiores en número, pero clavadas en sus posiciones y rebosantes de moral y combatividad. A medida que el enemigo se desgastaba, el Generalísimo mandaba refuerzos, que luego contraatacaban y devolvían a aquel a sus posiciones originales. Resultó clave en esta batalla la resistencia nacionalista en la Sierra Trapera, en el municipio de Valsequillo.

El 14 de enero los nacionales frenaron al enemigo y el día 17 respondieron, usando incluso la caballería. A partir de entonces, las deserciones se dispararon entre las unidades republicanas. Escobar no recibió refuerzos ni de Miaja ni del coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro. Las unidades de Queipo recuperaron Fuente Ovejuna el 25 y el 27 cerraron el frente roto.

Avance en Cataluña

Mientras tanto, en Cataluña seguían el avance nacional y el derrumbamiento republicano. El propio Rojo reconoció que "faltaba el apoyo y la colaboración de nuestra retaguardia".

En cuanto el tiempo mejoró, la aviación franquista bombardeó casi a diario las posiciones y las ciudades. El 3 de enero, el Cuerpo de Ejército Marroquí mandado por Yagüe cruzó el Ebro, ocupó Ascó y se unió al avance, a lo largo de la costa. El día 9, el Gobierno de Negrín movilizó quintas de adolescentes, de los nacidos entre 1922 y 1924. El 15 de enero cayeron Reus y Tarragona. El 18, el Gobierno social-comunista proclamó el estado de guerra.

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Entrada de Franco en 1939 en Barcelona

El 23 los políticos, mandos militares y altos funcionarios evacuaron Barcelona, dejando atrás a la hambrienta población civil, a la que habían aterrorizado con su propaganda. Y el 26 entraron las tropas de Franco en la ciudad, en medio del mayor entusiasmo. Se rasgaron senyeras para elaborar banderas rojigualdas; se suministró alimentos a los civiles; y en unas pocas horas, se reanudó el servicio eléctrico.

En esas semanas de retirada, los comunistas y los matones de la Generalidad de Companys no frenaron sus ansias asesinas. Antes de huir a Francia, los milicianos fusilaron en el Collel (Gerona) a una cuarentena de prisioneros indefensos.

Requetés catalanes en Extremadura

Una de las unidades que Franco destinó a Extremadura fue el Tercio de Montserrat, formado por catalanes carlistas de demostrado valor. Estos tomaron Valsequillo y luego se les trasladó a Navalmoral de la Mata. Participaron en la ofensiva final, después del golpe de Casado contra Negrín y los comunistas, en marzo, pero no en la liberación de su tierra. El Tercio de Montserrat participó en el Desfile de la Victoria en Madrid, celebrado el 19 de mayo y, ya en la paz, entró en Barcelona el 30 de julio.

La batalla de Valsequillo concluyó oficialmente el 4 de febrero, cuando al otro extremo de la Península la 4ª División del Cuerpo de Ejército de Navarra tomaba Gerona. El saldo de la última ofensiva del Ejército Popular ascendió a unas 12.000 bajas para el bando nacionalista y una cifra que podría ser el triple para el republicano, según explica Miguel Platón en su último libro, Por qué Franco ganó la guerra (JdeJ Editores).

Ese mismo día se iniciaron las conversaciones entre los mandos nacionales en Mallorca, sobre todo el capitán de fragata Fernando Sartorius, y el capitán de corbeta Luis González de Ubieta, comandante militar republicano de Menorca para la rendición de esta isla. El 9 de febrero, con la colaboración británica, Menorca pasaba a la España nacionalista, y el 10 el cuartel general del Generalísimo daba por concluida la liberación de Cataluña.

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