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Madrid, campo de batalla

La Guerra Civil concluyó en marzo de 1939 con el alzamiento de parte del Ejército y el respaldo de varios partidos políticos contra un Gobierno revolucionario. Así fueron los últimos días en Madrid.

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Barricada en Madrid. | Cordon Press

El Consejo Nacional de Defensa se instaló en el Ministerio de Hacienda, junto a Sol, y su estado Mayor en la Posición Jaca, en el Parque del Capricho. También se incautó de todos los periódicos que se editaban en Madrid para difundir su mensaje sin oposición, pero la situación militar en la capital era muy inestable. Quizás los sublevados el 5 de marzo de hace 80 años se habían metido ellos mismos en una ratonera.

El jefe de los carabineros organizó doce batallones que distribuyó por Nuevos Ministerios, Chamartín, El Viso, Salamanca, Chamberí, Castellana y las calles de Arenal, Alcalá y Mayor. Casado ordenó la defensa de los Ministerios de Gobernación, Guerra, Marina y Hacienda y los edificios de la Telefónica, el Banco de España, Correos y la checa de Bellas Artes. Y el teniente coronel anarquista Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de Ejército, ordenó venir a la capital unidades de Guadalajara, Valencia y hasta de Extremadura.

Los comunistas disponían de numerosas tropas dentro de Madrid (frente de la Casa de Campo) y alrededor de ella (Aranjuez, Alcalá de Henares, Ocaña, Villarejo de Salvanés…), y contraatacaron. Las operaciones las dirigió Vicente Pertegaz, jefe la 9 División. Para narrarlas recurrimos al libro de Manuel Aguilera Compañeros y camaradas (Actas).

Lunes 6 de marzo

2.000 hombres ocupan sin resistencia el pueblo de Fuencarral, Cuatro Caminos, la calle del general Oraá, donde está la sede de las Juventudes Socialistas Unificadas, varios tramos de la calle de Serrano y Alcalá (entre las plazas de Cibeles y de la Independencia) y la plaza de Colón. Se entablan los primeros combates en Nuevos Ministerios, donde un batallón se pasa a los comunistas. Atacan el Ministerio de la Guerra desde la calle de Prim y la Telefónica de Gran Vía.

Las unidades que salen de Alcalá de Henares ocupan Torrejón de Ardoz, se les unen más ‘pasados’ y se aproximan a la Posición Jaca sin haber disparado un tiro.

A pesar de los buenos augurios, Negrín y los jerarcas rojos huyen de España, hecho que ha animado la búsqueda de conspiraciones: Stalin abandona a los antifascistas españoles para prepararse para la guerra europea y el pacto con la Alemania nazi, pero quedando como los últimos defensores de la II República.

Martes 7 de enero

De madrugada se cerca la Posición Jaca, de la que tienen que huir Mera y sus oficiales a uña de caballo. La mayoría de los militares anarquistas es capturada y traslada al Pardo. Las tropas comunistas de Alcalá prosiguen su avance hasta que topan con ligera resistencia en la calle de Arturo Soria. Llegan hasta la plaza de toros de las Ventas y se dividen; la columna más nutrida se dirige a Cibeles.

Otro jefe comunista, el despiadado Fernández Cortinas, sale de la plaza de España con cinco compañías y tanques con el objetivo de tomar la plaza del Obelisco (Glorieta de Gregorio Marañón). Por el camino, los casadistas con los que topan en San Bernardo y Santa Engracia se les rinden o chaquetean.

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Van tomando uno a uno los edificios: la Agrupación Socialista Madrileña, el Estado mayor de la 7 División y el Gobierno Civil. También atacan desde el sur las posiciones de las tropas obedientes al Consejo que combaten en Nuevos Ministerios. Cortinas ordena ejecuciones y asesina personalmente a un socialista. También se toma el local de Unión Radio, en la calle de Martínez de la Rosa, gracias a que los soldados que lo protegían se les unen.

Otras unidades comunistas ocupan Vallecas, Vicálvaro, el Retiro, el Palacio Nacional, las plazas de Manuel Becerra, Ópera y Antón Martín. Los prisioneros rondan los 1.500, pero los casadistas también hacen prisioneros, algunos de los cuales son encerrados en la cheka de Bellas Artes y en los sótanos del Ministerio de Hacienda.

Después de escapar de la Posición Jaca, Mera se instala en el Ministerio de Marina (actual Museo Naval) y ordena al coronel socialista Liberino González que marche con las unidades de reserva de Guadalajara a Madrid. Los miembros del Consejo temen la derrota y su fusilamiento. A través de sus contactos con el Servicio de Información y Policía Militar franquista que dirige el coronel Ungría, Casado suplica a los nacionales que ataquen por el Parque del Oeste, Hospital y Carabanchel.

Miércoles 8 de marzo

El ataque se realiza en la Casa de Campo, guarnecido por los comunistas, pero éstos lo saben gracias a un pasado, el teniente coronel Ramón Lloro, y causan 300 bajas a los nacionales. A pesar del fracaso, el Consejo gana tiempo. La aviación republicana bombardea a los comunistas en Ciudad Lineal y Ventas.

Fernández Cortinas rechaza un ataque en la plaza del Obelisco y planea un contraataque contra la sede de la 2 División de Asalto, en Velázquez. Para envolver el edificio, envía una columna por Serrano hacia el norte y otra al sur, a Colón. La presencia de ésta hizo creer a muchos asilados en las embajadas y derechistas que habían entrado en la ciudad los nacionales. El comunista José Parra, que la manda, hace tirotear y matar a varios de estos desgraciados. Los guardias de Asalto se rinden sin ofrecer resistencia.

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Otras fuerzas comunistas toman Correos en Cibeles, pero no pueden avanzar porque les disparan desde el Banco de España y el Ministerio de la Guerra (Palacio de Buenavista). Los rojos colocan cañones en los arcos de la Puerta de Alcalá y disparan contra el Ministerio de Hacienda.

El coronel Liberino González sigue avanzando por la carretera de Zaragoza hacia Madrid y pasa por Torrejón de Ardoz.

Jueves 9 de marzo

La batalla empieza a cambiar de signo. Las incursiones de los rojos desde el Retiro y Colón hacia Cibeles y el Ministerio de Hacienda son rechazadas.

Para acabar con el Consejo, los comunistas penetran en el alcantarillado y colocan una mina bajo Hacienda, pero no la detonan porque habían comenzado contactos para detener la batalla.

El teniente coronel Zulueta, obediente a Casado, ataca la Plaza de Obelisco. Aunque el ataque fracasa, Cortina fusila en represalia a once oficiales del SIM.

El coronel de Asalto Armando Álvarez reorganiza las unidades casadistas y elabora un plan de operaciones. Los comunistas tienen que dividir sus tropas ante la aproximación de enemigos por el este. Después de un combate con fuego de mortero y ametralladoras, Liborio González cruza el río Jarama. Las unidades de éste también son atacadas desde el norte por tropas del I Cuerpo mandadas por el coronel Barceló.

A lo largo del día, caen o se abandonan la Posición Jaca, el Gobierno Civil y Unión Radio.

Se extiende el derrotismo. Varios jefes comunistas, como el coronel Antonio Ortega, jefe del III Cuerpo de Ejército, Palmiro Togliatti y los miembros de la dirección del PCE en Valencia, sostienen que la resistencia es inútil al haber abandonado España el Gobierno de Negrín.

Viernes 10 de marzo

La resistencia comunista, dirigida por Cortina, se mantiene: se rechaza un ataque en el Paseo de la Castellana hecho por una brigada que subió desde Pacífico y se reconquista el Gobierno Civil. Los jefes rojos se reparten por los puntos de resistencia: El Pardo, Nuevos Ministerios, Fuencarral, Ciudad Lineal…

Mientras tanto, las fuerzas que vienen de Guadalajara y Valencia cierran el anillo en torno a los comunistas. Se ocupan Paracuellos y Vicálvaro. Los soldados de estas unidades se ponen un brazalete blanco para distinguirse de los comunistas.

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Un hecho crucial es el enlace en la zona de Pacífico y la Avenida de Barcelona. entre las tropas de Álvarez, que desde el centro de Madrid extienden sus líneas, y los refuerzos exteriores. Unidas ambas columnas, toman Atocha y la sede del Comité Provincial del PCE, en el edificio de la Bolsa. Algunos comunistas huyen por el alcantarillado al Retiro.

En el Pardo, los rojos fusilan varios de los prisioneros de alta graduación hechos en la Posición Jaca; es decir, anarquistas.

Sábado 11 de marzo

Liberino González, instigado por Casado, concentra sus ataques en el norte de Madrid, para cortar los enlaces entre los Cuerpos I y II y aislar a los comunistas en Ciudad Lineal y Nuevos Ministerios. Por la mañana, después de un bombardeo aéreo, las tropas de González toman Chamartín, Fuencarral y Hortaleza. En la batalla mueren cerca de 40 personas.

Los comunistas se encuentran encajonados entre las tropas del Consejo y los refuerzos que llegan desde el norte, el sur y el este. Las líneas de defensa en Fuencarral, Chamartín de la Rosa y Ciudad Lineal caen y muchos milicianos comunistas desertan.

Cuando Cortinas vuelve a su puesto de mando en Ventas se encuentra con varios oficiales de la 83ª brigada anarquista que quieren detenerle. El oficial comunista los mata.

Los casadistas conquistan Ventas y Manuel Becerra y avanzan por la calle de Alcalá hacia el centro. Los comunistas se parapetan en la Puerta de Alcalá, que es cañoneada, y después se retiran al norte, hacia Nuevos Ministerios. Sus perseguidores encuentran la Glorieta de Gregorio Marañón desierta.

En el Pardo se reúnen esa noche los jefes comunistas. Reconocen que no pueden resistir y ofrecen la rendición, que el Consejo rechaza hasta que no depongan las armas y liberen a los prisioneros.

Domingo 12 de marzo

La resistencia comunista en Fuencarral es desbaratada por la artillería de Liberino González. Los supervivientes huyen hacia la sierra. En Nuevos Ministerios queda un foco de resistencia que se rinde por la tarde en cuanto los casadistas alinean cinco cañones ante el edificio. Los últimos disparos se hacen en el barrio de Salamanca. En la calle de Claudio Coello aparecen esa mañana cinco hombres fusilados, quizás comunistas.

El coronel Ortega negoció la rendición de los comunistas con el Consejo y sólo exigió a cambio que prosiguiera la resistencia contra los ‘facciosos’ y sus aliados. Al día siguiente, todas las fuerzas obedientes a Casado volvieron a sus posiciones antes del golpe. La quinta columna anunció a Franco que Casado estaba dispuesto a volar a Burgos.

Casi 250 muertos en Madrid

Las bajas producidas en esta semana en Madrid las calculó el historiador Ramón Salas Larrazábal en 233 muertos y 564 heridos. El último recuento lo ha hecho Aguilera y confirma el de Salas y lo eleva ligeramente: 237 muertos inscritos en el Registro Civil y seis más que no aparecen; en total 243. El bajo número de heridos en relación con los muertos, que ya llamó la atención a Salas, se explica porque los dos bandos mataron a varios heridos ingresados en los hospitales.

El día más violento fue el 11, en que se registraron 78 muertes. Y el distrito de Buenavista, hoy Salamanca, donde se produjeron más muertes: 58. Este distrito fue uno de los que menos sufrió los bombardeos enemigos, pero en cambio figura entre los que más se cebaron las chekas y la represión del Frente Popular.

El 12 de abril de 1931, en Buenavista habían ganado las listas de la conjunción republicano-socialistas en las elecciones municipales que pusieron en marcha el proceso que condujo dos días después a la huida de Alfonso XIII y cinco años después a la guerra civil.

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