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La biblioteca de Luis Alberto de Cuenca

¡Por sus libros los conoceréis! Recorremos con sus "guardianes" las mejores bibliotecas de España. Las más envidiadas, secretas, inimaginables...

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¡Por sus libros los conoceréis! O eso pretendemos. Una nueva puerta se abre para los lectores de Libertad Digital, la puerta a las galerías ocultas de las bibliotecas personales más envidiadas, secretas, inimaginables... Los tesoros, las colecciones, las piezas únicas, sus historias, las clasificaciones maniáticas... Esos rincones privados, sombríos, luminosos, fantásticos, que habitan y han configurado la mente y la personalidad, en definitiva, la herencia, de nuestros escritores, periodistas, filósofos o poetas vivos. Acomódate y enciende la lámpara de tu mesita auxiliar. ¿Te animas a viajar?

Primera biblioteca: Luis Alberto de Cuenca

Empezamos con el colaborador de esRadio Luis Alberto de Cuenca. Filólogo, poeta, traductor, ensayista, columnista, crítico, experto en cómics. Sus cargos públicos también han sido notables, secretario de Estado de Cultura o director de la Biblioteca Nacional. La faceta menos conocida del intelectual es la de ser uno de los mayores coleccionistas de libros de España.

Sus joyas

"La poesía la tengo en la terraza o los libros de historia en mi dormitorio, una locura" afirma el autor. Confiesa que "no sabe cuántos tiene. Están sin informatizar". De Cuenca organiza los libros, "como en la Biblioteca Nacional", es decir, "por talla".

En su biblioteca personal se pueden encontrar joyas como la primera edición de Drácula de Bram Stoker, la primera edición inglesa de El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr Hyde, de Robert Louis Stevenson.

Además de la larga lista de ejemplares y cómics posee una extensa colección de recuerdos, objetos del arte clásico y miniaturas de la cultura pop, que están estratégicamente colocadas en su biblioteca, y en todos los rincones de su casa. "A mí me gusta coleccionar y eso es muy friki, pero tampoco es malo ser friki", bromea Luis Alberto.

Adéntrate en estos jardines de senderos que se bifurcan. Sí, la frase es del mayor bibliófilo, Jorge Luis Borges.

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